Polvo entre machos

15 de agosto del 2010 (Hora de la siesta profunda).

1                                                               ******Mariano******

La polla de German, babeante de líquido pre seminal, se alza como un faro en medio de una tormenta y la boca de JJ, cual barco a la deriva, se estrella con ella. Engulle primero su cabeza, para terminar tragándose el erecto sable como si fuera un artista de circo.

Tan ensimismado estoy con la imagen de mi amigo mamando la polla del menor de los gallegos, que apenas noto que Roxelio cambia el dildo que tengo en mi ano por otro mayor. El gozo que me embarga no tiene parangón.

Una vez se cansa de meter y sacar el objeto extraño de mi ojete, lo deja bien encasquetado y se pone de píe junto a su hermano. 

Ante mí se levanta una estatua de músculos y testosterona, esculpida con el único propósito de hacerle la vida más feliz a sus semejantes.

Sin apartar la mirada de la trepidante mamada que JJ le está metiendo a mi osito, estiro la mano para agarrar el hermoso miembro viril de su hermano.

En el momento que estrujo el vibrante mástil entre mis dedos, un brusco sonido distrae mi atención. Una parte de mí desea chupar el cimbreante lirio sexual que tengo ante mí, sin embargo mi curiosidad es superior y busco la causa del atronador ruido.

Giro la cabeza, abro los ojos e, inevitablemente, me despierto…

No estoy en el salón de la casa follando como un descosido, estoy en la cama durmiendo la siesta con German.

¿Por qué tras una sesión de sexo del bueno, mi primer sueño es erótico? No entiendo que, después de quedarme satisfecho hasta niveles que ni sospechaba que pudiera alcanzar, mi psique siga transitando por los caminos de la lujuria. Será que soy más promiscuo de lo que me gusta pensar.

Lo peor ha sido  la historia que me he montado, de nuevo vuelvo a imaginar  tener sexo con Roxelio, mientras que JJ lo tiene con su hermano. Menos mal que los ronquidos de mi recién estrenado amante me han sacado del mundo onírico, porque me he despertado más empalmado que me acosté. No iba a ser la primera vez que me corro en sueños y una enorme mancha de esperma en los bóxer solo tiene una explicación plausible.

Espero que no haya hablado en sueños, o si no el concepto de tío legal y demás que se pudiera haber llevado German de mí, se habrá esfumado como un móvil abandonado en la puerta de un instituto.

¿Pero qué tonterías me estoy diciendo? ¿Qué buena impresión ni que niño muerto?  Cuando dejaré de pensar como un tío inmaduro empeñado en caerle a todo el mundo bien, aunque sea a costa de reprimir mis instintos más primarios. ¿Cuándo aprenderé a aceptar mi realidad?

Estos dos, a los que Jota miente cuando dice que los conoce del trabajo, lo que quieren es pegarse un buen lote de chingar con nosotros y si te vi no me acuerdo. Es mi sino. Un polvo maravilloso y vestirme deprisa para pasar página. Las relaciones estables se llevan tan bien conmigo, como el agua con el aceite.

Sé que soy la última persona del mundo que puede reprochar su falta de sinceridad a nadie. Mi vivir en el fondo del armario y sin compartir confidencias sobre mis preferencias sexuales con la gran mayoría de mi entorno afectivo, no me legitiman para pedir franqueza a JJ.

Mi amigo del alma me trae engañado a Villa del Combarro, donde dice que conoce a dos pescadores del trabajo. ¡Mentira cochina! No me veo a estos dos comprando equipos industriales al por mayor. Este los habrá conocido en alguna salida nocturna de las que se pega, intercambiarían teléfonos y no ha tenido otra cosa que traerme para que me una a él en su búsqueda del nabo perdido.  

En el fondo no me puedo quejar por su iniciativa. Si no hubiéramos aparecido por aquí, me hubiera perdido uno de los mejores polvos de mi vida, ¡vaya follada que me ha metido el menor de los hermanos!

Otra cosa, no soy yo el más fisionomista del mundo, pero para mí que estos no son hermanos, sino pareja. Creo que se han montado esa historia de que son familia para que la gente del pueblo no los critique en los corrillos de bares y plazoletas.

En fin, espero que alguien me cuente qué demonios pasa aquí, porque comienzo a estar un poco escamado y, por muy buenos que estén los supuestos hermanos, no me gusta ir a ciegas por la vida. Si Jota no cuenta nada, se lo voy a preguntar a las claras en la cena. La base de cualquier tipo de relación es la franqueza, ya bastantes mentiras soporté durante mi relación con Enrique.

Octubre de 1952

2                                                     ******Anxo y Roxelio******

Cuarenta días sin pisar la costa llegan a ser demasiado y nadie se termina de acostumbrar a ello por completo, aunque lo lleves,  como dicen sus mayores, en la masa de la sangre.

Roxelio es el más joven de una saga de pescadores. Su padre, su abuelo, su bisabuelo y quizás más allá de su tatarabuelo, todos tuvieron el mismo oficio que él. Toda una tradición familiar. A pesar de ello, no puede evitar echar de menos a su gente. 

Sin embargo, los días que el mar muestra su cólera, es como un  descanso para la cuadrilla de pescadores  pues se hace imposible faenar. Son en esos días en los que la tripulación del San Telmo están más desanimados y les da por pensar si merece la pena este maldito trabajo que no les permite disfrutar de los suyos, pero su rabia rápidamente se convierte en impotencia, pues sabe que si no salen a pescar , sus familias no tendrán nada que llevarse a la boca.

La década de los cincuenta en España es una época donde el  silencio de tus protestas te hacen mejor persona. Alguien que no busca problemas y va a lo suyo, se convierte en un trabajador modelo para los patrones que ven como pagando sueldos ínfimos, su patrimonio va aumentando día por día.

Ser alguien reivindicativo, además de poder ocasionarte problemas legales, propicia que los que seleccionan el personal para las largas travesías en alta mar, no te tengan en cuenta y te quedas sin ganar un jornal que, aunque no sea muy grande, es más que indispensable.

Todos los pescadores que viajan en el San Telmo son mano de obra prudente. Personas que soportan las condiciones adversas del mar, con la misma paciencia que la dura faena diaria.  

Entre los hombres que faenan en la embarcación, hay muchos que piensan que la ambición de los patrones nunca tiene fin y que si fueran ellos los que tuvieran que soportar  los fuertes temporales, los hielos y las nieblas de esa parte del mundo, el regreso a casa no se haría de esperar. Sin embargo, han sido educados en la sumisión al poderoso y, en un intento de auto convencerse, se repiten el dicho popular de «Donde hay patrón, no manda marinero».

Los cincuenta individuos que forman la tripulación saben que si llega alguna queja a oído de quien paga su salario, la próxima vez que los barcos salgan a faenar, se quedaran en tierra firme y las posibilidades de poder llevar sustento a su familia se verían reducidas casi a la nada.

Las enormes curbetadas y que el barco no soporte ya más carga de pescado, no significan el final de la travesía.  El capitán de la nave pesquera tiene ordenes explicitas de seguir explorando los caladeros del Atlántico noroeste y encontrar nuevos bancos de bacalao. Una encomienda laboriosa  y poco renumerada que hace más insoportable la carencia de sus seres queridos.

Lo peor de esta búsqueda es que son días perdidos para los marineros, no habrá más pesca de la que hay y por tanto su jornal apenas se verá incrementado.  

Explorar el mar a la aventura en busca de nuevos caladeros, se convierte en horas eternas en las que, cuando el mar está en calma  y no hay que capear el temporal, los pescadores intentan atenuar el aburrimiento de ese tiempo muerto jugando a las cartas, cantando canciones, contando historias y cualquier cosa que pueda aliviar la nostalgia de la tierra firme.  

En estos ratos de ocio, los hombres llegan a confraternizar de una forma que no tiene parangón. Una camaradería que, en nos pocos casos, hace surgir un vínculo mayor que la amistad entre algunos de ellos. Algo lógico sabiendo que en más de una ocasión la vida depende de la persona que tienes a tu lado.

Roxelio y Anxon, a pesar de ser del mismo pueblo y tener más o menos la misma edad, no habían conversado apenas antes de embarcarse en el San Telmo. El primero pertenece a una familia de combarreses de muchas generaciones, los padres del segundo se habían instalado en el pueblo, hacia unos pocos años, en busca de un jornal que ganar en la mar.

Para todo el mundo en el pueblo son unos forasteros. Unos individuos que, llegado el momento, pujaran con ellos para llevar un salario a casa y, por el simple hecho de nacer en otro lugar, consideran que no tienen derecho a hacerlo.

El egoísmo y los perjuicios ante lo desconocido habían hecho surgir entre los dos jóvenes una insana enemistad que, a decir verdad, no tenía ningún motivo de ser. No había ninguna ley, ni terrenal ni divina, que impidiera a la familia de Anxon buscarse el sustento en un pueblo que no lo había visto nacer.

Al ser de edad similar, en el reparto de camarotes cayeron juntos. Sin querer, lejos de la influencia  y de las ideas preconcebidas de la gente del pueblo, una relación afectiva surgió entre ellos. Una amistad en la que el intercambio de  confesiones sobre familia, soledad y trabajo estaban a la orden del día. Compartían tantas horas que el uno se convirtió en el refugio del otro, creciendo entre ellos un cariño que iba más allá del compañerismo.

Sin embargo, las conversaciones sobre sexo, a pesar de que era habitual escuchar conversaciones picantes entre los otros pescadores, se había convertido en una especie de tabú entre los dos muchachos. Sobre todo porque en cada ocasión que había salido el tema a coalición, Anxo había desviado la charla hacia otros derroteros.

No es que el joven gallego fuera un mojigato al que le asustara el mundo de las pasiones sórdidas. Es que temía que, al igual que le pasó con un primo suyo de su pueblo natal, las intimidades dieran lugar a una relación prohibida que terminara propiciando un distanciamiento con su compañero de camarote. Ni quería, ni estaba preparado para perder su confianza. 

Sin embargo, no se le pueden poner puertas al campo y lo que tenía que ocurrir, ocurrió. Una noche, mientras su compañero se aseaba, Roxelio que andaba muy caliente, aprovechó para masturbarse. En teoría, le daba tiempo sobrado y  hubiera alcanzado el orgasmo antes de su regreso, pero se empeñó tanto en prolongar su momento de placer que fue pillado en plenas prácticas onanistas.

La seductora imagen del joven pescador con los pantalones y los calzones bajados hasta la rodilla, consiguió turbar a Anxo hasta el punto que el pulso se le aceleró y, sentimientos que creía olvidados, se aferraron a su pecho como los únicos posibles.

Sobrepasada la sorpresa inicial, volvió a pasear la mirada por el fornido y joven gallego. Casi dos metros de masculinidad, rebosando testosterona por los cuatro costados que, de manera no deseada, despertaron de manera desorbitada un deseo contra el que luchaba cada día y a los que esta hastiado de combatir. Se lo jugó todo a una carta y sacó a pasear sus instintos más primitivos, sin pudor alguno.    

No sabe de dónde sacó el valor para no desviar la mirada y salir huyendo de allí. Lo que sí tenía claro es que la imagen de Roxelio agarrándose su polla, no le desagradaba en lo más mínimo. Al contrario, le parecía la escena más excitante y deseable que había visto en mucho tiempo.

Su compañero, preso de las fuertes restricciones religiosas de la época, no supo que decir o que hacer ante la pequeña invasión de una intimidad de la que no se creía dueño.  

Anxo, por su parte, armándose de valor, se limitó a sonreír picaronamente  y le dijo:

—Sigue… Yo venía a meneármela también, si quieres te acompaño.

La inusual petición lo cogió con el paso cambiado, no sabía si lo que proponía su amigo era pecado en mayor o menor medida de lo que estaba haciendo. Ignoraba si las llamas del infierno, como decía el párroco del pueblo, serían más mortales en un caso que en otro. Durante unos segundos se quedó pensativo sin saber que decir, Una vez se convenció a sí mismo de que  el castigo divino por pajearse solo sería   igual al de hacerlo acompañado, accedió a la particular petición.

Observar a Anxo desabrocharse los botones del peto y bajarse los pantalones sin darle mayor importancia a lo que estaba haciendo, le insufló la tranquilidad que necesitaba, tornando la flacidez de su polla de nuevo en dureza.

Pese a que no encontró  ninguna explicación aparente, notó  que no podia apartar la mirada de la entrepierna de su compañero y cuando lo vio sacar su verga erecta, no sintió  ninguna repulsión. Al contrario, su primer pensamiento pasó por  alabar el buen tamaño de polla que se gastaba. Más ancha y casi tan larga como la suya.

Aun así, es tanto el respeto que le merecía su compañero de camarote que no pronunció palabra alguna, aunque el brillo que centelleaba en sus ojos era  de lo más esclarecedor.

Anxo, al notar esa brizna de deseo en la mirada de su amigo, mostró su miembro viril como si fuera una captura que le hubiera arrebatado al mar y comenzó a pajearse de manera desvergonzada y el otro joven pescador se puso a hacer lo mismo, olvidando por completo el sentimiento de culpa que notó en un principio.

Por primera vez en su vida, Roxelio miró a otro hombre masajearse el miembro viril. Le era difícil interpretar las emociones que le embargan, lo que tenía claro es que eran tan novedosas como gratas.  Durante un segundo sus ojos grises se clavaron en la azulada iris de su compañero y una pasión prohibida surgió entre ellos.

Fue tanta la fuerza  con la que se masturbaron que, rápidamente y casi al unísono, alcanzaron el culmen y sus cuerpos, entre leves convulsiones de placer, escupieron la caliente y blanca esencia vital.

En el momento en que sus cuerpos recuperaron la normalidad y un interruptor en su interior apagó la locura del sexo. Los dos jóvenes se quedaron mirándose en silencio. A pesar de la confianza y  de la amistad que los unía, no tenían palabras para excusar su comportamiento.  

Si en algo coincidían ambos, era en su culpabilidad por lo acaecido. Roxelio por haber pecado ante Dios y ante su amigo, Anxo por no haber sabido dominar unos instintos que, por mucho que se empeñara en dejar atrás, siempre terminaban alcanzándolo.

Aunque ambos se juraron y perjuraron que no volverían a caminar por aquel sendero, en lo más profundo de su corazón sabían que se estaban mintiendo. Unos sentimientos que unidos a sus hormonas revueltas, le hicieron perder la batalla a su voluntad. Cayendo más veces de las que hubieran imaginado en la trampa de la lujuria. 

Hoy, hace veinte días de aquel suceso y los jóvenes combarreses han avanzado en el conocimiento de sus cuerpos. Ya no se limitan a mirarse el uno al otro mientras se masturban, sino que recíprocamente se dan placer o  acarician el cuerpo del otro mientras lo hacen.

También ha aprendido a observar entre líneas en los gestos de sus compañeros de travesía y de faena. Saben que, por la manera de algunos de actuar entre ellos, no son los únicos que combaten la soledad de la mar, compartiendo sus cuerpos en la intimidad de sus camarotes. Sin embargo, no es algo de lo que se hable, ni siquiera se admitan ante ellos mismos.

Sin embargo, por muy fuerte que sea la pasión que una a dos lobos de mar, nunca será comparable al cariño que les tienen a sus esposas y a sus hijos. Por mucho que disfruten entre ellos, sus encuentros íntimos no tienen para ellos más importancia que simples escarceos. Devaneos que  cada uno de ellos podrá olvidar  cuando vuelva a jugar con su mujer entre las sabanas.

La relación entre Anxo y Roxelio es bastante diferente. Ninguno de los dos, a diferencia de los demás pescadores,  tiene nadie que le caliente la cama a su regreso al pueblo. Por lo que, esa carencia ha hecho que entre los dos haya surgido un vínculo más especial que entre los demás. Una relación que, por mucho que los dos muchachos se empeñen en mentirse, va más allá del buen desahogo que les piden sus cuerpos.

Nada más concluir la cena, los hombres pasan por el baño comunitario donde se asean un poco antes de marchar a sus camarotes en busca del merecido descanso.

Anxo y Roxelio, debido a su rango y edad, casi siempre son los últimos en pasar por la rápida ducha. Aunque el deseo del uno por el otro está muy arraigado en sus mentes, se esfuerzan por disimular y, al verse desnudos, ni siquiera cruzan una mirada de complicidad, como si ese pequeño desliz los condenara delante de los más veteranos.  

Es penetrar en su camarote, atrancar el portalón de madera tras de sí y el geiser de pasión que ambos contienen en su interior estalla fulminantemente.

Solo les basta una mirada de complicidad para saber que han entrado en su paraíso personal y que, aunque les hayan hecho creer que Dios está en todas partes, han comenzado a pensar que lo que sucede en aquel pequeño hábitat escapa por completo a  su control.

Anxo, sin pensárselo ni un momento, se abalanza sobre su amigo y lleva la mano a su entrepierna. No le sorprende lo más mínimo que su polla esté dura como una piedra. Su compañero de cuarto al sentir como los dedos se aprietan contra la tela que comprime su miembro, no puede evitar emitir un suspiro ahogado.

De manera natural, alarga su mano y toca el abultado paquete del que, poco a poco, se está convirtiendo en su amante. Jamás hubiera imaginado que acariciar la polla de otro hombre le pudiera agradar tanto, ni que notar como esta se va endureciendo a su contacto, pudiera ser tan placentero.  

Roxelio lo ignora, pero la   lujuriosa música que los mueve no es nueva para Anxo, quien se conoce cada uno de los pasos del sensual baile. No obstante, teme ir demasiado deprisa y ha estado dejando que fuera  él quien  tomara la iniciativa en todo momento. Aunque la paciencia se le agota, del mismo modo que los días en alta mar comienzan a llegar a su fin.

Ambos se han convertido en el consuelo del otro  en las noches frías, de marejadas que revuelven el estómago de la peor manera. y en el desahogo de una lujuria que ha dejado de pensar que es tan pecaminosa como le quisieron hacer creer, aquellos que quisieron manipular su forma de sentir a través de la  fe.

Pese a que los dos hombres han dejado muchos miedos y convencionalismos  atrás, para sus adentros, siguen disfrazando lo que sucede entre ellos de mil formas distintas, no aceptando una realidad que es de lo más evidente.

Debido a esa negación, sus labios todavía no se han besado , ni siquiera han cruzado  entre ellos un abrazo más allá del compañerismo.    Como si con cualquier otro tipo de  muestra de afecto,  traspasaran la frontera que su hombría le había auto impuesto, se han limitado simplemente a acariciar sus pechos, sus nalgas y, sobre todo, sus vergas.

Hoy Anxo, sabiendo que su tiempo juntos tiene fecha de caducidad,  está decidido a dar un paso adelante en su relación y desconoce si su amigo aceptara o no. Le gustaría ser de la opinión de que no le importa la reacción de su amante, no obstante, si hay algo que valora en este mundo, es su aceptación.

Mecidos por el silencio que, como un código secreto,  domina en sus momentos íntimos, el joven gallego deja de agarrar  la dura prominencia de su amante y escala con sus dedos desde su barriga hasta su cara, deteniéndose levemente en su pecho.

Roxelio al notar el tacto de los ásperos dedos contra su peluda barbilla, siente como un escalofrío recorre su espina dorsal. Está tentado de no permitir lo que su compañero se dispone hacer, por considerarlo un ataque a su masculinidad.  Sin  embargo, es tanto el respeto que le merece, que  cede a sus primarios instintos y, cuando la boca de Anxo se va aproximando a la suya, la abre para dejar pasar su lengua.

En un primer momento ninguno de los dos sabe qué hacer, a pesar de que ambos han dejado una novia en el pueblo, sus momentos afectivos no han pasado de cogerle la mano o una rodilla, en los momentos que la carabina hacía como que no miraba.

Para los dos es su primer beso, son dos niños torpes dando sus primeros pasos y con mucho temor a caerse. No obstante, en el momento en que las puntas de sus lenguas se tocan,  una electrizante punzada de placer golpea su cerebro y aprenden  de inmediato lo que deben de hacer.

Mientras sus manos aprietan las mejillas del otro, como si lo quisiera absorber, se mezclan sus alientos de un modo de lo más gratificante y  el mundo deja de existir para ambos.

Se olvidan de que están en un barco, donde todo huele al húmedo mar y a pescado, sobre todo a pescado. Se olvidan de sus compañeros de faena, de su familia y de su pueblo, un lugar al que pronto deberán regresar y donde no podrán volver a compartir estos momentos que tanta felicidad le aportan.  

Entregados como están,  se comienzan a desembarazar con frenesí  de sus ropas de trabajo . En unos minutos, y sin dejar de besarse, consiguen quitarse todas y cada una de las prendas que lo cubren.  

Los dos hombres, quizás por decoro, quizás por miedo a aceptar una realidad que niegan, han tenido muy pocas ocasiones  de contemplarse  completamente desnudos. Haciendo alarde de un descaro inusual en ellos, ambos se quedan mirando fijamente el cuerpo del otro, propiciando que la lujuria brille picaronamente en sus miradas.

Roxelio desliza la mirada por el rostro de su compañero, hasta llegar a sus pies. No hay nada que no le agrade en demasía de él, sus ojos azules, su cabello rubio, su barba rizada y poblada. Su fornido pecho cubierto por una manta de rubio vello, su dura barriga, sus piernas duras y peludas, su culo redondo y, sobre todo, su polla ancha.

A pesar de que, al igual que él, solo cuenta con veintiún años, la madurez que emana recuerda que ha dejado su niñez atrás y es un hombre en el mayor sentido de la palabra.

Anxo no sabe que es lo que le atrae más de su amante, si su piel morena tostada por el sol, ese pecho ancho cubierto por una mata de pelo rizado o su larga y dura polla o esa ingenuidad que brota de sus enormes ojos negros, que recuerdan que a pesar de que sus rasgos lo hacen parecer mayor de lo que es, todavía no ha dejado de ser un niño.

Ambos, por primera vez desde que empezaron los furtivos encuentros, son conscientes de lo que sienten el uno por el otro. No saben si es cariño fraternal u otra cosa, lo que sí tienen claro es que va mucho más allá de una simple amistad.

Sin pensárselo un segundo, el marinero rubio deja de mirar a su compañero y  se abraza a él. Durante unos intensos segundos sus pechos palpitan el uno junto al otro.  Tras darle un beso corto, desliza su boca por su pecho hasta llegar a sus tetillas. Levanta la mirada y busca la complicidad en los negros ojos de su amante y estos le dan un silencioso permiso para lo que se dispone hacer.

Durante unos momentos besa sus pezones y sus tetillas, para pasar a chuparlas como si fuera un bebe. Oír los leves jadeos que brotan de los labios de Roxelio consigue dar confianza al joven rubio que desliza su boca por el pecho y la barriga de su amante hasta llegar a su pelvis.

Cuando sus labios rozan la tiesa polla, Anxo se arrodilla ante él de forma parsimoniosa, de manera que parece que el tiempo se estuviera deteniendo a su alrededor.  

El instante que permanece prostrado ante el fornido barbudo que es su amante, observa su miembro viril y lo olisquea como si esperara que de él emanara un olor nauseabundo. Sin embargo, un agradable olor a jabón le dice que llevarse aquel trozo de carne y sangre a la boca puede ser algo delicioso y lo toca con la punta de la lengua.

Roxelio, al notar en su verga el paladar de su amigo, se ve embargado por un cumulo de sensaciones tan desconocidas para él, como placenteras. Su primera reacción es que presiente que se va a correr de inmediato, sin embargo, no es así.

El joven rubio levanta la mirada y ve como en el rostro de su compañero, quien permanece con los ojos cerrados, se dibuja un gesto de alegre satisfacción. Si en algún momento tuvo reticencias en hacer su fantasía realidad, porque a su amigo no le parecieran bien, es contemplar la agradable sonrisa que se pinta en su cara y sus miedos desaparecen.

Saber que está haciéndolo disfrutar, propicia que Anxo se meta la cabeza del enorme tarugo entre los labios y la succione como si fuera un dulce caramelo.

Aunque en un principio, la falta de práctica  hace que lo haga de forma torpe, flanquear la frontera de lo prohibido convierte la comunión de su boca con la polla de Roxelio en algo único y de lo que ambos gozan como dos posesos.

Una vez el duro mástil de carne se acomoda en su cavidad bucal , el joven rubio atrapa los huevos con su mano y comienza a jugar con ellos, para después chupetearlos de forma golosa.  

Aquello parece gustar a Roxelio quien, mientras su compañero le lame los huevos, se comienza a masturbar despacio, como si quisiera alargar el placer con ello.

Anxo preso del deseo se comienza a pajear también, sin dejar de chupar las peludas pelotas de su amante.

A pesar de que ambos quieren prolongar el momento, la excitación que los invade es mayor de la que pueden soportar y de la punta del nabo del pescador moreno brotan unos trallazos de esperma que van a parar al rostro de su amante, impregnando su rubia barba con el blanco líquido.

El caliente esperma resbalando por su rostro sirve de acicate para que busque su placer propio y su masturbación se vuelve más precipitada, hasta que, al igual que Roxelio, expulse una copiosa cantidad de semen.

De nuevo el tiempo parece detenerse y Anxo pierde la constancia de donde está, hasta que los fuertes brazos de su amante tiran de él y lo aprisionan contra su pecho, a la vez que le pregunta. 

—¿Qué hemos hecho? ¿Nos estamos volviendo maricones?

El joven rubio está tentado de decirle que no hay nada malo en ser maricón, sin embargo, como no quiere perderlo, le cuenta una mentira piadosa:

—No, esto que hemos hecho es un desahogo físico, un polvo entre machos.

15 de agosto del 2010 (Hora de la siesta profunda).

3                                                               ******JJ******

Después del pedazo de polvo que hemos echado, he ayudado al osito  a cambiar las sabanas y me he tendido junto a él. Me abrazo a Roxelio como si fuera un peluche y me intento quedar dormido.

No transcurre ni dos minutos  y el gallego, para que después nos carguen con el sambenito a la gente del sur, se termina pegando una profunda siesta. Le toco la churra y hago un amago de masturbarlo, pero el muchacho ni se cosca. Así que lo de un segundo round donde me meta la polla hasta los huevos, queda descartado.

Por lo que, por segunda vez en un día, me quedo sin saber que se siente al tener la polla del gallego en el ojete. Eso sí, me he tomado dos biberones de leche calentita como a nadie le importa.

Pese a que estoy súper agotado, no consigo relajarme y darle al cuerpo el descanso que me está pidiendo. La verdad es que cuando tengo un macho empotrado a mi lado, lo único que se me antoja es follar como un descosido y no a ponerme a contar ovejitas.

Me toco el pelo y descubro que lo tengo pringoso, el muy cabrón cuando se ha corrido me ha llenado todo de leche. No solo me ha dado un buen biberón, sino que  parece que me ha largado un buen trallazo en el pelo y por lo que no puedo notar al pasar la yema de mis dedos  por mis cachetes, la cara también la tengo pringosa.

¡Madre de Dios! Las vacas buenas serán de Asturias, pero los toros parecen que son gallegos. ¡Cómo voy a echar a estos sementales de menos cuando me vaya a Sevilla!

Me aparto con cuidado de mi recién estrenado amante, me pongo los slips y me dirijo hacia la ducha. No sea que se me olvide lavarme el pelo después y me convierta en la versión mariquita de  “Algo pasa con Mary”.

Pongo el agua a temperatura media, ni muy fría, ni demasiado caliente y me sumerjo bajo ella.  Es envolverme en la cristalina cortina y una sensación de relax, de paz me invade por completo…

Aunque no por mucho tiempo.

Mientras me enjabono la cabeza, un pensamiento que creía olvidado y que vengo obviando desde que comenzamos el turismo sexual en la tierra del albariño. ¿Qué carajo le voy a contar o decir a Mariano cuando caiga en la cuenta de que lo he traído engañado a este viaje?

Ninguna de las excusas que se me ocurren me parecen buenas y todas me dejan como la mala persona que estoy resultando ser. Si  es mi mejor amigo, ¿por qué coño le hago estas cosas? Estoy precisando urgentemente una sesión con mi terapeuta… Nada más que llegue a Sevilla, lo llamo para cogerle cita.

Lo único que tengo a mi favor tengo es que él tampoco se ha metido a monja y está follando casi más que yo. Pero, con lo que él valora la confianza y la sinceridad, seguro que se coge un cabreo de campeonato.

 Espero que cuando le cuente la historia que tengo montada para este viaje, lo coja con un día bueno  y nos echemos unas buenas risas. Porque es capaz de enfadarse hasta el punto de retirarme la palabra por siempre jamás y volverse para Sevilla. Crucemos los dedos y esperemos que el osito menor sea casi tan bueno en la cama como su hermano, porque bien follado y bien comido el curita es bastante más tolerable que cuando le pegan un mal polvo.

10 comentarios sobre “Polvo entre machos

  1. En lo particular no entiendo a que viene la historia de Anxo y Roxelio, pero supongo que sera para ponernos en contexto de algo que tiene que ver con él Roxelio de los 50’s y él Roxelio del 2010..
    Lo que si me queda claro es que JJ sigue con sus misterios sobre ese viaje y que no va a quedar solamente en la visita a los dos osos..
    Supongo también que tendremos que esperar para ver que otros “sospresas” nos tiene guardadas a mi querido Mariano y a nosotros los lectores..
    Un gran saludo y un fuerte abrazo mi admirado Mschi..

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    1. Hola Dedmundo:

      Una alegría leerte por aquí. Lo primero preguntarte como te está afectando en lo personal la puta pandemia esta. Yo afortunadamente, de momento, a pesar de que tengo una hermana sanitaria y estamos siempre en riesgo, hasta ahora no ha habido afectados.
      En cuanto a la historia de Anxo y Roxelio, comentarte que es la parte clave del arco argumental ( no sé si lo dije alguna vez por ahí, pero se llama el Gay pescador) todavía quedan al menos tres capítulos.
      Aunque quería crear un poco de desconcierto entre los lectores cuando lo leyeran, te daré una pequeña pista. ¿Qué edad debería tener Roxelio ahora si tuviera veinte años en los años cincuenta?
      Y sí, me queda bastante que contar, hace poco lo termine de abocetar y ahora lo que me queda es ponerme las pilas para ir publicándolo.
      Un abrazo y espero que te encuentres bien.

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  2. Hola de nuevo mi querido Machi..
    Muchas gracias por tu interés por como me esta yendo con esto de la pandemia..
    Decirte que me alegro mucho que tu y tu hermana esten bien a pesar de la exposición a la que ella esta sometida por su trabajo..
    Decirte también que yo estoy bien y que afortunadamente nadie de mi familia se ha enfermando por el virus..
    Por las características de mi trabajo la gran mayoría de los bomberos de mi ciudad seguimos trabajando normalmente, solo mandaron a su casa a algunos compañeros que por edad o por enfermedad mórbida tienen mayor riesgo..

    Y en cuanto a que edad tendria Roxelio en la actualidad del relato si fuera él de 1952..?
    Tendria 58 años, lo que me hace pensar que él Roxelio del 52 podria ser el padre del Roxelio del 2010..
    Pero tu mencionas, que el Roxelio de 1052 podria tener 20 años en ese momento, y tomando en cuenta que a Mariano y JJ les gustan los hombres tirando a maduros, el Roxelio del 2010 tendría 38 años..
    Esto nos haria suponer que Roxelio grande ya tenia un hijo pequeño o que no paso mucho tiempo despues de su encuentro con Anxo y se caso y tuvo a su hijo.
    Pero mira que estos dos personajes Roxelio y Anxo me dieron para mucha fantasía..
    Incluso llegue a pensar que los dos Roxelios son uno mismo y que Anxo es German, que son una especie de apariciones estilo fantasmas y que Mariano y Juan Jose estan teniendo un encuentro espectral jejeje..
    O que al final sea un sueño de alguno de los dos amigos..
    Al fin y al cabo ya nos la hiciste con la historia de los camioneros, que es la que antecede a esta en la que estamos.
    Un fuerte abrazo mi querido Machi.

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    1. Hola Dedmundo:

      Me alegro que tú y tu familia no hayáis enfermado. Esperemos que aprendamos a vivir con esto pronto y que pronto el virus sea un puto recuerdo.
      En cuanto a la historia de Roxelio y Anxo, es algo que tengo que contar para que se entienda la historia de los dos hermanos y no es un sueño.
      Como te he dicho lo tengo completamente abocetado, estoy escribiendo la siguiente entrega, pero no paro de corregir y tal, por lo que tardaré un poquito. Además hay que sumarle los momentos que me quedo atascado que me pongo con otras historias, que empujan por salir con más fuerza. Espero que no te estés perdiendo la historia de Enrique y Mariano.
      Muchas gracias por seguir ahí todavía y un abrazo muy fuerte.

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      1. Por supuesto que no me estoy perdiendo la historia de Enrique y Mariano..
        Y me da mucho gusto que a Enrique le hayss dado vida propia y no haya quedado como algo anecdótico de un recuerdo de Mariano..
        Siempre estoy al pendiente y a la espera de lo nuevo que publicas..
        Las reediciones de los relatos anteriores, aun que tengan algo nuevo ya los conozco por que incluso hay algunos que me los lei mas de dos veces..
        Y estan bien para las nuevas generaciones de lectores que estan descubriendo los relatos de Machi o Machirulo que fue como yo y mechos mas te conocíamos hace años atras..

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  3. Pues tendremos que volver a leer la saga desde el principio pero no llegamos a tanto como edmundo 🤷🏻‍♂️. Esta es uno de los blogs que más se lo curran con historias sexuales de chicos y la verdad… a nosotros nos encanta jj, Mariano…. en los demás ves un cuento de un día aquí… acabas conociendo a los personajes, poniéndose en su piel..
    Muchas veces xq también lo estuviste 🥰😂… igual no hay que ir tan allá 🤷🏻‍♂️ igual machi, se tienen que poner las pilas y empezar desde el principio 🤷🏻‍♂️ no lo sabemos 🤷🏻‍♂️ solo llevamos un año leyéndolo 🤷🏻‍♂️ pero… es, el único blog de historias gay que nos gusta 🥰 y no nos da vergüenza decirlo e ? Xq a parte… de sexo entre chicos… publica otras cosas súper interesantes 💪que incluso nos gustan más 🤷🏻‍♂️ pero cada uno hace lo que le gusta y ole tus huevos machi 💪 porque nadie lo hace como tu
    Es muy fácil escribir un poco de sexo y acabar pero tu…. vas presentando a gente,alguna como jj, que ya conocemos, su exnovio, viajes… esto… es lo que mola! Una historia, que no tiene fin, pues “es la vida” de cualquiera… tenemos que decir, que hoy, estamos un poco bebidos 🤷🏻‍♂️ pero te podemos asegurar que nos encanta como escribes y la vida que le das a cada uno de tus personajes. Eres diferente, eres bueno escribiendo, único 💪. Sigue así corazón ❤. Y no cambies, cada vez lo haces mejor 💪. Y si tienes que repasar algún año 🤷🏻‍♂️ para que alguno d tus personajes sea mejor..m pues hazlo 😂 aunque a nosotros nos pone cachondos igual 😂

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    1. Hola mis queridos galleguiños:
      No sabe lo que me acuerdo de vosotros con la puta pandemia, la de ganas que tendréis de que todo esto pase para poder viajar a lo largo y ancho de nuestro querido planeta, sin restricciones de ningún tipo.
      La verdad es que esto de escribir, como todas las cosas que te gustan mucho, la descubrí de casualidad. Si te pones a buscar literatura erótica homosexual, la verdad es que se puede contar con los dedos de la mano. La mayoría son traducciones y, salvo “Las edades de Lulú”, las obras españolas dejan mucho que desear.
      ¿Por qué digo esto? Porque a los que nos gusta el erotismo/porno escrito (nunca he sabido vislumbrar cual es la diferencia entre uno y otro), solo nos queda la de acudir a páginas webs donde los autores amateur (entre los que me incluyo) en mejor o menor medida saben alimentar nuestra libido.
      Tras meses leyendo en Todorelatos (y otras webs similares), me di cuenta que los relatos (salvo algunos autores que se convirtieron en mis favoritos) los había de dos tipos: los que eran sexo de aquí te pillo aquí te mato, más parecido al guion de una peli porno que otra cosa y los que se llevaban cientos y cientos de páginas para un acercamiento sexual. Vi que, salvo ocasiones, no había un punto intermedio.
      Además, si algo tenía la página en el momento que ingresé, es que todos los autores parecían estar obsesionados con la corta edad de los protagonistas, daba la sensación de que los hombres a partir de los veinticinco dejaban de tener atractivo sexual. Por lo que, basándome en algunas vivencias particulares mías (a las que adorné un poquito por aquello de novelizarlos y que los protagonistas no se pudieran ver reflejados) publiqué tres historias siguiendo estas pautas, personajes mayor de los treinta, personajes más o menos reales y sexo con sentimientos.
      —El blues del autobús
      —La lista de Schindler
      —Celebrando la victoria
      Las historias fueron un éxito y aquí me tenéis que no paro de escribir.
      Una preguntita: ¿Estoy metiendo mucho la pata con el idioma gallego o estoy siendo moderado?
      Un besote muy fuerte y no sabes cuánto me alegro de que os guste lo que escribo.
      Post data: Esto es sin copitas, no vea lo que soy capaz de soltar con un whisky al lado.

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