Sexo duro (4 de 4) Versión no definitiva

La historia hasta ahora: Elisa es violada en el garaje de su casa por un desconocido. Tras un juicio en el que todas las pruebas dejaban ver que era una denuncia falsa y que había sido sexo consentido, no fue de extrañar que el tribunal dictara sentencia a favor del demandado.

Lo que si la cogió un poco de sorpresa fue la querella que le interpuso su agresor por difamación. Si duro fue verse cuestionada cuando afirmaba haber sido violada, ser tratada como una vulgar mentirosa fue aún más cruel. Todavía resuenan en sus oídos el alegato final del abogado de su atacante.

—Como ya es conocido por todos los que intervenimos en este proceso, los hechos encausados están referidos al delito de acusación y denuncia falsa por parte de la Sra. Elisa Espejo De La Herranz a mi defendido el Sr. Samuel Ballesteros López. Consistiendo dicha denuncia falsa en la acusación del delito de violación.

»Honorable Tribunal yo no tengo la menor duda de que el Sr. Samuel Ballesteros López mantuvo relaciones con la Sra Elisa Espejo De La Herranz en el garaje de su edificio. Relaciones que ocurrieron con la acusada amordazada y simulando sometimiento por parte de mi defendido. Relaciones que fueron consensuadas entre el Sr. Ballesteros y la Sra. Espejo como ha quedado demostrado según las pruebas aportadas por la defensa a este Tribunal.

« A este Tribunal le corresponde valorar las consecuencias que dicha denuncia falsa ha tenido para mi defendido. La acusación por violación no solo ha supuesto un revés en la vida laboral de mi defendido, quien  no ha vuelto a ser contratado por la empresa en la que realizaba los servicios de vigilancia, sino que tras conocerse los hechos aquí relatados, su mujer se separó de él y ahora mismo se encuentran tramitando el divorcio.

»Le corresponde a este Honorable Tribunal determinar si la señora Elisa Espejo De la Herranz ha violado la ley y ha caído en el delito de acusación y denuncia falsa.

Tras aquello, la causa quedó vista para sentencia. Una sentencia que no la ha dejado ni dormir y la ha tenido todo el tiempo con los nervios a flor de piel.

Desde que comenzó a vivir este infierno y, aunque sus padres no han dejado de apoyarla en todo momento, quien se está comportando con ella de un modo encomiable es su marido. Aunque no han reanudado su relación sentimental, sí han decidido dejar paralizado los papeles del divorcio. Él es quien se está haciendo cargo de la empresa en este momento tan difícil. Él es quien la acompaña hoy al juzgado para escuchar la sentencia. Sin su apoyo y ayuda inestimable, este camino hubiera sido aún más abrupto.

Tal como esperaba, el juez dictamina un veredicto que no le es favorable. No solo tendrá que compensar a su agresor con la cuantiosa cantidad que ha solicitado la defensa, sino que ha sido condenada a dos años de cárcel. No deberá ingresar en prisión, pues el juez, a ser su primer delito y supeditada su decisión al abono de la indemnización convenida, ha sustituido la pena por una multa y una serie de trabajos comunitarios.

Tras oír una sentencia que dejó su reputación por los suelos, sus esperanzas de volver a tener una vida normal se han apagado como la luz de una vela en medio de una tormenta.

Nunca creyó mucho en la Justicia, siempre pensó que era un juego donde las argucias de los participantes más pudientes conseguían nivelar la balanza a su favor. Siempre fue de la firme convicción que ni todo el que pagaba por un delito era culpable, ni todos los culpables pagaban por sus delitos. Sin embargo, esto que le ha ocurrido a ella, supera con creces cualquier artimaña legal que ella pudiera haber elucubrado.

Le gustaría imaginar que una mejor Policía especialista en delitos informáticos, su agresor no se habría salido con la suya. Pero el muy cabrón lo tenía todo tan metódicamente planeado, que todas las pruebas la señalaban a ella.  Puede que incluso la escogiera de victima porque sabía que con su nivel económico, podría hacer frente al montante solicitado por su abogado sin demasiados problemas.

Antes de salir de la sala le vuelve a dedicar una mirada a Samuel y sigue sin ver en él al monstruo que realmente es. Es más, hay cierta nobleza en su mirada que podría engañar al más pintado. Cualquiera en su situación estaría eufórico, él se limita a mostrar una leve sonrisa de satisfacción, haciéndole creer a los que le rodean que todo esto ha sido un calvario para él y que se encuentra aliviado porque haya concluido por fin.

La crueldad y frialdad con la que ha actuado aquel individuo con ella, es algo a lo que no está acostumbrada. La humillación pública y privada a la que la ha sometido es algo con lo que tendrá que aprender a vivir. Menos mal que para este nuevo viaje cuenta con la ayuda incondicional de Enrique, su marido. No sabe si volverá a restablecer su relación sentimental con él, pero sabe que es un amigo con el que siempre podrá contar. A pesar de los muchos problemas que tuvieron, su ruptura se limitó al fin de la convivencia y la amistad entre ellos, con ciertos matices, se siguió manteniendo. Le gustaría pensar en él como algo más, pero su terapeuta insiste en que todavía es muy pronto para ello.

Enrique echa un brazo sobre su mujer o su ex (él no sabe cómo llamarla porque, aunque están separados, no han llegado a divorciarse). No dice una palabra, pero con su gesto le hace saber a Elisa que puede contar con él para todo lo que necesite.

Él la ama desde que la conoció en la Universidad, fue verla por primera vez y supo que era la mujer de su vida. Ni su carácter más extrovertido de lo que a él le hubiera gustado, ni su aparente independencia, ni su rebeldía ante todos los convencionalismos, le hicieron desistir en su empeño y aunque para ella, él comenzó siendo uno más en la larga lista de los chicos con los que había salido, su pertinacia consiguió que llegara a mirarlo de un modo bien distinto.

Sueños compartidos y proyectos comunes dejó entrar la amistad y la confianza en una relación que comenzó con simple sexo ocasional. En tres meses les presentó a sus padres, en seis meses se podía decir que eran novios formales. Palabra que a Elisa no le gustaba nada, pues decía que “novios” solo se era el día de la boda.

Lo de casarse fue más por contentar a la familia y a él, que porque ella lo deseara. El matrimonio nunca fue nada que entrara en los planes de futuro de la mujer de su vida. Ella siempre había sido de la opinión de que para que dos personas se quisieran y se llevaran bien dentro de una relación de pareja, no hacía falta firmar ningún papel que les recordara que tenían un compromiso.

El primer año de casados con un proyecto empresarial en común y con la energía que da despertarse al lado de la persona que se ama, fue maravilloso para Enrique. Sin embargo, la felicidad que él buscaba estaba lejos de cumplirse, pues tenía que decir que asentir ante muchas cosas que él aborrecía.

Aborrecía ser un segundón en la empresa que compartían. Aunque se suponía que eran iguales, el socio capitalista mayoritario era su padre y prefería al frente de su dinero a su hija, mil veces antes que a él.

Aborrecía que se lo discutiera todo y nunca lo apoyara en sus proyectos.  Cuestionando de manera vehemente cada una de sus propuestas, como si la única capaz de tener ideas brillantes fuera ella.

Aborrecía que con lo puta que había sido (y seguía siendo), no se comportara como tal en la cama y, aunque lo hacía disfrutar como un poseso, se comportara de manera remilgada cuando le proponía practicar el sexo anal.

Aborrecía que tomara sus propias decisiones y no le consultara su parecer en temas que él consideraba importantes dentro de la pareja.

Aborrecía que se mostrará independiente, que quedara con sus amigas para salir a cenar, tomar un café o irse de copas. Él no entendía su filosofía de contemplar su vida en común como algo diferente a la vida de cada uno en particular.

Fueron tantas las cosas que terminó aborreciendo de ella que la balanza se terminó decantando hacia el lado negativo de la relación. Donde antes había visto la mujer más hermosa e inteligente del mundo, ahora veía a alguien con quien, si seguía comportándose de ese modo, nunca llegaría ser feliz.

La única solución que contempló es que ella cambiara y se adaptara a sus designios. Algo lógico en el mundo bajo su prisma particular, un mundo donde las mujeres debían permanecer bajo la sombra de su marido y no, como quería Elisa, brillar con luz propia.

Al principio sus intentos por hacer que el amor de su vida actuara  del modo que él creía conveniente fueron muy sutiles, pero no pasaron desapercibidos para Elisa, quien, al contrario  de lo que él esperaba que hiciera, se rebeló más aún ante sus imposiciones, con lo que la convivencia pasó a convertirse en un mar de discusiones constantes.

Paulatinamente los buenos ratos que compartían fueron menguando, quedando eclipsados por los momentos en que preferían no estar juntos.  Inevitablemente aquello propició que su relación fuera deteriorándose, hasta el punto que ambos llegaron a  la conclusión de que lo mejor  sería una separación. Amistosa, pero separación al fin y al cabo.

En un principio Enrique pensó que aquello sería algo pasajero, que Elisa rectificaría en su actitud y comprendería que su destino en la vida pasaba por estar que junto a él. Por eso ni nunca le devolvió la llave del piso que compartían, ni nunca se terminó de llevar todos sus objetos personales.

Sin embargo las cosas no ocurrieron como él esperaba, es más, daba la sensación de que estuviera empeñada en pasar página y volvió a su antigua vida, comenzó a frecuentar los locales nocturnos de moda, tal  como si fuera una jovencita hambrienta de carne fresca.

Le encolerizaba pensar que otras manos pudieran estar tocando el cuerpo que un día consideró de su propiedad. Aunque tenía claro que, tras la separación, ella era libre para hacer con su vida lo que quisiera, él no podía evitar sentir que le estaba siendo infiel.

Su obsesión por ella se volvió tan enfermiza que un día, en el que sabía que estaba fuera de la ciudad por motivos de trabajo, instaló un circuito de micro cámaras en su casa. Una en cada una de las habitaciones y dos en el dormitorio.  Fue como si la necesidad de tenerla controlada fuera mayor que el temor a ser descubierto cometiendo un delito.

Los meses siguientes se convirtieron en una verdadera tortura. La chica que conoció en la universidad, esa a quien los hombres le duraban lo justo y necesario para disfrutar del sexo, volvió a salir a la superficie. Con un físico y una personalidad como la suya le era fácil seducir a los hombres, quienes sucumbían ante sus encantos para después ser tratados como putos Kleenex.

Una situación que, además de dura de roer, se hacía también de lo más incomprensible. Para él, en las oraciones que intervenía el verbo follar, el hombre siempre era el sujeto activo, la mujer el objeto pasivo y, además, le era imposible entender que pudiera ser de otra forma.

Descubrió que cuando no tenía tiempo ni ganas de salir, usaba una red de citas para          quedar con desconocidos. Como no estaba dispuesto a no conocer esa parte de la vida de Elisa, decidió “hackear” su ordenador personal. Algo que le llevó bastante tiempo, pues, si no quería ser detectado, lo debería hacer de un modo muy sutil y sin despertar ningún tipo de sospechas.

Conocer los detalles de las conversaciones de la que fuera su mujer con otros hombres, no hizo más que encolerizarlo. Tenía la sensación de que, en el momento que se separó de él, se había desprendido de un lastre. Una carga incomoda que le había impedido vivir su vida como realmente ella habría querido.

Unos tres meses después de su ruptura quedó con él para comprarle su parte de la empresa, aquel día tuvo claro que su relación no volvería a restablecerse. A partir de ese momento fue cuando comenzó a maquinar el plan que la haría volver rendida a sus pies.

Era obvio que en los negocios le iba estupendamente, por eso tenía tanto tiempo para estar puteando por ahí. Así que lo primero que hizo fue mandar un correo anónimo a sus principales clientes especificando unos errores que contenía el programa. Un “huevo de Pascua” que él había introducido en su momento a espaldas de su cónyuge y con él se garantizaba una pequeña venganza el día que, como había sucedido, la familia Espejo, decidiera prescindir de él profesionalmente.

Esta artimaña, para su pesar, no tuvo el éxito esperado. Ni todos los clientes tenían los medios para comprobar esos errores, ni todos prestaron atención a un correo anónimo. Aun así, los softwares que comercializaban   comenzaron a sufrir un descredito constante que llevó a que cada vez menos empresas confiaran en sus productos. Algo que no llevó a la ruina a la empresa de manera fulminante, pero que podía hacerlo de manera escalonada. Un largo plazo que él no estaba dispuesto a esperar bajo ningún concepto.

Al contrario de lo que él supuso, los problemas con su negocio no consiguieron doblegar las ganas de vivir de Elisa y prosiguió con su vida díscola de mujer soltera.

Fue entonces cuando se le ocurrió su maquiavélico plan. Un plan que al principio le pareció una locura producto de la rabia que le embargaba, pero cuanto más vueltas le daba en la cabeza, más probabilidades de éxito le veía.

Conocía una página de contactos llamada “Sexo duro”, un sitio virtual  donde los amantes del Bondage, Dominación y demás se daban cita. Una página, donde más de una vez, había leído confesiones de mujeres, cuya mayor fantasía era sentirse violadas.

Abrir un perfil falso en la página, ilustrándolo con algunas de las fotos que les regaló por su cumpleaños, fue más fácil de lo que esperaba. Lo del Nick de “Chochitotravieso” fue una genialidad en toda regla, pues era un nombre le venía que ni pintado a alguien con un comportamiento tan promiscuo como el de Elisa.

Dado que tenía vigilada por video su vivienda, le fue fácil conectarse a la página en los momentos que ella estaba en la ducha, preparaba la comida o hacia otra actividad. Aunque en las fotos que había subido en el perfil de la página había ocultado su rostro, cuando alguien le pedía una conexión privada e intercambiaban fotos, les dejaba ver su rostro.

Encontrar alguien con quien poder tener sexo real fue más complicado de lo que supuso en un principio. La inmensa mayoría de la gente no tenía el valor de hacer realidad sus fantasías y lo que buscaban en aquel chat, en la mayoría de los ocasiones, era una inspiración para una buena paja.

Tras una intensa búsqueda encontró a tres posibles candidatos, vivían en la provincia y no se contentaba con masturbarse delante de la pantalla. Aunque no fue su primera opción, al final, se decantó por “Naboduro”, quien fue el único, quizás porque las conexiones las realizaba desde el trabajo, que no pidió verse previamente por Skype. Algo que, evidentemente, desmontaría su plan.

El tío era guardia jurado (lo sabía porque en las mayorías de las fotos que se intercambiaron lucia su uniforme de trabajo) de unos cuarenta y pocos años de edad. Alto y musculoso tal como le gustaban a su mujer y, según había podido ver, con un nabo largo y bastante ancho. Algo indispensable para los planes que tenía en mente.

Durante dos semanas estuvo chateando con el individuo, contándole cosas ciertas y cosas falsas de su mujer. Entre las verdades estaban todas aquellas cosas que la volvían loca en la cama y entre las mentiras que estaba deseosa por ser enculada o que su mayor fantasía era ser violada en su garaje.

Cuando todos los detalles de “la fantasía” estuvieron acordados con “Naboduro”, le dijo que deberían hacerlo en el garaje de su edificio, un lugar poco transitado de noche y que daría más verosimilitud a su sueño. Para ello le enviaría la llave de este por correo.

Al guardia jurado le daba tanto morbo todo aquello que no dudo en ningún momento abrirse un apartado de correos para recibir el citado paquete. A pesar de su altanería, tuvo claro que era un inexperto en aquella variedad sexual, pues si hubiera estado ducho en ese tipo de prácticas le hubiera pedido, como es habitual, una palabra secreto o un gesto clave por si en un momento se pasaba de la raya y le hacía daño. Si lo hubiera hecho, su minucioso plan habría hecho aguas por todos lados.  De nuevo la buena suerte volvió a estar del lado de Enrique.

Robarle la llave del garaje a su mujer y meter el sobre en el lote de mensajería que la chica de recepción de su empresa mandaba cada día, fue un juego de niños. “¿Quién iba a sospechar del calzonazos de Enrique?”, pensó mientras mezclaba el sobre de la llave con la remesa de paquetes.

Una vez comprobó que “Naboduro” había cogido el paquete, desinstaló todas las cámaras y borró cualquier registro informático que lo pudiera vincular con la página “Sexo Duro”.

Estuvo tentado de poner una cámara en el lugar que le había indicado al guardia jurado que debería llevar a su mujer, pero lo consideró demasiado arriesgado.

Desde la distancia vio como el tipo abandonaba el garaje, una hora aproximadamente más tarde vio como la policía aparcaba el coche delante del edificio, para salir después en compañía de Elisa que ofrecía un aspecto enormemente desmejorado. Tal como había supuesto, no se callaría lo que ella consideraba una violación en toda regla e intentaría que sobre su agresor cayera el peso de la ley.

Comprobar en los meses siguientes, como su meticuloso plan se desarrollaba según lo previsto  y ver como la que fuera su esposa se iba convirtiendo en una caricatura de la mujer que fue, lo hizo sentirse exultante. Estaba tan desvalida que cuando le ofreció su ayuda, tanto en temas personales como profesionales, ella no lo dudo y la aceptó, agarrándose a él como un náufrago a unos tablones a la deriva.

Que Samuel la denunciara por denuncias falsas fue un añadido que no esperaba. Si todavía quedaba algo de la persona segura de sí misma, independiente y rebelde que fue, aquel juicio había terminado por enterrarla a más de dos metros bajo tierra.

Enrique se siente pletórico, no solo ha conseguido transformar a Elisa en la mujer que él siempre pensó que debía ser, sino que la ha debilitado tanto psicológicamente que ya nunca volvería a cuestionar sus ideas. Hacerla vivir un acto tan cruel como una agresión sexual y el proceso judicial posterior la había destrozado por dentro. Sabía  que, si volvía con ella, su vida sexual sería muy limitada, pero era un precio que no le importaba pagar con tal de que no estuviera puteando por ahí con otros.

Algunos son tan imbéciles que la única salida para que la mujer que quieren no se vaya con otros es la de matarla. Él había preferido quebrar su espíritu de un modo casi irreparable y la jugada le había salido mucho mejor. Elisa seguiría en la sombra y el único que brillaría en aquella relación sería él, tanto en lo personal, como en lo profesional.

FIN

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3 comentarios sobre “Sexo duro (4 de 4) Versión no definitiva

  1. Un relato, valga la redundancia, muy duro de leer, sobre todo en la época de movimientos y contra movimientos femeninos con respecto a los abusos sufridos. El texto se entretiene mucho en el sufrimiento de la protagonista hasta el punto que a uno le provoca una triste sensación similar. Paradójicamente, todo el parlamento del violador resulta tan ridículo y tonto que provee de carga humorística, como elemento de humor para destensar. No sé si fue intencionado, pero bienvenido sí es.

    Lo que me lleva a recordar. Una vez te comenté que estaría bien que los personajes malvados tuvieran trasfondo y me respondiste que no valía la pena recrearte en un ser despreciable. Pero insistí en que no lo hagas para justificar sus hechos, sino para que el lector entienda las motivaciones que generaron sus actos. Novelizar personajes y una historia. El desarrollo final me da la impresión de eso, y no sería la primera vez, que has decidido probar una propuesta mía :p Celos. Miedo. Complejos de inferioridad. Elementos externos como la familia de ella que contribuyen a la formación de la bestia perversa y auténtico malo del relato.

    Enhorabuena.

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    1. Hola Estimado Káiser:
      La verdad es que el título del relato es un guiño a tres niveles: Hacer creer al lector que es un relato de sado maso (cuando no lo es), el nombre de la página web donde se gestiona todo y lo que realmente quiero hacer sentir al lector por lo duro que es todo.
      Los diálogos del “agresor” son cómicos adrede, para suavizar el ambiente. En la misma línea están los Nicks “Chochitotravieso” y “Naboduro”. Es todo muy de película porno de serie B, queriendo.
      Yo siempre escucho al todo el mundo (y a ti más que alguna gente), aunque en un principio proteste por no haber sabido transmitir bien lo que tengo en la cabeza. El relato de “Mía”, que es al que creo que te refieres, yo no quería pintar un malvado, quería pintar una víctima de la sociedad (tanto la mujer como él, lo son) y no me importaba sus orígenes). En un relato posterior, si hice caso de tus consejos y monté el villano desde su génesis, me refiero al relato del pederasta (todavía inédito en mi blog).
      En “Sexo duro” (aunque creo que ya en el juicio se prevé quien es el culpable), me interesaba contar todas las motivaciones. El final es no feliz y con el culpable victorioso, porque creo que así está más cercano a la realidad, donde los buenos pocas veces ganan.
      Muchas gracias por aparecer por aquí.
      Un saludo.

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