¡ Ofú, qué calor! (4 de 4) Inédito

La historia hasta ahora: Paloma tras una noche desastrosa de salir a pillar cacho, recibe la visita de dos técnicos que vienen a instalarle el aire acondicionado. Flirtea con ellos y  termina seduciendo a ambos. Tras una ducha y unos preliminares en el “yacuzzy”, la mujer los invita a terminar la faena en su cuarto.

Robert hunde la cabeza entre las piernas de la dueña de la casa, quien se encuentra completamente despatarrada sobre la cama,  y comienza a lamer su almeja. Sin más dilación llega a su clítoris y pasa la puntita de la lengua por él. Lo saborea, deleitándose en el sabor que deja en su paladar . Un par de dedos le ayudan en su cometido, la chica se encuentra  tremendamente empapada. A un ritmo casi vertiginoso los mete y saca e de  la caliente gruta, mientras sigue chupando el rosado botón. Agarra sus nalgas con las manos para poder apretarlo bien  contra su cara. Al ver que puede llegar más lejos, degusta sus jugos, juega con sus pliegues internos. La fuerza con la que la rubia aprieta su nuca aumenta considerablemente, por lo que supone que ha alcanzado su primer orgasmo. Circunstancia que no hacen disminuir sus ganas de sexo pues, por los jadeos de su colega, le sigue mamando la verga con las mismas energías que antes de correrse.

Tanto Fran como él tenían en mente otra cosa cuando acompañaron a Paloma a su habitación: Follar con ella. No obstante, nada más que han entrado en su cuarto, la mujer ha vuelto a tomar la iniciativa y  se ha tendido sobre el desordenado lecho, desoyendo sus deseos.  Tras abrirse impúdicamente  de piernas, le ha ordenado con un tono grosero que le coma el coño e, imperiosamente,  le ha pedido a su colega que le meta la polla en la boca.

Levanta ligeramente  la mirada y  la imagen del martillo sexual de su amigo acoplándose a las paredes de la  cavidad bucal  de la chica le parece de lo más morboso que ha visto en mucho tiempo, tanto que nota como su verga palpita como si tuviera vida propia.

Le gustaría no tener que reprimir sus ganas de mirar como  el gordo carajo de su amigo entra y sale de la boca de la atractiva rubia, le gustaría no haber descubierto esa parte de él que había permanecido oculta hasta hoy, le gustaría no excitarse con el pensamiento prohibido de mamarle el nabo a su amigo…

Está tan excitado con la idea de tragarse la tranca de su amigo que tiene que hacer un esfuerzo enorme por no correrse, sin ni siquiera tocarse.

Pese a que está disfrutando introduciendo su lengua en la caliente cueva de la treintañera y que tiene muy claro que le gustan las mujeres. Hoy, y por culpa de la viciosa ricachona, ha traspasado una frontera que nunca pensó llegaría a cruzar: besar a otro hombre. Le ha gustado tanto que, hundido en la vorágine sexual de un trío con su mejor amigo, ha dejado que su mente se alimente con fantasías que hasta ahora creía irrealizables. La simple idea le repele, pero al mismo tiempo que su lengua saborea la caliente raja, no puede dejar de fantasear con mamar el erecto sable de Robert.

Lo peor, porque al igual que mucha gente, su única formación teórica sobre el sexo proviene del cine porno y su deseo del sexo oral, como ha visto infinidad de veces practicar a los actores, únicamente parece poder culminar con el sabor del semen de Robert en su boca. Algo que le asquea del mismo modo que le da un morbo impensable. Solo pensar en paladear la esencia vital de su colega y el nabo le cimbrea como si tuviera vida propia.

Fran está gozando una barbaridad con la colosal mamada que le está metiendo la rubita, se puede decir que es de las mejores que le han dado en su vida. Aun así, no consigue  ni relajarse, ni concentrarse del todo.  Hasta hace un rato no tenía ningún problema con comerse la boca con su colega, incluso no le hubiera puesto pega en hacerse una paja mutua para deleite de la chica si el premio era tirársela. Sin embargo, desde que ella casi los empujó a  besarse y, muy a su pesar,  descubrió que aquello le gustaba más que comer con los dedos, lo de tener que masturbarlo le preocupa bastante más, sobre todo porque pueda constatar que tocar un rabo también le ponga y descubra que no es tan macho de pura cepa como él suponía.   Sabe a ciencia cierta que no es gay, pero ha disfrutado tanto con el muerdo con su colega que no le importaría repetir. Por lo que la idea de que sea bisexual comienza a martillear en su cabeza como un martillo sobre un gong.

Desde el momento en que Paloma les sugirió ir a su cuarto a follar, al calvete no se le ha quitado  una obscena idea de la cabeza: hacerle una doble penetración. No solo por lo extraordinariamente guarra que le parece la postura ni porque sea una de sus fantasías mas recurrentes, sino por notar el rabo de su amigo cerca del suyo del mismo modo que cuando el putón rubio los ha estado pajeando con la polla del uno pegado a la del otro. Aunque le cueste admitirlo ha sido la leche en bote. Lo único que lamenta es que fuera tan breve, porque estaba gozando tanto con  sentir aquel miembro duro rozarse con el suyo que, de haberlo prolongado unos minutos más, se  hubiera  terminando corriéndose sin remisión.

Baja la mirada y se encuentra a Robert chupándole la vulva, pone tanta pasión  en lo que hace que la mujer no para de agitarse de puro gusto. En un momento determinado, su compañero alza la  vista en pos de contemplar como la chica devora su ancho mástil sexual y, sin poderlo remediar, los curiosos ojos de ambos se encuentran  y  conversan durante unos segundos. Se conocen tan bien que no precisan intercambiar palabra alguna para averiguar que los dos se están cuestionando su hombría, pues ansían repetir lo del beso.

Durante toda su vida, una de sus máximas  ha sido la de coger al toro por los cuernos y enfrentarse a los problemas de frente. Confirma que entre su amigo de toda la vida y él ha surgido una especie de atracción sexual está siendo uno de las verdades  que más esfuerzo le está costando asumir, sobre todo por las consecuencias que ello pueda acarrear en su día a día. No obstante, en los últimos años lo ha pasado muy mal,  ha aprendido  que las cosas buenas de las vida son escasas y que hay que aprovechar las oportunidades cuando se presenta, por lo que  se dice: « ¡Pero qué coño, solo se vive una vez! »

Sin dar ninguna explicación, saca su nabo de la boca de Paloma y se desliza hasta los pies de la cama. Tira  suavemente de los pelos de la nuca de su amigo, acerca sus labios hasta la entrepierna de la mujer, lame morbosa y levemente la parte superior del sexo de esta, aprieta las mejillas de su atónito compañero entre sus dedos y le da un muerdo de película.

Tras unos cuantos besos con los que  parece ambas bocas se quisieran fundir la una con la otra, el calvete se abraza efusivamente  al atractivo moreno y pega  todo lo que puede su cuerpo al suyo. Cuando se quieren dar cuenta están retozando en el suelo de la habitación como dos adolescentes.

Robert que no entiende para nada el modo de proceder de su colega, no puede evitar excitarse al notar como su duro cuerpo arremete contra el suyo  y su miembro viril se aplasta contra el suyo, mientras sus lenguas se atenazan en una vorágine de pasión. No tiene ni zorra idea de qué les impulsa a  a hacer lo que hace,  pero  lo está pasando tan bien que no va  ser él quien le ponga pegas a un momento tan incomprensible  como satisfactorio.

Si su amigo está sorprendido ante la impulsiva reacción de Fran, la mujer no lo está menos. Sabe que ella con su proceder es la que ha incitado la situación, pero no por ello deja de parecerle menos insólita. De ser el árbitro,  ha pasado a ser un jugador más en la partida. Se siente satisfecha por el modo en que ha conseguido manipularlos, pero no puede evitar sentirse  un poco fastidiada por pasar a un segundo plano, pues los dos hombres parecen estar más interesados en conocerse carnalmente que en tener sexo con ella y eso era algo que no entraba en las reglas del juego que ella había impuesto.

Como de ningún modo está dispuesta a perder su protagonismo, comienza  a idear algo donde los chicos no puedan prescindir de ella. Sin meditarlo ni un segundo se baja de la cama, se coloca detrás de los dos fornidos operarios y, como un gato en celo, se abalanza sobre las nalgas de Robert, primero las acaricia copiosamente y después acerca sus labios a su ano, para terminar propinándole un beso negro con todas las de la ley.

El operario, tras superar el asombro inicial de sentir un húmedo apéndice rozar su peludo y oscuro agujero, no puede reprimir un quejido de placer. Señal que Paloma interpreta como positiva y prosigue devorando el pequeño orificio con mayor ímpetu si cabe.

Cuando Fran descubre lo que la mujer le  está haciendo a su amigo, separa sus labios de los de él y le dice, en un tono jocoso:

—¡Cabrón! ¿También te va a gustar que te coman el culo?  ¡Quillo, a que va a resultar  que eres redondo!

Robert, un poco sorprendido por la actitud permisiva de su amigo y  sin dejar de gemir, asiente con la cabeza.

—Pues si a ti te gusta que eres tan macho como yo, ¿por qué no a mí? Anda,  guapa, cómemelo a mi también…

Instantes después, ambos hombres están arrodillados, el uno junto al otro,  en el cabecero de la cama y la mujer juguetea con sus culos. Primero se agacha ante el de Fran y lo chupa golosamente, mientras acaricia las nalgas del otro. En el momento en que el calvete siente la caliente lengua lamer su ojete, no puede evitar decir:

—¡Joder, tío, lo que me he estado perdiendo hasta ahora! Sí sé que esto está tan bueno, me hubiera hecho socio del club este antes que del Betis.

El jocoso comentario sirve para suavizar una situación que se estaba volviendo tensa para los tres. Los dos hombres por estar vadeando una orilla donde su hombría se iba desvaneciendo cada vez más y  la mujer por sentirse un poco ninguneada, pues parece haber más feeling entre ellos que con ella.

Una vez considera que ya ha calentado demasiado la popa del calvete, decide hacer lo mismo con la del moreno. Mientras saborea el peludo agujero, lleva las manos al culo de Fran y comienza a tontear con sus dedos por su mojado orificio haciendo ademán de meter sus dedos en él. En el momento que se dispone a introducir su apéndice en el virginal ojete, el hombre le coge la mano  y  la detiene en seco,  diciendole en un tono empapado de soberbia:

—¡No, preciosa, eso no! Una cosa es que me lo comas y otra cosa bien distinta es que me convierta en una putita sumisa para ti.

Por unos momentos, Paloma se siente la persona más torpe del mundo pues está claro que ha escogido para aquel juego al eslabón fuerte de la cadena.  Contrariada por la negativa del recio individuo, se le quitan las ganas de seguir besando sus retaguardias y, como no está dispuesta a renunciar a la fiesta, sale de la cama para buscar una caja de preservativos en un mueble. Una vez la localiza, se  la muestra a los hombres y, en un tono optimista propio de una presentadora del tele tienda,  les pregunta:

—¿Quién de los dos quiere ser el primero en usarlos?

Los dos treintañeros intercambian una silenciosa mirada de complicidad, en la que deciden que será Robert quien primero empotre a la escultura rubia. Fran tiene claro que aquella tía va a ser la que va llevar las riendas y, de un modo u otro, va a tratar al que se folle de forma sumisa. Así que, después del encontronazo previo, prefiere que sea su colega quien se la empotre primero.

La mujer dispone que el operario moreno se siente al filo de la cama, le pone el condón, coloca el duro poste en la entrada de su caliente gruta y, una vez considera que está bien posicionado, comienza a cabalgarlo.

—¡Súbete a la cama, por favor! — Dice dirigiéndose a Fran que se ha quedado un poco apartado.

El calvete no se hace esperar y se coloca al lado de ellos, una vez está a su alcance,  Paloma agarra su herramienta sexual y se pone a chupar su glande con viveza.

La pasividad con la que los dos operarios han ido obedeciendo sus órdenes la tiene ensimismada, se comportan y actúan de un modo sumiso, pero sin dejar de mostrar ese lado rudo que tanto le gusta de ellos. Le da la sensación de estar domando a dos potros salvajes que se niegan a ser montados, ceden a su voluntad si les da lo que le piden, pero es consecuente que, ante cualquier contratiempo, se pueden revelar enérgicamente. Ese posible riesgo hace que el sexo con ello sea aún más delicioso y placentero.

De todos modos, ambos le parecen dos personas de ley y, aunque son para ella dos completos desconocidos,  le suscitan confianza Curiosamente, no ha necesitado ni de drogas, ni del alcohol para desinhibirse y comportarse como la zorra que es. Desde el primer momento se ha sentido deseada y  que hayan caído en su jueguecito del modo que lo han hecho, la tienen de lo más excitada. Sin dejar de trotar sobre la pelvis de Robert, se mete el carajo de su compañero en la boca hasta que  llega a rozar su garganta.

En uno de los momentos que sus ojos buscan el rostro del hombre que la está penetrando, ve que no pierde detalle de la mamada, es más, cree vislumbrar cierto deseo en sus ojos. Impudorosamente, se saca la herramienta sexual de su compañero de la boca y se la muestra como si le ofreciera el mejor de los manjares.

Robert se avergüenza un poco ante lo que la tipa que se está follando ha terminado haciendo. Opina que seguramente la culpa la tenga él por no saber disimular sus deseos, pero una cosa es el “dicho” y otra el “hecho”. Pese a que lo que más anhela es envolver el pollón de su amigo con los labios, no se ve capaz por mucho que la viciosa rubia se lo ponga delante de los morros.

Como si se quisiera vengar por su desfachatado gesto, agarra sus nalgas entre las manos, para su exquisito trotar y comienza a mover la pelvis con furia, como si intentara penetrarla del modo más doloroso. Aquel vengativo gesto es interpretado mal por la mujer, quien supone que su proposición lo ha calentado y acerca más la verga a su rostro, tanto que hasta puede oler el aroma que desprende.

Fran no es virgen en eso de que un tío le coma la polla, sabe que los labios de un hombre pueden llegar a superar a los de una mujer. Saben dónde tocarte y cómo en cada momento. A pesar de que lo desea con todas sus fuerzas, no sabe si es buena idea dejar que su amigo se la mame. Sin embargo, es ver como le da caña a la rubita desde el instante que su nabo descansa a escasos milímetros de su rostro y encuentra el valor que necesita para empujar sus caderas contra su rostro.

Al primer empellón su erecta tranca choca contra uno de los mofletes y tiene la sensación de que su colega no está por la labor de chuparle nada, pero la fuerza con la que se está follando a la chica le deja claro que simplemente ha tenido mala puntería, que su amigo está deseando practicar el sexo oral con él.

El segundo intento parece tener éxito y atraviesa como un ariete la puerta de sus labios. Al principio, le araña  levemente la piel de su  verga  con los dientes y piensa que es por la inexperiencia, por lo que no le dice nada. Se limita a dar otro empujón y a taponar la boca de su amigo con su ancho cipote.

Robert no da crédito a lo que está sucediendo: tiene un carajo en la boca y, si no fuera porque casi lo está axfisiando, no le desagradaría lo más mínimo. Si su aroma ya lo puso como una moto, su sabor lo deja casi al borde de la locura.

Incapaz de dominar la situación con las manos en el culo de Paloma, la libera y deja esta que sea la que lo siga cabalgando. Para con la palma de una mano las embestidas de Fran contra su cara y atrapando sus huevos con la otra, toma el control del rigido falo. Acomoda el enorme apéndice sexual en su cavidad bucal y  una vez consigue respirar con facilidad. Hace memoria de las veces que se la han mamado e intenta imitar lo que le hicieron.

Al principio se limita a chupar la parte superior, como si fuera una especie de helado, degustando su fuerte sabor. Tímidamente, busca con la mirada al calvete, su expresión denota que está disfrutando con lo que le hace tanto como él. Así que deja de cuestionarse si lo que hace está bien o mal, olvida cualquier cosa de su vida que este fuera de esa habitación pierde sentido  y  solo le importa el extraordinario momento sexual que está viviendo. Sin dudarlo se la traga hasta donde puede y comienza a mover su cabeza de modo frenético, consiguiendo que su amigo suelte un entrecortado: «¡ Qué bien la chupas, cabrón!», que, en cierta medida,  le hace sentirse orgulloso de lo que está haciendo.

Paloma no puede estar más satisfecha con el modo en que se ha ido desarrollando su pérfido plan.  El sexo con los dos operarios está siendo del mejor que ha disfrutado en mucho tiempo y si a eso se le suma como los ha mangoneado para que terminen haciendo su voluntad, no puede evitar estar pletórica.

Ver al moreno como se traga el nabo de su amigo la tiene súper cachonda, pero sabe que si sigue moviéndose del modo que lo está haciendo sobre él va a alcanzar el orgasmo y como no quiere que la fiesta se acabe sin tenerlos a los dos al mismo tiempo en su interior, se quita de encima de él y le dice:

—Anda, Chiqui, párate un poquito que le vas a terminar sacando la leche y quiero que  me folle.

El calvete no pone ningún reparo cuando la rubia le dice que se tienda en la cama, lo estaba pasando de guinda con la mamada que le estaba metiendo su compañero, pero no quería correrse sin follársela. Es más le gustaría hacerlo dentro de su chochito y aunque no le hace mucha gracia lo de ponerse un condón,  pues  piensa que el sexo es un océano donde debe sumergirse sin cortapisas para disfrutar de él, sabe que cuando se va con desconocidas lo mejor es no correr riesgos.

Paloma, desde que vio la buena polla que se gastaba, estaba deseando ser ensartada por ella. Es notarla dentro de su vientre y puede comprobar que su extraordinario grosor, tal como suponía, la convierte en una inusual fuente de placer. Una vez la acomoda en su interior, y sin parar de jadear como una posesa,  comienza a cabalgarlo como si le fuera la vida en ello.

Confirmar que aquel cipote cumple sus expectativas, no consiguen borrar sus deseos de una doble penetración así que, disminuye el ritmo con el que trota sobre Fran y se dirige al otro hombre quien se está pajeando observando el caliente espectáculo.

—¡Oye tú, deja de meneártela y ponte un condón que me vas a follar!

A Robert la imperativa propuesta de la mujer lo coge fuera de juego. En un principio entiende que quiere volver a cambiar de pareja, sin embargo al ver el frenético modo en que se mueve se da cuenta de lo que quiere realmente: quiere que se la meta por el culo. Nunca antes ha penetrado a nadie por ese sitio y era como una asignatura pendiente. Se pone el preservativo y piensa que el día de hoy no se le va olvidar nunca.

Sin dilación, se coloca detrás de la grupa de la mujer y prueba atravesar  con su verga el estrecho orificio, en un primer intento no consigue nada y lo único que consigue es que su polla choque con la de Fran (Algo que le excita de sobremanera). En la segunda ocasión, y ayudado por la chica, consigue su cometido.

Las paredes del estrecho agujero se ciñen contra su herramienta sexual y las sensaciones que le invaden le parecen completamente nuevas. Si a eso se le suma lo cercana que está la virilidad de su mejor amigo, decir que su mente y su cuerpo está al borde del éxtasis no es ninguna exageración.

Fran sabe que no va a aguantar mucho más sin eyacular, pero aunque su mente quiere prolongar el momento al máximo, su cuerpo se niega a ello y sabe que más pronto que tarde va terminar corriéndose sin remedio.

Aunque no es una variedad sexual que Paloma haya probado mucho, la doble penetración le resulta de lo más gratificante y cuando el mástil de Robert ha invadido su recto ha conseguido su tercer orgasmo de la mañana. Por la forma de acoplarse estos dos a ella, cree que pronto alcanzará el cuarto.  Sin poderlo remediar, se pone a jadear de manera compulsiva.

A Robert el cumulo de experiencias nuevas de hoy lo tienen extasiado, como si fuera una especie de libidinoso maratón, mueve trepidantemente  sus caderas, como si intentara meter  con cada empellón más porción de su rabo en el interior del estrecho orificio. Irremediablemente siente como el placer lo abraza y eyacula sin remedio. Con su mente sumida en el culmen sexual oye como Fran grita: «¡ Me coooorrooo! »

*****

Tras el tremendo polvo se han quedado unos cinco minutos embelesados en uno al lado del otro. Los saca de su sopor el sonido de un móvil que parece venir del salón. Fran lo reconoce como el suyo y sale corriendo para cogerlo.

Un momento más tarde entra en la habitación diciendo:

—¡ Quillo, era la parienta! Le he dicho que todavía no hemos terminado de trabajar que nos queda un rato, así que espabila.

—¿Qué hora es? —Pregunta  Robert saliendo levemente de su letargo.

—Las tres y media, ¡así que aligera! Que todavía queda por colocar el aire del salón.

—¡Joder, pues sí que es tarde!

—Se nos ha pasado el tiempo follando —Dice Paloma en un intento de destensar la situación.

—Sí, la verdad que sí. ¡Pero que me quiten lo bailao! —Le responde Fran con una generosa sonrisa.

—¡Ya te digo! —Concluye Robert.

—Lo malo es que nos vamos a quedar sin comer, porque entre una cosa, y en el mes de Julio, no vamos a encontrar ningún sitio abierto.

—Por eso no preocuparos —Interviene la dueña de la casa —Mientras vosotros termináis de instalar el aparato de aire, yo os preparo algo de comer.

Si en algún momento los dos hombres habían tenido alguna duda sobre la calidad personal de la rubia, aquel cordial gesto le dejan claro que el tremendo polvo con ella no les va a ocasionar ningún problema laboral. Fran se va para ella, la coge por la cintura y le dice:

—Estupendo, si todo lo haces tan bien, debes cocinar de maravilla.

—No te creas, solo se hacer cuatro cosas… Pero me salen bien.

Pocos minutos después los tres están vestidos y han vuelto a sus labores como si allí no hubiera pasado nada.

Mientras busca algo en la despensa que les pueda preparar rápido, Paloma se da cuenta de que ha echado uno de los mejores polvos de su vida y ni siquiera sabe cómo se llaman los dos tipos. Sin reflexionar siquiera lo surrealista de lo que se dispone hacer, se va para el salón y,  adoptando una actitud casi protocolaria, les dice:

—Hola, me llamo Paloma. ¿Cómo os llamáis vosotros?

Los dos hombres se la quedan mirando raro, sin saber a qué viene aquello.  Cuando es consciente de la tontería  que acaba de hacer, los tres se miran entre sí y se  echan a reír.

FIN

Dvr5Yq_XcAAMy4-

 

Un comentario sobre “¡ Ofú, qué calor! (4 de 4) Inédito

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .