Polvo entre machos

15 de agosto del 2010 (Hora de la siesta profunda).

1                                                               ******Mariano******

La polla de German, babeante de líquido pre seminal, se alza como un faro en medio de una tormenta y la boca de JJ, cual barco a la deriva, se estrella irremediablemente contra ella. De manera irreflexiva abre la boca para dejar pasar el vigoroso proyectil.  Engulle primero su cabeza saboreándola contundentemente para,  una vez considera que ya ha disfrutado bastante con la degustación, termina tragándose el erecto sable como si fuera un artista de circo.

Tan ensimismado estoy con la imagen de mi amigo mamando la polla del menor de los gallegos, que apenas me percato de que Roxelio cambia el dildo que tengo en mi ano por otro bastante mayor.  En un principio mi recto se niega a tragarse algo de aquellas dimensiones, pero esnifar un poco de Popper hace que mis sentidos se pongan a flor de piel y mi esfínter se relaje para dejar pasar aquel negro pollón artificial. Una vez que la punta del juguete sexual toca mi próstata, el gozo que me embarga no tiene parangón.

Una vez se cansa de meter y sacar el objeto extraño de mi ojete, lo deja bien encasquetado, me abandona al placer estático  y se pone de píe junto a su hermano. Le echa la mano por los hombros y le da un potente muerdo que, solamente con verlo,  consigue que mi polla vibre de la emoción.  

 Levanto la mirada y la imagen que me ofrece los dos hermanos me recuerdan a unas estatuas griegas. Dos esculturas peludas de músculos y testosterona, esculpidas con el único propósito de hacerle la vida más feliz a sus semejantes.

Sin apartar la mirada de la trepidante mamada que JJ le está metiendo a mi osito, me incorporó levemente. Con cuidado de que el placentero dildo no se salga de mi ojete,  estiro la mano para agarrar el hermoso miembro viril de su hermano.

En el momento que estrujo el vibrante mástil entre mis dedos, un brusco sonido distrae mi atención.  Un sonido que me recuerda al rumiar de una bestia, pero mucho más profundo y suave. Una parte de mí desea  chupar el cimbreante lirio sexual que tengo ante mí, sin embargo mi curiosidad es superior y busco la causa del atronador ruido.

Giro la cabeza, abro los ojos e, inevitablemente, me despierto…

No estoy en el salón de la casa follando como un descosido, estoy en la cama durmiendo la siesta con German y han sido sus escandalosos ronquidos los que me han sacado de entre los brazos de Morfeo.

¿Por qué tras una sesión de sexo del bueno, mi primer sueño es erótico? No entiendo que, después de quedarme satisfecho hasta niveles que ni sospechaba que pudiera alcanzar, mi psique siga transitando por los caminos de la lujuria. Será que soy más promiscuo de lo que me gusta pensar.

Lo peor ha sido  la historia que me he montado, de nuevo vuelvo a imaginar  tener sexo con Roxelio, mientras que JJ lo tiene con su hermano. Menos mal que los gruñidos de mi recién estrenado amante me han sacado del mundo onírico, porque me he despertado más empalmado que me acosté. No iba a ser la primera vez que me corro en sueños y no me gustaría tener que dar explicaciones absurdas de una mancha de esperma en los calzoncillos.

Espero no haber hablado en sueños, o si no el concepto de tío legal y demás que se pudiera haber llevado German de mí, se habrá esfumado como un móvil abandonado en la puerta de un instituto. Porque si me ha escuchado decir cosas como que quiero que me metan un dildo en el ano o que quiero chupar la polla de su hermano, la consideración de perra salida es la mejor que voy a obtener.

¿Pero qué tonterías me estoy diciendo? ¿Qué buena impresión ni que niño muerto?  Cuando dejaré de pensar como un tío inmaduro empeñado en caerle a todo el mundo bien, aunque sea a costa de reprimir mis instintos más primarios. ¿Cuándo aprenderé a aceptar mi realidad? Es más que obvio que me gusta más un tío que a un tonto un palote y, por mucho que mi educación religiosa me haga sentir culpable, acabo teniendo sexo con desconocidos a la primera de cambio.

Estos dos, a los que Jota dice, mintiendo como un bellaco,  que los conoce del trabajo, lo  único que quieren es pegarse un buen lote de chingar con nosotros y si te vi no me acuerdo. Es mi sino. Un polvo maravilloso y vestirme deprisa para pasar página. Las relaciones estables se llevan tan bien conmigo, como el agua con el aceite.

Sé que soy la última persona del mundo que puede reprochar su falta de sinceridad a nadie. Mi vivir en el fondo del armario y sin compartir confidencias sobre mis preferencias sexuales con la gran mayoría de mi entorno afectivo, no me legitiman para pedir franqueza a JJ.

Sin embargo, tampoco me merezco que me engañen y me manipulen de ese modo. O quizás sí… Si no fuera tan Pepito Grillo dando lecciones de moralidad a diestro y siniestro, quizás no me tendrían que contar medias verdades por temor a que los juzgue. ¿Quién coño soy yo para hacer eso? ¿Por qué me veo con derecho a ello?

La verdad es que para contar trolas hay que tener mucha imaginación y mi amigo del alma no la tiene. Me trae a Villa del Combarro, donde dice que conoce a dos pescadores del trabajo. ¡Quién se va a creer esa patraña!

 No me veo a estos dos comprando equipos industriales al por mayor. Este los habrá conocido en alguna salida nocturna de las que se pega frecuentemente, intercambiarían teléfonos y no ha tenido otra cosa que traerme para que me una a él en su búsqueda del nabo perdido.

En el fondo, su iniciativa no me parece tan mala idea. Si me hubiera consultado sobre venir a visitar a dos tipos con los que echó un polvo vete tú a saber cuándo, me hubiera negado en redondo. Con lo que  me hubiera perdido uno de los mejores polvos de mi vida, ¡vaya follada que me ha metido el menor de los hermanos!

Pese a que no soy yo el más fisionomista del mundo, no le veo demasiado parecido a estos dos, aparte de la barba, pero para mí que estos no son hermanos, sino pareja. Creo que se han montado esa historia de que son familia para que la gente del pueblo no los critique en los corrillos de bares y plazoletas. Teoría que no me cuadra con que son originarios de Combarro. ¿Por qué mentirá tanto la gente?

En fin, espero que alguien me cuente, más pronto que tarde,  qué demonios pasa aquí, porque comienzo a estar un poco escamado y, por muy buenos que estén los supuestos hermanos, no me gusta ir a ciegas por la vida. Si Jota persiste en seguir con la farsa, no voy a tener más remedio que aplicarle el tercer grado y preguntárselo en la cena. A ver que me cuenta cuando se vea entre la espada y la pared. Tengo claro que la base de cualquier tipo de relación es la franqueza, ya bastantes mentiras soporté durante mi etapa amorosa  con Enrique.

Octubre de 1952

2                                                     ******Anxo y Roxelio******

Cuarenta días sin pisar la costa llegaban  a ser demasiado y nadie se terminaba por  acostumbrar a ello al completo, aunque llevaras lo de navegar en alta mar,  como decían sus mayores, en la masa de la sangre.

Roxelio era el más joven de una saga de pescadores. Su padre, su abuelo, su bisabuelo y quizás más allá de su tatarabuelo, todos tuvieron el mismo oficio que él. Toda una tradición familiar. A pesar de ello, no podía  evitar echar de menos a su seres queridos. Sabía que todo aquel enorme sacrificio era para que no faltara comida en la mesa y tuvieran un cobijo caliente en las noches de invierno. Pero que supiera que era necesario, no le servía de mayor consuelo.   

Sin embargo, los días que el mar mostraba su cólera y no se podía faenar, la vida a bordo del navío pesquero se transformaba por completo. Salvo el personal de tripulación, el resto poco o nada tenían que hacer y era    como un  descanso para la cuadrilla de pescadores.

Era en esas jornadas en los que la tripulación del San Telmo se encontraban más desanimados y les daba por pensar si merecía la pena la vida de sinsabores que les daba aquel   maldito trabajo, por el que no le pagaban ni medianamente bien y que no les permitía disfrutar mínimamente  de los suyos. Al sentimiento de rabia, siempre le seguía el de impotencia, pues sabía que si no hacían el esfuerzo de salir a pescar en alta mar, sus familias no tendrían nada que llevarse a la boca.

La década de los cincuenta en España fue una época donde el  silencio de tus protestas te hacían mejor persona. Alguien que no buscaba problemas e iba  a lo suyo, se convertía  en un trabajador modelo para los patrones que veían que, sin necesidad de pagar unos salarios justos, su proyecto empresarial funcionaba a la perfección y su patrimonio aumentaba en una proporción mayor que si lo hicieran.

Ser alguien reivindicativo, además de poder ocasionarte problemas legales, propiciaba que los que seleccionaban el personal para las largas travesías en alta mar, no te tuvieran en cuenta y te quedaras sin ganar un jornal que, aunque no fuera muy grande, era imprescindible para poder sobrevivir.

Todos los pescadores que viajaban en el San Telmo eran mano de obra prudente y obediente.  Personas que soportaban las condiciones adversas del mar, con la misma paciencia que la dura faena diaria.  

Entre los hombres que faenaban en la embarcación, había  muchos que pensaban  que la ambición de los patrones nunca tenía  fin y que si fueran ellos los que tuvieran que soportar  los fuertes temporales, los hielos y las nieblas de esa parte del mundo, el regreso a casa no se haría de esperar. Sin embargo, habían sido educados en la sumisión al poderoso y, en un intento de auto convencerse, se repetían el dicho popular de «Donde hay patrón, no manda marinero», como si fuera una ley grabada en piedra.

Los cincuenta individuos que formaban la tripulación sabían que si llegaba alguna queja a oído de quien pagaba su salario, la próxima vez que los barcos salieran a faenar, se quedarían en tierra firme y las posibilidades de poder llevar sustento a su familia se verían reducidas casi a la nada.

Las enormes curbetadas y que el barco no soportara ya más carga de pescado, no significaban el final de la travesía.  El capitán de la nave pesquera tenía ordenes explicitas de seguir explorando los caladeros del Atlántico noroeste y encontrar nuevos bancos de bacalao. Una encomienda laboriosa  y poco renumerada que hacía aún más insoportable la carencia de sus seres queridos.

Lo peor de esta búsqueda era que se sabía que eran  días de los que no obtendrían ningún beneficio,  no conseguirían  más pesca de la que había y por tanto su jornal,  no se vería incrementado en lo más mínimo.   

Explorar el mar a la aventura en busca de nuevos caladeros, se convertía  en horas eternas en las que, cuando el mar estaba en calma  y tenían la obligación de  capear el temporal, los pescadores intentaban atenuar el aburrimiento de ese tiempo muerto jugando a las cartas, cantando canciones, contando historias y cualquier cosa que pudiera  aliviar su nostalgia por la tierra firme.  

En aquellos  ratos de ocio, los hombres llegaban a confraternizar de una forma que no tenía parangón. Una camaradería que, en nos pocos casos, hacía surgir un vínculo mayor que la amistad entre algunos de ellos. Algo lógico sabiendo que en más de una ocasión sus vidas dependían casi por completo de la persona que tenían a su lado.

Roxelio y Anxon, a pesar de ser del mismo pueblo y tener más o menos la misma edad, no habían conversado apenas antes de embarcarse en el San Telmo. El primero pertenecía a una familia que había vivido en Combarro a lo largo de muchas generaciones. En cambio, los padres del segundo se habían instalado en el pueblo, hacia unos pocos años, en busca de un jornal que ganar en la mar.

Su familia y él, por el hecho de no ser originarios de  la Villa, eran tratados con desdén por todos sus vecinos y se referían a ellos con el apodo de los forasteros. Aquel Sambenito hubiera sido  fácil de sobrellevar de no ser porque, llegado el momento de pujar para llevar un salario a casa, algunos de sus paisanos consideraran que, por el hecho de haber nacido en otro lugar, carecían de derecho para hacerlo.

El egoísmo y los perjuicios ante lo desconocido habían hecho surgir entre los dos jóvenes una insana enemistad que, a decir verdad, no tenía ningún motivo de ser. No había ninguna ley, ni terrenal ni divina, que impidiera a la familia de Anxon buscarse el sustento en un pueblo distinto del suyo.

Al ser de  una edad similar, en el reparto de camarotes quiso la  providencia que cayeran juntos. Sin querer, lejos de la influencia  y de las ideas preconcebidas de la gente del pueblo, una relación afectiva surgió entre ellos. Una amistad en la que el intercambio de  confesiones sobre familia, soledad y trabajo estaban a la orden del día. Compartían tantas horas que el uno se convirtió en el refugio del otro, creciendo entre ellos un cariño que iba más allá del compañerismo y tocaba muy de cerca lo fraternal.

Sin embargo, las conversaciones sobre sexo, a pesar de que era habitual escuchar conversaciones picantes entre los otros pescadores, se había convertido en una especie de tabú entre los dos muchachos. Sobre todo porque en cada ocasión que había salido el tema a coalición, Anxo había desviado la charla hacia otros derroteros.

No es que el joven gallego fuera un mojigato al que le asustara el mundo de las pasiones sórdidas. Sucedía  que temía que, al igual que le pasó con un primo suyo de su pueblo natal, las intimidades dieran lugar a una relación prohibida que terminara propiciando un distanciamiento con su compañero de camarote. Ni quería, ni estaba preparado para perder su confianza.

Lo peor de todo era que,  a pesar de que sabía que eran una depravación y que la biblia prohibía expresamente la sodomía, añoraba aquellos encuentros íntimos con aquel muchacho de su familia. Tanto que el recuerdo de los mismos le servían en más de una ocasión como inspiración para sus más que frecuentes masturbaciones.

Recordar la dureza de su miembro viril en la mano, su sabor en la boca o su potencia en el interior de su ano, era suficiente munición para que su cuerpo se dejara llevar a un mundo onírico y terminara derramándose sin remisión.

Aquella obsesión por su primo, se transformó en una fijación hacia las personas de su mismo sexo. De manera sutil miraba el cuerpo de sus compañeros, sus torsos, sus brazos, sus culos, sus paquetes… Rodeado de tanta testosterona, el muchacho tenía la sensualidad a flor de piel y, más de una vez, al observar los enormes bultos que se marcaban  bajo las ropas de trabajo, no pudo evitar tener una inesperada erección.

Aquella facilidad suya para excitarse se volvió tan incontrolable que dejó de ir a ducharse a la misma hora que iban el resto de compañeros, pues lo último que quería era ponerse en evidencia.  Le suponía un gran esfuerzo  no empalmarse rodeado de   aquellos traseros tan duros, aquellos pubis rebosante de pelos de los que emergías unos irresistibles rabos  y  unos huevos que desafiaban a la gravedad de un modo que le resultaba hasta perturbador. 

Sin embargo, no se le pueden poner puertas al campo y lo que tenía que ocurrir, ocurrió. Una noche, mientras Anxo se aseaba, su compañero de camarote  aprovechó para masturbarse. Estaba tan caliente y llevaba tantos días sin meneársela que hasta le dolía cuando se empalmaba.

En teoría, le debería haber dado tiempo sobrado y antes de que  Anxo regresara  de la zona de los baños, Roxelio habría alcanzado el orgasmo. Sin embargo, se empeñó tanto en prolongar su momento de placer que fue pillado en plenas prácticas onanistas.

La seductora imagen del joven pescador con los pantalones y los calzones bajados hasta la rodilla, consiguió turbar a Anxo hasta el punto que el pulso se le aceleró e, irremediablemente, sintió como su polla se llenaba de sangre, marcándosele de manera notoria bajo las calzas.

Sobrepasada la sorpresa inicial, volvió a pasear la mirada por el fornido y joven gallego. Casi dos metros de masculinidad, rebosando testosterona por los cuatro costados que, de manera no deseada, despertaron de manera desorbitada un deseo contra el que luchaba cada día y a los que esta hastiado de combatir. Se lo jugó todo a una carta y sacó a pasear sus instintos más primitivos, sin pudor alguno.    

No sabe de dónde sacó el valor para no desviar la mirada y salir huyendo de allí. Lo que sí tenía claro es que la imagen de Roxelio agarrándose su polla, no le desagradaba en lo más mínimo y aunque no le había prestado demasiada atención, pues prefería los hombres maduros, se dio cuenta que ante sí tenía un ejemplar de semental de tomo y lomo. Le bastaron unos segundos para reconocer que la escena de aquel muchacho meneándosela era lo más excitante y deseable que había visto en mucho tiempo.

Su compañero, preso de las fuertes restricciones religiosas de la época, no supo que decir o que hacer ante la pequeña invasión de una intimidad de la que no se creía dueño.  Aunque los nervios no lo dejaban pensar, se percató de inmediato del erecto cilindro que se dibujaba bajo la prenda interior de su compañero. Lo que lo tranquilizó un poco, pues las culpas compartidas eran más llevaderas.

Anxo, por su parte, armándose de valor, se limitó a sonreír picaronamente  y le dijo:

—Sigue… Yo venía a meneármela también, si quieres te acompaño. Tanto ten Xan coma Perillan.

La inusual petición lo cogió con el paso cambiado, no sabía si lo que proponía su amigo era pecado en mayor o menor medida de lo que estaba haciendo. Ignoraba si las llamas del infierno, como decía el párroco del pueblo, serían más mortales en un caso que en otro. Durante unos segundos se quedó pensativo sin saber que decir, Una vez se convenció a sí mismo de que  el castigo divino por pajearse solo sería   igual al de hacerlo acompañado, accedió a la particular petición.

Observar a Anxo desabrocharse los botones del calzón y sacarse la tiesa  polla fuera  los pantalones sin darle mayor importancia a lo que estaba haciendo, apaciguó su inquietud. No sabía muy bien por qué, pero aquella dejadez por parte de su amigo le hizo olvidarse de las retahílas que le soltaban en el confesionario y le insufló la tranquilidad que necesitaba, tornando la flacidez de su polla de nuevo en dureza. Ahora,  lo de correrse se había convertido en algo mucho más apremiante.

Pese a que no encontró  ninguna explicación aparente, notó  que no podía apartar la mirada de la entrepierna de su compañero y cuando lo vio masajear  su verga erecta, no sintió  ninguna repulsión. Al contrario, su primer pensamiento pasó por  alabar el buen tamaño de polla que se gastaba. Más ancha y casi tan larga como la suya.

Ver la ruda mano pasearse a lo largo de la robusta verga. Deleitándose en ello y con una parsimonia poco habitual. Le llevó a imitarlo y, como si fuera un juego de críos, comenzó a emular sus movimientos. En unos segundos las manos derechas de  ambos recorrían el tronco de su polla  muy despacio, hacían una pequeña pausa en la cabeza y volvían a deslizarse hasta la pelvis. Un movimiento cíclico que los tenía con las emociones a flor de piel.

Aun así, era tanto el respeto mutuo que los dos muchachos se tenían que no pronunciaron palabra alguna, No obstante, no había que ser muy perspicaz para darse que aquella masturbación uno en frente del otro estaba siendo más que una simple paja para desahogarse. Únicamente había que fijarse en el brillo de lujuria que centelleaba en las miradas que el uno  le dedicaba al otro

Anxo, quizás porque supiera como abrir aquella puerta prohibida,  al notar esa brizna de deseo en los ojos  de su amigo, mostró su miembro viril como si fuera una captura que le hubiera arrebatado al mar y cambió su forma de masturbarse. Si en un principio se la meneaba de forma lenta como intentando cohibir la pasión que bullía en su interior, fue considerar que podría llegar a algo más con Roxelio y, haciendo  alarde de una desvergüenza poco común en él,  comenzó a pajearse de una manera más acelerada  e insinuante.

Aquel aparente cambio de actitud no disgustó en lo más mínimo al otro joven pescador, quien volvió a remedar su forma de masturbarse y se entregó por completo a la lujuria,  olvidando por completo el sentimiento de culpa que notó en un principio.

Era la primera vez que Roxelio miraba  a otro hombre masajearse el miembro viril y le era difícil interpretar el cúmulo de sentimientos encontrados que le embargaba. Emociones novedosa, pero no mero satisfactorias.  Durante un segundo sus ojos grises se clavaron en la azulada iris de su compañero y una pasión prohibida surgió entre ellos.

Fue tanta la fuerza  con la que se masturbaron que, rápidamente y casi al unísono, alcanzaron el culmen y sus cuerpos, entre leves convulsiones de placer, escupieron la caliente y blanca esencia vital.

En el momento en que sus cuerpos recuperaron la normalidad y un interruptor en su interior apagó la locura del sexo. Los dos jóvenes se quedaron mirándose en silencio. A pesar de la confianza y  de la amistad que los unía, no tenían palabras para excusar su comportamiento.  

Si en algo coincidían ambos, era en su culpabilidad por lo acaecido. Roxelio por haber pecado ante Dios y ante su amigo. Anxo por no haber sabido dominar unos instintos que, por mucho que se empeñara en dejar atrás, siempre terminaban alcanzándolo.

Aunque ambos se juraron y perjuraron que no volverían a caminar por aquel sendero, en lo más profundo de su corazón sabían que se estaban mintiendo. Unos sentimientos que unidos a sus hormonas revueltas, propiciaron que su voluntad se volviera pequeña y terminaran cayendo en la trampa que un día tras otro le ponía la lujuria, sin poderlo evitar

Aquel frio veinte de octubre en alta mar, hacía veinte días de su primera paja compartida y en aquel corto período de tiempo  los jóvenes combarreses habían ido  progresando en el conocimiento de sus cuerpos. Ya no se limitaban a mirarse el uno al otro mientras se masturbaban, sino que, poco a poco,  habían ido dado un poco de libertad a los impulsos que reprimían en su interior. Si en un principio se limitaron a acariciar el cuerpo del otro mientras se entregaban a las practicas onanistas, conforme fueron sintiéndose más cómodos el uno con el otro, fueron avanzando hasta llegar a proporcionarse placer recíprocamente.   

 

También fueron aprendiendo a observar entre líneas los gestos de sus compañeros de travesía y de faena. Sabían que, por la manera de algunos de actuar entre ellos, no eran los únicos que combatían la soledad de la mar, compartiendo sus cuerpos en la intimidad de sus camarotes. Sin embargo, no era algo de lo que se hablara, ni siquiera se admitieran ante ellos mismos.

Anxo, en un intento de demostrarse que no era el bicho raro que siempre había creído ser, ha espiado a hurtadillas los camarotes de otros marineros y una vez que otra ha podido escuchar  quejidos de placer en su interior. Suspiros que sonaban tan al unísono, que no podía responder a otra causa que a pasiones compartidas.

Sin embargo, por muy fuerte que sea el deseo que una a dos lobos de mar, nunca será comparable al cariño que les tienen a sus esposas y a sus hijos. Por mucho que disfruten entre ellos, sus encuentros íntimos no tienen para ellos más importancia que simples escarceos. Devaneos que  cada uno de ellos podrá olvidar  cuando vuelva a jugar con su mujer entre las sabanas.

La relación entre Anxo y Roxelio era bastante diferente. Ninguno de los dos, a diferencia de los demás pescadores,  tenía  nadie que le calentara la cama a su regreso al pueblo. Por lo que, esa carencia hizo  que entre los dos surgiera un vínculo más especial que entre los demás. Una relación que, por mucho que los dos muchachos se empeñaran en disfrazar de otra cosa, iba más allá del buen desahogo que les pedían sus cuerpos.

Una vez concluía la cena, los hombres pasaban por el baño comunitario donde se aseaban un poco antes de marchar a sus camarotes en busca del merecido descanso.

Anxo y Roxelio casi siempre eran de los últimos en pasar por la rápida ducha. Aunque el deseo del uno por el otro estaba muy arraigado en sus mentes, se esforzaban por disimularlo y, al verse desnudos, ni siquiera cruzaban una mirada de complicidad, como si ese pequeño desliz los condenara delante de los más veteranos. Ese  inexplicable  pánico a ser juzgados por gente que compartían sus mismos vicios, los tenía siempre con los sentidos en alerta y manteniendo un obligado distanciamiento entre ellos ante los demás marineros.  

Tras espantar la suciedad con un enérgico y rápido baño, secaron sus cuerpos y se pusieron el mono de algodón beige que usaban como ropa interior. Envuelto en aquella desgastada prenda que se marcaba a su cuerpo como una segunda piel, se despidieron de los pocos marineros que aún permanecían de cháchara en la zona de vestuarios y destinaron sus pasos hacia el habitáculo que tenían asignados para dormir.

Fue penetrar en su camarote, atrancar el portalón de madera tras de sí y el geiser de pasión que ambos contenían a duras penas en su interior estallaba de manera fulminante.

Solo les basta una silenciosa y leve mirada para saber que habían entrado en su paraíso personal y que, aunque les hayan hecho creer que Dios está en todas partes, habían comenzado a considerar que lo que sucedía en aquel pequeño hábitat escapaba por completo a su control.

Anxo, sin pensárselo ni un momento, se abalanzó  sobre su amigo y llevó la mano a su entrepierna. No le sorprendió lo más mínimo que su polla estuviera ya dura como una piedra. Su compañero de cuarto al sentir como los dedos se aprietan contra la basta tela que comprimía  su miembro, no pudo evitar emitir un suspiro ahogado.

Ya quedaban lejos los días que pensaba que un rayo divino los iba a fulminar por cometer aquel acto contra natura. Había infringido en tantas ocasiones las leyes del Señor que había ido perdiendo progresivamente el temor a su castigo.

De manera natural, alargó su mano y tocó el abultado paquete del que, poco a poco, se había ido  convirtiendo en su amante. Aunque él siguiera considerando a Anxo simplemente su compañero de trabajo.   Jamás habría imaginado que acariciar la polla de otro hombre le pudiera agradar tanto, ni que notar como aquel cilindro de carne  se iba endureciendo a su contacto, pudiera ser tan placentero

Roxelio, como su amigo no había encontrado el valor para sincerarse con él, ignoraba que la lujuriosa música que los movía no era nueva para Anxo, quien se conocía al dedillo cada uno de los pasos del sensual baile.

No obstante, por temor a ir demasiado deprisa y espantarlo, se había estado tomando aquello con demasiada calma y había estado dejando que fuera  él quien  tomara la iniciativa en todo momento.  Cada uno de los pasos que habían dado en sus momentos íntimos, habían sido porque Anxo consideró que su colega  estaba suficientemente preparado para ello. Aun así, iban demasiado despacio y la paciencia se le estaba empezando a agotar, del mismo modo que los días en alta mar comenzaban a llegar a su fin.

Decidió que, si no quería lamentar toda su vida no haber sabido aprovechar el momento, debía forzar un poco las cosas.

Se miraron fijamente a los ojos, mostrando una ternura que  poco o nada tenía ver con el desenfreno que vibraba en sus entrepiernas. Ambos se habían convertido en el consuelo del otro y  más de una noche fría de soledad,  de marejadas que revolvían  el estómago de la peor manera, la habían pasado el uno abrazado al otro por lo que los sentimientos mutuos habían traspasado el ámbito del desahogo de la lujuria.

Los dos hombres habían dejado muchos miedos y convencionalismos  atrás, cada vez tenían más claro que su forma de actuar, si la practicaba casi todo el mundo en aquel barco, no podía ser tan pecaminosa como le quisieron hacer creer, aquellos que quisieron reprimir su forma de sentir, manipulándolos a través de la fe. ,

Pese a ello,  para sus adentros, seguían  disfrazando lo que sucedía entre ellos de mil formas distintas, no aceptando una realidad que era de lo más evidente, se estaban enamorando.

Debido a esa negación que oprimía su libertad de actuar, sus labios todavía no se habían besado  y se repetían hasta la saciedad  que los abrazos que se daban eran propios del compañerismo. Admitir que aquellos momentos afectivos significaban mucho más, sería como traspasar    la frontera imaginaria que su hombría les había puesto. Un linde que no ponía ningún pero a acariciarse los pechos, las nalgas y, sobre todo, las vergas. 

Aquel día  Anxo, sabiendo que su tiempo juntos tenía fecha de caducidad,  había decidido  arriesgarse y mostrar a su amigo una nueva variedad sexual que, a pesar de lo mucho que lo conocía, no estaba plenamente seguro de si iba acceder a ello o no. Había sopesado mil veces las posibles reacciones de Roxelio y estaba preparado para cualquier cosa, menos para su rechazo.

Mecido por un apabullante silencio que, como un código secreto,  dominaba en sus momentos íntimos, el joven gallego dejó de agarrar  la dura prominencia de su amante y escaló con sus dedos desde su barriga hasta su cara, deteniéndose levemente en su pecho.

Roxelio, al notar el tacto de los ásperos dedos contra su peluda barbilla, sintió como un escalofrío recorría su espina dorsal. Estuvo tentado de no permitir lo que su compañero se disponía hacer, pues lo consideraba un ataque en toda regla a su masculinidad.  Sin embargo, era tanto el respeto que le merecía y lo poco que le gustaba verlo sufrir, que  cedió a sus instintos  primarios. Cuando la boca de Anxo se fue aproximando a la suya, la abrió para dejar pasar su lengua.

En un primer momento ninguno de los dos supo qué hacer. Ambos habían  dejado una novia en el pueblo, pero sus momentos afectivos no habían pasado de cogerle la mano o una rodilla, en los momentos que la carabina hacía como que no miraba. Tampoco en el pasado homosexual de Anxo con su primo, los besos habían tenido protagonismo alguno.

Para los dos fue su primer beso, eran dos niños torpes dando sus primeros pasos y con mucho temor a caerse. No obstante, en el momento en que las puntas de sus lenguas se tocaron,  una electrizante punzada de placer golpeó sus cerebros y aprendieron de inmediato lo que debían de hacer.

Mientras las manos de uno apretaban las mejillas del otro, tal como si quisieran absorber su esencia vital, sus alientos se mezclaron de un modo que les pareció de lo más gratificante y  durante un intenso instante el mundo exterior  dejó de existir para ambos.

Se olvidaron  de que estaban en un barco, rodeados del  intenso aroma a humedad  y a pescado. Se olvidaron de sus compañeros de faena, de su familia y de su pueblo, un lugar al que pronto deberían  regresar y donde le sería completamente imposible  volver a compartir aquellos momentos que tanta felicidad le aportaban.

Anxo separó sus labios de su amante y, dejando una distancia suficiente entre ellos, observó minuciosamente al   pedazo de hombre que tenía ante sí.  A pesar de su juventud, tenía un cuerpo completamente formado y poseía un cuerpo robusto que rezumaba virilidad por los cuatro costados. Si a su musculatura, se le sumaba su altura y la generosidad que emanaban sus ojos negros, que lo hacía parecer aún más hermoso de lo que era.  El joven marinero no se podía sentir más afortunado por poder compartir sus momentos íntimos con alguien como él.

Sin dejarle tiempo a reaccionar, se abalanzó de nuevo sobre él y lo volvió a besar. En aquella ocasión, roto el hielo de la vergüenza, la pasión con la que se tocaron sus labios superó a la primera.

Entregados como estaban,  se comenzaron a desembarazar con frenesí  el calzón enterizo que los cubría . En unos minutos, y sin dejar de besarse como posesos, la ropa interior descansaba en el suelo y sus fornidos cuerpos mostraban su desnudez natural.

Los dos hombres, quizás por decoro, quizás por miedo a aceptar una realidad que temían aceptar, habían n tenido muy pocas ocasiones  de contemplarse  completamente desnudos, sin temor a que sus compañeros les pusiera el temido sambenito de maricas.  Haciendo alarde de un descaro inusual en ellos, ambos se quedaron  mirando fijamente el cuerpo del otro, propiciando que la lujuria terminara brillando picaronamente en sus miradas.

Roxelio deslizó la mirada desde el rostro de su compañero, hasta llegar a sus pies. No había nada que no le agradara en demasía de él, sus ojos azules, su cabello rubio, su barba rizada y poblada. Su fornido pecho cubierto por una manta de rubio vello, su dura barriga, sus piernas duras y peludas, su culo redondo y, sobre todo, su polla ancha.

Le costaba admitirse a sí mismo que  la gustaba la protuberancia que brotaba de la pelvis de su amigo. Pero sentirla entre sus dedos lo volvía tan loco que, aunque no comprendiera  muy bien donde encajaban sus preferencias sexuales, se trataba de una gratificante sensación a la que no estaba dispuesto a renunciar.

Su compañero,  al igual que él, solo contaba con veintiún años. No obstante  la madurez que emanaban sus rasgos recordaban que había dejado atrás por completo su niñez y era todo un hombre en el mayor sentido de la palabra.

Anxo, no sabía muy bien  que era lo que le atraía  más de su amante, si su piel morena tostada por el sol, aquel pecho ancho cubierto por una mata de pelo rizado ,su larga y dura polla o esa ingenuidad que brotaba de sus enormes ojos negros. Dos espejos del alma que se encargaban de recordar a todo el que lo trataba que, a pesar de que su rostro curtido y varonil lo hacían parecer mayor de lo que era, en lo más profundo de su corazón seguía siendo un niño todavía.

Por primera vez desde que empezaron los furtivos encuentros y gracias al poder de dos besos,  ambos fueron  conscientes  plenamente de lo que sentían  el uno por el otro.  No tenían muy claro si era cariño fraternal u otra cosa parecida, fuera lo que fuera iba mucho más allá de una gran amistad.

Sin pensárselo un segundo, el marinero rubio dejó de mirar a su compañero y  se abrazó a él con todas sus fuerzas. Durante unos intensos segundos sus pechos palpitaron el uno junto al otro.  Tras darle un beso corto, deslizó su boca por su pecho hasta llegar a sus tetillas. Levantó la mirada y buscó la complicidad en los negros ojos de su amante, encontrado en el silencio de aquellos el ansiado permiso para lo que se disponía hacer.

Durante unos momentos besó sus pezones. Ante el estímulo del roce de su lengua,  sus tetillas se tornaron duras como dos chinchetas de carne. Dos pequeñas montañas que parecían suplicar que las chuparan hasta la saciedad y a las que Anxo mimo todo lo que pudo.   Oír los leves jadeos que brotaban de los labios de Roxelio consiguieron dar  la confianza necesaria al joven rubio que, sin meditarlo lo más mínimo,  deslizó su boca por el pecho y la barriga de su amante hasta llegar a su pelvis.

Cuando sus labios rozaron la tiesa polla de su compañero, se arrodilló ante él de forma tan  parsimoniosa que, durante unos segundos, el tiempo pareció detenerse a su alrededor.

El instante que permaneció  prostrado ante aquel fornido barbudo, observó meticulosamente  su miembro viril y lo olisqueó por precaución,  como si esperara que de él emanara un olor nauseabundo. Sin embargo, un agradable olor a jabón le dejó claro que llevarse aquel trozo de carne y sangre a la boca podía ser una experiencia de lo más deliciosa. Tímidamente lo tocó con la punta de la lengua.

Roxelio, al notar en su verga el paladar de su amigo, se vio embargado por un cumulo de sensaciones tan desconocidas para él, como satisfactorias. Su primera reacción fue el presentimiento de  que se iba a correr sin remisión, sin embargo, no fue así y sintió  como su placer se prolongaba.   

El joven rubio levantó la mirada y contempló como en el rostro de su compañero, quien permanecía con los ojos cerrados, se dibujaba un gesto de alegre satisfacción. Si en algún momento tuvo reticencias en hacer su fantasía realidad, porque a su amigo no le parecieran bien, fue contemplar la agradable sonrisa que se pintaba en su cara y sus inseguridades desaparecieron como si nunca hubieran existido.  

Saber que estaba haciéndolo disfrutar, propició que Anxo se metiera la cabeza del enorme tarugo entre los labios y la succionara como si fuera un dulce caramelo.

Aunque en un principio, la falta de práctica  dio como resultado una mamada de lo más torpe, fue flanquear la frontera de lo prohibido y  la comunión de su boca con la polla de Roxelio se convirtió en  algo único.

Durante unos segundos el recuerdo de las ocasiones que le chupó la polla a su primo invadió sus recuerdos, propiciando que una momentánea sensación de mal estar viniera a visitarlo.  No obstante no estaba dispuesto que una experiencia que debería haber olvidado hacía mucho tiempo ya, le estropeara aquel maravilloso momento. Sin pensárselo se entregó como un poseso  a la tarea de hacer disfrutar al pedazo de hombre que tenía ante sí y devoró su falo hasta la base.

Una vez el duro mástil de carne se acomodó en su cavidad bucal , el joven rubio atrapó los gordos cojones  con su mano y comenzó a jugar con ellos, para después chupetearlos de forma golosa.  

Aquello parecío gustar a Roxelio quien, mientras su compañero le lamía los huevos compulsivamente, se comenzó a masturbar muy despacio, como si quisiera con ello prolongar el placer que estaba sintiendo.  

Anxo, sin dejar de chupar ni por un segundo las peludas pelotas de su amante, se comenzó a pajear también.

A pesar de que ambos deseaban retrasar al máximo el momento de la eyaculación,  la excitación que los invadía era superior a la  que sus cuerpos podían  soportar y de la punta del nabo del pescador moreno comenzaron a brotar unos trallazos de esperma que fueron  a parar al rostro de su amante. Una cantidad tan copiosa que terminó impregnando gran parte de la barba rubia de su compañero de camarote.

El caliente esperma resbalando por su rostro sirvió de acicate para que buscara  su placer propio y se comenzó a masturbar de forma precipitada. Unos instantes más tardes, al igual que su amante, termino expulsando una abundante cantidad de semen.  

De nuevo el tiempo pareció detenerse y Anxo volvió a perder la constancia de donde estaba. Fue necesario que los brazos de su amante tiraran de él y lo aprisionaran contra su pecho, a la vez que le preguntaba. 

—¿Qué hemos hecho? ¿Nos estamos volviendo maricones?

El joven rubio estuvo tentado de decirle que no hay nada malo en ser maricón, sin embargo, como no quería perderlo, le contó una mentira piadosa:

—No, esto que hemos hecho es un desahogo físico, un polvo entre machos.

—Malo será —Fue la escueta respuesta que le dio el otro pescador, al tiempo que se encogía de hombros.

15 de agosto del 2010 (Hora de la siesta profunda).

3                                                               ******JJ******

Después del pedazo de polvo que hemos echado, he ayudado al osito  a cambiar las sabanas y me he tendido junto a él. Me abrazo a Roxelio como si fuera un peluche y me intento quedar dormido.

No transcurre ni dos minutos  y el gallego, para que después nos carguen con el sambenito a la gente del sur, se termina pegando una profunda siesta. Le toco la churra y hago un amago de masturbarlo, pero el muchacho ni se cosca. Así que lo de un segundo round donde me meta la polla hasta los huevos, queda descartado.

Por lo que, por segunda vez en un día, me quedo sin saber que se siente al tener el cipote  del gallego en el ojete. Eso sí, me he tomado dos biberones de leche calentita como a nadie le importa. No sé por qué,  por lo que se está haciendo de rogar el muchacho, creo que cuando me la encasquete hasta el fondo,  me va a parecer la hostia en pepitoria.

Pese a que estoy súper agotado, no consigo relajarme y darle al cuerpo el descanso que me está pidiendo. La verdad es que cuando tengo un macho empotrador a mi lado, lo único que se me antoja es follar como un descosido y no a ponerme a contar ovejitas. Ya tendré tiempo de descansar…

Me toco el pelo y descubro que lo tengo pringoso, el muy cabrón cuando se ha corrido me ha llenado todo de leche. No solo me ha dado un buen biberón, sino que  parece que me ha largado un buen trallazo en el pelo y por lo que no puedo notar al pasar la yema de mis dedos  por mis cachetes, la cara también la tengo pringosa. Litro y medio de esperma marca ACME.

¡Madre de Dios! Las vacas buenas serán de Asturias, pero los toros parecen que son de esta tierra. ¡Cómo voy a echar de menos  a los buenos   sementales gallegos  cuando esté en Sevilla!

Me aparto con cuidado de mi recién estrenado amante, me pongo los slips y me dirijo hacia la ducha. No sea que se me olvide lavarme el pelo  y , a la hora de salir, me convierta en la versión mariquita de  “Algo pasa con Mary”.

Pongo el agua a temperatura media, ni muy fría, ni demasiado caliente y me sumerjo bajo ella.  Es envolverme en la cristalina cortina y una sensación de relax, de paz me invade por completo…

Aunque no por mucho tiempo. Es lo que tiene los problemas de consciencia que cuando menos lo esperan, te acorralan sin remisión.

Mientras me enjabono la cabeza, una pregunta que vengo aplazando se pone a repiquetear en mi cabeza. ¿Qué nueva trola le voy a contar a  Mariano cuando caiga en la cuenta de que lo he traído engañado a este viaje?

Ninguna de las excusas que se me ocurren me parecen buenas y todas me dejan como la mala persona que estoy resultando ser. Si  es mi mejor amigo, ¿por qué coño le hago estas cosas?

Estoy precisando urgentemente una sesión con mi terapeuta… Nada más que llegue a Sevilla, llamo a Evaristo para que me dé cita.  Espero que ya se le haya pasado el cabreo  y me coja el teléfono. No entiendo que alguien que me fuerza a ser sincero con mi entorno,  y encima me cobra un pastón por ello, se enfade porque le diga que  no buscaba en él nada serio y que solo me interesó para un polvo.

En fin, otro problema más en el que me meto por ser adicto a las polla.

Lo único que tengo a mi favor en mi dilema con Mariano es que   él tampoco se ha metido a monja y está follando casi más que yo. Pero, con lo que él valora la confianza y la sinceridad, seguro que se coge un cabreo de campeonato por haberle manipulado de esta forma.

¡Qué hijo de puta soy, con la que paso el pobre con el cabrón de Enrique! Está claro que el día que explicaron en clase  lo de tener empatía, me puse  a leer el manual de cómo ser un puto egoísta con la gente que te importa.

Espero que cuando le cuente la historia que tengo montada para este viaje, lo coja con un día bueno  y nos echemos unas buenas risas. Porque es capaz de enfadarse hasta el punto de retirarme la palabra por siempre jamás y volverse para Sevilla. Crucemos los dedos y esperemos que el osito menor sea casi tan bueno en la cama como su hermano, porque bien follado y bien comido el curita es bastante más tolerable que cuando le pegan un mal polvo.

Continuará en : “Algo más que amistad”

11 comentarios sobre “Polvo entre machos

  1. En lo particular no entiendo a que viene la historia de Anxo y Roxelio, pero supongo que sera para ponernos en contexto de algo que tiene que ver con él Roxelio de los 50’s y él Roxelio del 2010..
    Lo que si me queda claro es que JJ sigue con sus misterios sobre ese viaje y que no va a quedar solamente en la visita a los dos osos..
    Supongo también que tendremos que esperar para ver que otros “sospresas” nos tiene guardadas a mi querido Mariano y a nosotros los lectores..
    Un gran saludo y un fuerte abrazo mi admirado Mschi..

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    1. Hola Dedmundo:

      Una alegría leerte por aquí. Lo primero preguntarte como te está afectando en lo personal la puta pandemia esta. Yo afortunadamente, de momento, a pesar de que tengo una hermana sanitaria y estamos siempre en riesgo, hasta ahora no ha habido afectados.
      En cuanto a la historia de Anxo y Roxelio, comentarte que es la parte clave del arco argumental ( no sé si lo dije alguna vez por ahí, pero se llama el Gay pescador) todavía quedan al menos tres capítulos.
      Aunque quería crear un poco de desconcierto entre los lectores cuando lo leyeran, te daré una pequeña pista. ¿Qué edad debería tener Roxelio ahora si tuviera veinte años en los años cincuenta?
      Y sí, me queda bastante que contar, hace poco lo termine de abocetar y ahora lo que me queda es ponerme las pilas para ir publicándolo.
      Un abrazo y espero que te encuentres bien.

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  2. Hola de nuevo mi querido Machi..
    Muchas gracias por tu interés por como me esta yendo con esto de la pandemia..
    Decirte que me alegro mucho que tu y tu hermana esten bien a pesar de la exposición a la que ella esta sometida por su trabajo..
    Decirte también que yo estoy bien y que afortunadamente nadie de mi familia se ha enfermando por el virus..
    Por las características de mi trabajo la gran mayoría de los bomberos de mi ciudad seguimos trabajando normalmente, solo mandaron a su casa a algunos compañeros que por edad o por enfermedad mórbida tienen mayor riesgo..

    Y en cuanto a que edad tendria Roxelio en la actualidad del relato si fuera él de 1952..?
    Tendria 58 años, lo que me hace pensar que él Roxelio del 52 podria ser el padre del Roxelio del 2010..
    Pero tu mencionas, que el Roxelio de 1052 podria tener 20 años en ese momento, y tomando en cuenta que a Mariano y JJ les gustan los hombres tirando a maduros, el Roxelio del 2010 tendría 38 años..
    Esto nos haria suponer que Roxelio grande ya tenia un hijo pequeño o que no paso mucho tiempo despues de su encuentro con Anxo y se caso y tuvo a su hijo.
    Pero mira que estos dos personajes Roxelio y Anxo me dieron para mucha fantasía..
    Incluso llegue a pensar que los dos Roxelios son uno mismo y que Anxo es German, que son una especie de apariciones estilo fantasmas y que Mariano y Juan Jose estan teniendo un encuentro espectral jejeje..
    O que al final sea un sueño de alguno de los dos amigos..
    Al fin y al cabo ya nos la hiciste con la historia de los camioneros, que es la que antecede a esta en la que estamos.
    Un fuerte abrazo mi querido Machi.

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    1. Hola Dedmundo:

      Me alegro que tú y tu familia no hayáis enfermado. Esperemos que aprendamos a vivir con esto pronto y que pronto el virus sea un puto recuerdo.
      En cuanto a la historia de Roxelio y Anxo, es algo que tengo que contar para que se entienda la historia de los dos hermanos y no es un sueño.
      Como te he dicho lo tengo completamente abocetado, estoy escribiendo la siguiente entrega, pero no paro de corregir y tal, por lo que tardaré un poquito. Además hay que sumarle los momentos que me quedo atascado que me pongo con otras historias, que empujan por salir con más fuerza. Espero que no te estés perdiendo la historia de Enrique y Mariano.
      Muchas gracias por seguir ahí todavía y un abrazo muy fuerte.

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      1. Por supuesto que no me estoy perdiendo la historia de Enrique y Mariano..
        Y me da mucho gusto que a Enrique le hayss dado vida propia y no haya quedado como algo anecdótico de un recuerdo de Mariano..
        Siempre estoy al pendiente y a la espera de lo nuevo que publicas..
        Las reediciones de los relatos anteriores, aun que tengan algo nuevo ya los conozco por que incluso hay algunos que me los lei mas de dos veces..
        Y estan bien para las nuevas generaciones de lectores que estan descubriendo los relatos de Machi o Machirulo que fue como yo y mechos mas te conocíamos hace años atras..

        Le gusta a 1 persona

  3. Pues tendremos que volver a leer la saga desde el principio pero no llegamos a tanto como edmundo 🤷🏻‍♂️. Esta es uno de los blogs que más se lo curran con historias sexuales de chicos y la verdad… a nosotros nos encanta jj, Mariano…. en los demás ves un cuento de un día aquí… acabas conociendo a los personajes, poniéndose en su piel..
    Muchas veces xq también lo estuviste 🥰😂… igual no hay que ir tan allá 🤷🏻‍♂️ igual machi, se tienen que poner las pilas y empezar desde el principio 🤷🏻‍♂️ no lo sabemos 🤷🏻‍♂️ solo llevamos un año leyéndolo 🤷🏻‍♂️ pero… es, el único blog de historias gay que nos gusta 🥰 y no nos da vergüenza decirlo e ? Xq a parte… de sexo entre chicos… publica otras cosas súper interesantes 💪que incluso nos gustan más 🤷🏻‍♂️ pero cada uno hace lo que le gusta y ole tus huevos machi 💪 porque nadie lo hace como tu
    Es muy fácil escribir un poco de sexo y acabar pero tu…. vas presentando a gente,alguna como jj, que ya conocemos, su exnovio, viajes… esto… es lo que mola! Una historia, que no tiene fin, pues “es la vida” de cualquiera… tenemos que decir, que hoy, estamos un poco bebidos 🤷🏻‍♂️ pero te podemos asegurar que nos encanta como escribes y la vida que le das a cada uno de tus personajes. Eres diferente, eres bueno escribiendo, único 💪. Sigue así corazón ❤. Y no cambies, cada vez lo haces mejor 💪. Y si tienes que repasar algún año 🤷🏻‍♂️ para que alguno d tus personajes sea mejor..m pues hazlo 😂 aunque a nosotros nos pone cachondos igual 😂

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    1. Hola mis queridos galleguiños:
      No sabe lo que me acuerdo de vosotros con la puta pandemia, la de ganas que tendréis de que todo esto pase para poder viajar a lo largo y ancho de nuestro querido planeta, sin restricciones de ningún tipo.
      La verdad es que esto de escribir, como todas las cosas que te gustan mucho, la descubrí de casualidad. Si te pones a buscar literatura erótica homosexual, la verdad es que se puede contar con los dedos de la mano. La mayoría son traducciones y, salvo “Las edades de Lulú”, las obras españolas dejan mucho que desear.
      ¿Por qué digo esto? Porque a los que nos gusta el erotismo/porno escrito (nunca he sabido vislumbrar cual es la diferencia entre uno y otro), solo nos queda la de acudir a páginas webs donde los autores amateur (entre los que me incluyo) en mejor o menor medida saben alimentar nuestra libido.
      Tras meses leyendo en Todorelatos (y otras webs similares), me di cuenta que los relatos (salvo algunos autores que se convirtieron en mis favoritos) los había de dos tipos: los que eran sexo de aquí te pillo aquí te mato, más parecido al guion de una peli porno que otra cosa y los que se llevaban cientos y cientos de páginas para un acercamiento sexual. Vi que, salvo ocasiones, no había un punto intermedio.
      Además, si algo tenía la página en el momento que ingresé, es que todos los autores parecían estar obsesionados con la corta edad de los protagonistas, daba la sensación de que los hombres a partir de los veinticinco dejaban de tener atractivo sexual. Por lo que, basándome en algunas vivencias particulares mías (a las que adorné un poquito por aquello de novelizarlos y que los protagonistas no se pudieran ver reflejados) publiqué tres historias siguiendo estas pautas, personajes mayor de los treinta, personajes más o menos reales y sexo con sentimientos.
      —El blues del autobús
      —La lista de Schindler
      —Celebrando la victoria
      Las historias fueron un éxito y aquí me tenéis que no paro de escribir.
      Una preguntita: ¿Estoy metiendo mucho la pata con el idioma gallego o estoy siendo moderado?
      Un besote muy fuerte y no sabes cuánto me alegro de que os guste lo que escribo.
      Post data: Esto es sin copitas, no vea lo que soy capaz de soltar con un whisky al lado.

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