Qué sabe nadie( Uno de dos)Inédito

De mi verdadera vida
De mi forma de pensar
De mis llantos y mis risas
Qué sabe nadie
Qué sabe nadie

Sabado 18 de Mayo 2002

Sabía que las posibilidades de montárselo con aquel tío que tanto le recordaba a Marcelo eran nulas. No tenía planta de ser de los que se entregaban a sus más oscuras pasiones. Sin embargo, por mucho que le costara reconocerlo, desde que había rozado con la palma de la mano su  culo estaba caliente como las pistolas del Coyote.

No sabía por qué aquel individuo  le traía a la cabeza a su antiguo amante. Físicamente, aunque estaba bastante bueno, no se parecía en nada al italiano. Ni en color de cabello, ni en fisionomía. Quizás fuera por ese cuerpo y esa cara  de machito que no podía ocultar que contenía a una puta en su interior.

El sevillano no era tan guapo como él, pero lo envolvía ese halo de ingenuidad  que tanto ponía al guardia de seguridad. No sabía por qué, pero la remota posibilidad de montárselo con él lo tenía con la polla a borde de una erección completa.

Algo que suponía todo un problema. Si a lo ajustado del uniforme que le facilitaba la empresa se le sumaba lo bien dotado que estaba,  dar la nota en su sitio tan concurrido le sería la mar de fácil. Llevaba toda  la tarde con las manos cruzadas delante de la entrepierna para que no se le notara. Una situación de lo más comprometida.

Hacía algún tiempo que no se lo montaba con un tío y mucho menos,  como suponía que iba a ocurrir allí, en una orgia  de todos contra todos en los que un grupo de ocho tíos estuvieran loco por disfrutar de su rabo.

Desde que descubrió que Enrique y Berto habían aprovechado el momento de la actuación del grupo rociero para montárselo en una de las habitaciones. La excitación no lo había abandonado por completo. Estaba tan descentrado que hasta comenzó a descuidar su trabajo y se centraba más en el rincón donde estaba el grupo de amigos que en la vigilancia de que nadie entrara en las dependencias interiores o se colara sin permiso en la casa.

Por mucho que miraba las tetas de la camarera rubia, que presumiblemente terminaría siendo su premio de consolación, no se sentía satisfecho. Lo  que realmente deseaba era poner su polla a la disposición de aquel grupo de maricas.

Desde la cinco de la tarde, por suerte para él,  la casa estaba menos transitada y pocos querían acceder al interior, por lo que su trabajo había mermado enormemente desde aquel momento. Una vez terminó la comida el número de camareros que pululaban por el salón era menor , se relajó casi por completo y puso los cinco sentidos en el coro de amigos del

Disimuladamente no perdía detalle de lo que pasaba en el pequeño grupo. Su favorito, Mariano, quizás porque no perteneciera a su clase social,  estaba un poco marginado por las locas adineradas. De vez en cuando y a cuenta gotas, como si fuera una especie de limosna, le daban conversación más por educación que por respeto.

Se sintió un poco desilusionado cuando, en un momento determinado, se comenzó a despedir uno por uno de los miembros del grupo. Quizás fuera ese el motivo por el que los maricas le habían dado de lado, le habrían propuesto quedarse para la fiesta final y este se había negado. Aunque por la forma de comportarse daba más la sensación de  no haber rechazado ninguna proposición y ser ajeno a lo que, como el presuponía, sucedería aquella noche allí.

Estuvo tentado de pedirle a su compañero que lo cubriera, que necesitaba salir con cualquier excusa. A pesar de lo arriesgado, pensaba meterle cuello e intercambiar números de teléfonos para quedar para otro día.  Era un engreído de manual, por lo que la posibilidad de que Mariano le pudiera decir que no, era algo que no entraba en el guion de sus acontecimientos.

Sin embargo,  la rabia acarició su pecho cuando vio que el tipo  que se la había chupado al dueño de la casa lo acompañaba.

No había que ser demasiado espabilado para darse cuenta de que Enrique era  algo así como su novio. Un novio infiel que se prostituía por una puta raya de coca.

Sonrió para sus adentros y pensó que Mariano podía ser tan inocente como parecía. Lo que él llamaba jocosamente un maricón en prácticas. Por lo que, lo más seguro fuera ajeno a la bacanal  que se iba a montar aquella noche allí.

Fuera lo que fuera aquel chaval que tenía más cuernos que el padre de Bambi se marchaba. Fue verlo cruzar la puerta y la pasión que ardía en su interior se fue apagando. Hasta el punto que notó como su cipote se iba desinflando poco a poco.

Al menos sacaría algo positivo de su marcha, podría relajarse y no tener que mantener  la molesta postura de las manos cruzadas sobre su paquete.

Qué sabe nadie
Lo que me gusta o no me gusta de este mundo
Qué sabe nadie
Lo que prefiero o no prefiero en el amor
A veces, oigo, sin querer, algún murmullo
Ni le hago caso, y yo me río, y yo me río

Martes  18 de Marzo  1997

Los miembros de los Power Rainbow no habían salido de su asombro  al contemplar la dura escena de  los dos tipos enmascarados con la cara del Che y Lenin reduciendo   al actor porno venezolano cuando Lagüe, como si estuviera en una especie de guion vertiginoso,  continuó con su soliloquio.

Un monologo que encerraba tantas obviedades que en vez de entretener a su público, consiguió que lo consideraran soporífero. Algo extraño en él, pues llevaba en su ADN el saber amenizar a los demás y era capaz de hacer ameno la retrasmisión de una carrera de caracoles.

—Como todos los presentes saben —Prosiguió Lagüe —, la única parte de su anatomía que Viktor pone  a disposición de sus clientes y de la industria, es su polla. Le gusta jactarse, como si fuera menos gay por ello, que su orificio trasero es solo de salida.

»No obstante, desde que se ha buscado un nuevo director artístico la disposición de su agujero trasero es una realidad. En el contrato que ha firmado con la Fundación Power Rainbow, ha establecido una clausula monetaria si tiene que ejercer de pasivo. Ha puesto precio a que le partan la retaguardia.

»¿Alguno de los presentes quiere estrenar su culito y pagar los dos millones que se disponen en ella?

Para muchos de los que estaba allí, dos millones no era una cantidad demasiado significativa, se permitían caprichos muchos más caros.  Sin embargo, por su reacción, era obvio que el  cache del venezolano había perdido más enteros de lo que él pensaba, pues a nadie consiguió  que desvirgar su orificio anal  tuviera ningún morbo para realizar aquel desembolso.

Había previsto,  para darle más emoción, organizar una especie de subasta para que todos los interesados pujaran por romperle el ojal a su protegido.  Algo que, por el desánimo reinante, estaba claro que no sucedería.

Si la reacción de los Rainbow era equiparable a la del mercado porno en general. El futuro que se le presentaba al venezolano con su nuevo productor no se veía demasiado halagüeño. 

Berto miró alrededor suyo y los ánimos se habían apagado un poco. Pudiera ser  porque el prolongado discurso de Larry había apagado la libido de la mayoría de los participantes o bien porque la posibilidad de poder penetrar al musculoso latino sin tener que hacer un desembolso adicional había quedado descartado.Fuera por lo que fuera,  la gran mayoría de los socios que se disponían a participar en el montaje sexual de Lagüe,  dieron un paso atrás. Únicamente  permanecieron junto a Berto cinco personas más.

En otras circunstancias el sevillano hubiera desistido de formar parte de los juegos que le tenía preparado el pornógrafo, pero estaba muy cachondo. Se había despertado muy cachondo con la idea de follar con el “Ahivalaostia”. La desilusión de ver que se había marchado, en lugar de frenar sus impulsos sexuales, los había acrecentado.

Cada vez lamentaba no haber echado el obligado polvo matutino con su ayudante de cámara y haberse reservado para el vasco.

—Veo que a muchos les da pavor  que mi querido Viktor clave su caliente lanza en su recto—Recalcó con cierta ironía Lagüe al ver que apenas media docenas de los participantes, permanecían dispuestos a ponerle el culo al venezolano —, pues no sé por qué. Os puedo garantizar, por mi experiencia particular con él,  que únicamente duelen los primeros veinte centímetros, el resto  son puro placer.

Era más que obvio que los que seguían dispuestos a ser protagonistas de la performance, no le tenían miedo a una polla de las dimensiones del actor  que aguardaba resignado  a lo que, quien  seguía siendo su mecenas, dispusiera. Las cuerdas y la mordaza habían conseguido domar por completo su rebeldía y su ora.

El sevillano ignoraba en que consistía el  numerito que el  productor cinematográfico había preparado si sería una orgía o se trataría de un todos contra uno. Si algo no se le podía reprochar era  su capacidad de sorprender.

Irreflexivamente lanzó una pequeña visual a quienes iban a ser sus compañeros en la performance. Todos pertenecían al extenso grupo que quería  permanecer en el anonimato y él era el único que mostraba su rostro. Por su físico, ninguno cumpliría ya los cuarenta y pocos. Tres de ellos lucían un cuerpo cultivado en el gimnasio y se les veía bastante atractivos, los otros dos, aunque no eran mucho mayores, mostraban un aspecto bastante más descuidado.  Arrugas en los pliegues de su tórax y abdomen, eran evidencias significativas de que se habían entregado a una vida sedentaria.

Independiente de lo que hubiera previsto Lagüe en su montaje sexual,  Berto había  decidido que se centraría Viktor Palerm y se olvidaría por completo de los participantes no profesionales. No le haría asco a que lo tocaran y demás, pero solo se la chuparía y se dejaría penetrar por el actor porno.  Solo alguien con el carisma del venezolano, le podría hacer olvidar al “Ahivalahostia”.

Lo único que hubiera podido hacerla cambiar de parecer, hubiera sido que entre aquellos cincos surgiera alguien tan vicioso como el vasco y acabara haciendo realidad su fantasía de participar en una doble penetración.

No obstante, sabía que era algo muy improbable, individuos tan guarros  como su compatriota  eran una rara avis en aquellas convecciones. Normalmente eran tipos que se jactaban más de sus vicios, que de lo que realmente podían llegar a hacer.

En aquellas reuniones secretas abundaban los estirados que gustaban de sentir un nabo clavado en sus entrañas hasta que los huevos hacían de tope. Sin embargo,  les gustaba presumir de ser solo activos. Como si la posición que se ocupara a la hora de practicar el sexo, fuera algo de lo que sentirse orgulloso o avergonzarse. Una especie de pedigrí de los gay educados como heterosexuales. 

Su maestro de ceremonias, con el habitual talante histriónico que lo caracterizaba, los invitó con un gesto  que se acercaran.  Pese a que su educación distaba mucho de ser refinada y sus atuendos eran una guerra constante a la discreción, había conseguido ganarse  la admiración  y el respeto de los allí presente.

Larry era consecuente de ello a y se permitía actuar de forma condescendiente. Daba la sensación, por cómo los trataba, que estuviera en una especie de recinto académico, donde él adoptaba el rol de profesor y los miembros del selecto club sus alumnos.

El decorado de la habitación, conforme a las últimas tendencias vanguardistas del momento, era primordialmente minimalista, unos colores sobrios y apagados daban protagonismo a la butaca donde el actor esperaba impasible lo que parecía un destino incierto.  Amante del dramatismo, había dispuesto que dejaran el escenario a oscuras y un único chorro de luz blanca iluminaba la esquina donde se encontraba el venezolano.

La estampa de Viktor atado y amordazado transmitía vulnerabilidad por los cuatro costados.  Por el contrario, encendió en el sevillano sus más oscuros y libidinosos deseos. La visión del hercúleo latino, elegantemente vestido con un traje de Armani y reducido a un mero pelele, rememoraron sus escuetas experiencias en el bondage.

Se llevó la mano a la entrepierna, tal como suponía tenía una notable erección. Sin pudor de ningún tipo, se colocó el cipote de manera que se marcara de manera notoria bajo la delgada prenda de cuero. Simplemente buscaba  llamar la atención del actor porno, cuando se cercioró de haberlo hecho, se acarició provocativamente una tetilla.

Tenía claro que nada que hiciera despertaría reacción alguna   en el atractivo semental,  pero aun así hizo alarde de su sexualidad como si fuera un ingrediente indispensable para la lujuria que  ya se empezaba a mascar en el ambiente.

Lagüe dio dos palmadas  en plan señorial.  Ni un minuto más tarde hicieron la aparición dos afroamericanos musculosos vistiendo un taparrabo que apenas les cubría los genitales. A diferencia de los hombres de raza negra que se podían ver en el mundo del espectáculo, su color de piel era oscuro como el azabache. Portaban  dos bandejas en las que llevaban más de una docena de tijeras de sastre.

Los dos gigantes de ebanos, como si se trataran de  esclavos de la época colonial, se colocaron con la cabeza agachada y en postura firme al lado del productor cinematográfico. La imagen parecía salida de una película de Cecil B. DeMille.

Larry,  fiel a su estilo, adoptó una posición solemne y comenzó a gesticular exageradamente al tiempo que comenzaba a deshilar con su discurso las características y normas de la performance.

—Hoy, queridos Rainbow, no os miento si aseguro  que  los pocos que se han   que se han atrevido a enfrentar el reto  de hoy, van a liberar adrenalina como si estuvieran haciendo puenting—Hizo una pausa y, dirigiéndose con un gesto burlesco a los que se habían quedado apartado—.Lo siento por vosotros, os  vais a perder unas de las mejores atracciones que tengo preparada para esta convección.  Pero ya saben lo que dicen, sin dolor no hay beneficio.

»En lo referente a mi selecto grupo de valientes —Sonrió agradecidamente —  .Voy a poner a prueba su pericia de un modo que nunca lo he hecho antes con los Rainbow.  Tal como está diseñada esta sugerente experiencia sexual, no será poco el riesgo que deberá correr mi querido Viktor.

»En un principio la performance la iba a titular “Si hieres no follas”, pero me pareció muy vulgar para el glamour y el mucho saber estar que se dan cita en estas reuniones anuales. Así que  en homenaje a la dominación y la sumisión que tanto nos gusta, lo he llamado “Amos y sirviente”. Un maltrato que será más psicológico que físico.

»Pondréis vuestra pericia a prueba, desvistiendo corte tras corte al semental latino. Poco a poco iréis desnudando su piel de la elegante ropa que lo cubre. Sus músculos de ébano saldrán a la luz al ritmo del sonido metálico de vuestras tijeras. En vez de  crear alta costura con vuestras manos, como diría mi querido y admirado Ferran Adriá, la deconstruiréis.

Si en un primer momento Larry había aburrido a la audiencia con un soliloquio donde reinaba la obviedad sobre todo lo demás, consiguió darle un giro de ciento ochenta grados a los acontecimientos. Había captado la atención de todos los presentes y estaban expectantes por descubrir en qué consistía la lujuriosa vivencia  que les tenía preparado.

—Como podéis ver, nuestro fornido macho está refinadamente vestido —Dijo señalando  a Viktor como si fuera una res que se subastara al mejor postor en una feria —, un traje de Armani, una camisa de Boss, unos zapatos de Aubercy…  No hemos escatimado para que las mejores marcas cubran un cuerpo que como mejor luce es desprovisto de ellas.

Berto volvió a buscar los ojos de  Viktor algún ápice de que todo aquello era un truco y no lo encontró. A pesar de que esperaba impasible lo que fuera que su empleador tuviera preparado para él, un pánico desorbitado   no abandonaba su semblante.

Cada vez tenía más claro que el actor venezolano, al igual que ellos, desconocía los pormenores del numerito y, conociendo a Larry, se podía esperar lo más enrevesado de él.

Consciente de que tenía a todos los miembros del club y sus invitados pendientes de sus palabras, cogió una de las tijeras y comenzó a mostrarlas de manera muy teatral. Alzándola por encima de su cabeza, ante sí como si fuera una batuta, acariciándola  como si fuera un reluciente y erecto  falo, para terminar blandiéndola cual arma blanca.

—Esto que tengo en las manos no es una tijera cualquiera. Se trata de la llave que abrirá las puertas de vuestro placer —En esta ocasión dirigió sus palabras casi exclusivamente a los  miembros del club que habían decidido participar en la performance —. Quien de vosotros seis demuestre mejores dotes en su uso, se habrá ganado el privilegio de poderse sentar en el regazo de Viktor y cabalgarlo hasta que su esencia vital riegue el interior de sus esfínteres.

No había terminado de hablar y los musculosos  afroamericanos dieron un paso al frente para acercar las bandejas a los concursantes. Sin salir de su asombro, cada uno de ellos cogió una, desconociendo por completo la utilidad sexual de aquel utensilio de costura.

A Berto, aquel no saber a dónde se dirigía no le incomodaba lo más mínimo. Le parecía muy morboso y lo tenía con la libido a flor de piel. Con la inquietud propia con la que un niño abría un regalo, acarició el afilado utensilio de costura.

Una vez todos los participantes  se habían apropiado de sus tijeras, como si formara parte de una puesta en escena ampliamente ensayada,  irrumpieron en escena dos chicos muy delgados. Su bellezas, con un abdomen marcado, unas extremidades largas sin apenas musculación, rozaban lo femenino.  Lucían  un bañador negro  diminuto e iban  subidos a unos tacones rojos  de más de siete centímetros. Como si el pequeño escenario fuera una pasarela de la moda de Paris, se pasearon luciendo su escueto modelito.

A modo de las azafatas de los concursos televisivos, su objetivo  era facilitar a los concursantes el atrezo necesario. Uno de ellos portaba unos estuches de cartón en cuyo lateral se podía  ver los números del uno al seis y el otro una cadena plateada de grandes aros de la que colgaba  una medalla redonda con los mismo dígitos.

Ante el desconcierto de todos los asistentes que no entendía a que venía tanta parafernalia,  mientras el primero de ellos colocaba  puso los cajas ordenadamente sobre la mesa , el otro se posiciono frente a los concursantes.

De manera ceremoniosa, como si se tratara de las medallas de una olimpiada, fue poniendo uno a uno los colgantes con el dorsal alrededor del cuello de cada uno de los seis participantes.

Los dos muchachos, tras lanzar unos pomposos besos a los espectadores,  con la misma presteza que entraron en escena desaparecieron de él.

—Uno tras otro, siguiendo el orden que se os ha asignado—prosiguió Larry nada más que vio a los  dos azafatos desaparecer por la parte izquierda del improvisado escenario —, cortareis un trozo de la ropa del señor Palerm hasta dejarlo completamente desnudo.

»Como podéis comprobar las tijeras están muy afiladas, por lo que tendréis que poner sumo cuidado de no arañar a nuestro admirado adonis latino. Un cuerpo tan hermoso no debe ser profanado por un metal tan punzante. A pesar de que nuestro millonario seguro cubra el coste de todas las contingencias de este tipo.

Una maliciosa sonrisa se pintó en el rostro del pornógrafo al decir esto último. A Berto ya  no le cabía la menor duda de que  aquello había sido una encerrona para Viktor. Observó el semblante del actor porno y   notó como en sus ojos se encendían de rabia. La cólera se pintó en su rostro durante unos instantes, para dar paso a una triste impotencia.

A pesar de sus presentimientos, al igual que el resto de los presentes, no llegaba a aventurar que toda aquella puesta en escena era la particular venganza de Larry contra Palerm por haber abandonado traicioneramente su estudio. Una venganza que había cocinado lentamente y que el pornógrafo vaticinaba como lo de más placentera.

Cualquier herida sufrida por el adonis latino en el transcurso del juego erótico, sería recogida por la compañía de seguro como un accidente de trabajo. Era muy difícil, dado lo afilado de las tijeras y la poca destreza de los Rainbow, que saliera indemne de lo que se pronosticaba como una pequeña carnicería.

Tanto su mecenas, como el venezolano era consecuente con ello.  Ya quedaba ver si sería unos pequeños arañazos o serían cortes de mayor envergadura y necesitaría la asistencia del equipo medico que los Rainbow tenían contratado para cualquier tipo de emergencia. Paradójicamente, lo que a uno le producía una satisfacción malsana, al otro le ocasionaba un terror inconmensurable.

—En el momento que una de vuestras tijeras ocasionen sangre a mi querido Viktor —Larry se había colocado junto al amordazado actor y le acariciaba fraternalmente la cabeza. Un gesto que en otras circunstancias se podría interpretar como una muestra de cariño, pero que  en la coyuntura actual únicamente rezumaba humillación por los cuatro costados—,  el causante de las heridas quedará automáticamente eliminado. El juego concluirá cuando el adonis latino esté completamente desnudo. Será ese momento, y no antes, cuando  quien se alce con la victoria podrá disponer de su larga polla de la forma que desee.

Larry  bajó la mirada e intentó ocultar a los Rainbow la satisfacción que lo embargaba.  Su estratagema había conseguido su objetivo doblemente, proporcionar una agradable e innovadora atracción pornográfica a los miembros del club y saciar su sed de venganza. Consciente de que el juego no podría dar comienzo hasta que él  lo dispusiera, se apresuró por explicar las últimas normas de este.

—En caso de empate, el ganador será quien más porción de tela haya arrancado. Para ello deberéis colocar cada trozo en la caja que se han dispuesto en la mesa con vuestro nombre. ¡Qué follé el mejor!

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