Orgia en la piscina

Tu entrenador quiere romperte el culo

Primer episodio

La cena transcurre sin que ocurra nada reseñable. Cuando abandonamos el local. JJ vuelve a darme caña. Esta vez haciendo alusión a lo mucho que como.

—Guillermo ¿tú has visto lo que se ha metido el gachón este  entre pecho y espalda? Después cuando llegué a Sevilla, se mortificara diciendo que está más gordo.

—¿Tú te vas a llevar toda la semana así? Porque si lo sé no vengo — Mis palabras están cargadas de un completo sarcasmo.

—¡No te quejes! ¿Y dónde vas a estar tú mejor que con nosotros? Además,  no tengas queja que ya llevas tema para dos de tus relatos. Porque los vas a escribir, ¿no?

—Sí,  eso tenlo por seguro ¡Cualquiera nos las escribe, con lo “PESAO” que eres! Por cierto, la  historia tuya si la veo completa, pero  la de Guillermo se me queda como inconclusa — Digo buscando con mi mirada al novio de mi amigo.

—Pues eso, ahora mientras que nos tomamos las copas que te le cuente y tú ten cuidadito con alegrarte mucho.  ¡Que esta mañana no veas como te pusiste!

Cuando llegamos al pub, pedimos las copas y nos sentamos en una de las mesas del amplio salón. Es un local bastante amplio, su decoración bebe bastante de la estética hippie, con algunos toques  chill-out. A pesar de estar bastante concurrido, el ambiente es bastante agradable y tanto el volumen  la música como el  de la gente al hablar, permiten mantener una conversación como Dios manda.

 

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—Bueno, “escritor” que es lo que dice que se te queda inconcluso de mi historia —. Dice Guillermo con ese tono de guasa tan  propio de él.

—Pues tu historia con tu entrenador y Arturo —Digo como si se tratara de una entrevista periodística.

—Ya te dije que seguimos viéndonos un tiempo, pero que yo estaba de más en aquel dúo y lo fui dejando poco a poco —Las palabras de Guillermo están acompañadas de mucha gesticulación, como queriendo enfatizarlas.

 —Si no te apetece no me lo cuentes, pero Javier, tu entrenador, por lo que me dijiste, tenía mucho interés en desvirgarte ¿Fue así? — Me escucho y no me reconozco. La seguridad con que he cargado mis palabras no es propia de mí. Cómo siga así, me hago tertuliano de un programa radiofónico de sexo.

—¡Pero que morboso eres, gachón!  — Dice JJ echándose, en señal de asombro,  instintivamente una mano a la frente y tapándose parte de la cara con ella.

—¿Por qué no?  —Dice Guillermo  —¡Hay confianza!  Bueno, mi primer encuentro con Javier y Arturo, mi medio noviete de aquella época, fue en Octubre (Me acuerdo por la tunda que nos metieron jugando).  Estuvimos tonteando hasta el verano. Pero, ya te digo, Javier, como estaba casado, eran pocas las veces que se incorporaba a nosotros.  Eso sí, Arturo y yo, cada vez que teníamos ocasión nos pegábamos un homenaje.

—Si ahora estas siempre preparado, ¡no quiero pensar como serías con dieciocho años!  — Las palabras de JJ están adornadas con muchos gestos (algunos rozan lo ordinario).

—¡Calla y no te interrumpas! ¡Qué se me van las ideas! —Dice Guillermo, pegándole un leve manotazo  a mi amigo.

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—Ok, Ok — Le contesta resignado su novio.

—Pues eso. Que aunque el entrenador estaba obsesionado con partirme el culo. Ni teníamos demasiadas ocasiones, ni el cacharro que se gastaba el colega era para iniciar ningún agujero. Aunque lo intentábamos y por mucho que me relajara yo, no pasaba ni la punta. ¡Coño, si me costaba trabajo hasta mamársela del  pedazo de pollón que se gastaba! Pero, si algo tenía Javier es que era perseverante,  cuando entrenábamos no nos dejaba irnos a casa hasta que conseguíamos cuadrar las jugadas. Pues con esto igual. Yo he de reconocer, tenía ganas de que me petara el culo, el tío me ponía a cien y es que a Arturo no lo veía  yo dándome caña por detrás. Al entrenador, no sé si porque era un tío hecho y derecho, o porque el tío estaba  bueno para reventar, si me lo veía dándome jarilla. En fin, que se acababa la temporada y el mondongo de Javier, por mucho que se asomaba a mi ojete, no pasaba del recibidor.

»Pero como el amigo era de ideas fijas y se le había metido en el cuerno izquierdo follarme. Pues un fin de semana, no sé qué historia contó en su casa, nos invitó a Arturo y a mí a un chalet en la playa que tenía un amigote suyo. Tanto a mi compañero de juegos, como a mí, nos sorprendió la invitación, pero la palabra gratis, siempre tiene la misma consecuencia: Arturo y yo aceptamos sin pensarlo siquiera; en parte porque sabíamos que sin follar, no nos ibamos a quedar y por otra parte, porque nos intrigaba bastante la amistad que unía al entrenador con el dueño del chalet.

» Así, que cuando llegó el fin de semana, los tres nos marchamos a Torremolinos, que era donde el colega de Javier tenía  su vivienda. Una vez allí, tanto a Arturo como a mí, se nos cayeron los palos del sombrajo. ¡Vaya casa que tenía   “er nota”!  No sé si estaría “forrao” o no, pero el chalet aquel estaba costeado. No sólo era grande y se encontraba prácticamente, a pie de playa. Estaba construido con muy buen gusto y repleto de detallitos pijos de diseño. Que nada más que por pasar el fin de semana allí, había merecido la pena todo el viajecito.

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» Cuando conocimos a Sebas, que así se llamaba el amigo de nuestro entrenador, tanto mi colega como yo no salíamos de nuestro asombro: Era un tío de unos cuarenta y largos años, cincuenta bien llevados diría yo. Moreno, alto, con un buen físico, se notaba que se cuidaba.  Tenía unos ojos negros grandísimos, una nariz perfecta, unos labios carnosos y unos pómulos marcados. El madurito me gustó tanto, que fue verlo y desee que aquel fin de semana, fuera lo que parecía: dos días para hartarse de follar. Sí tenía alguna duda sobre esto último, desaparecieron cuando el colega me dio la mano, me la apretó de una manera tan sensual y varonil, que se me puso el cipote duro como una roca.  No se me olvidara en la vida, la frase que utilizó el entrenador para presentárnoslos: “Chavales, este es mi amigo Sebas. Sebas es uno de los nuestros”

»Al que no pareció hacerle mucha gracia, en principio, la especie de encerrona que nos había metido el entrenador, era a mi medio novio Arturo.

»Nada más fue dejarnos a solas en la habitación que había preparado el tal Sebas para nosotros y empezó a largar barbaridades sobre la manera de hacer las cosas que tenía Javier. Que si nos había traído para follar con su amigo, nos tenía que haber dicho algo, que las cosas así no se hacen.. etc. Me empezó a tocar los cojones, su negatividad. Sobre todo, porque no llevaba nada de razón; tanto él como yo, sabíamos dónde nos metíamos desde el momento en que aceptamos la invitación. Así  que no le hice mucho caso.

»Después de comer (Que  por cierto, el anfitrión cocinaba del carajo), nos preparamos para irnos a la piscina. Arturo se había puesto un bañador rojo  pequeñísimo, de estos de natación ¡Puff!  ¡Cómo le sentaba! Le hacía un culo y un paquete de película. Yo me había puesto un bañador negro de esos pegaditos y que tapan hasta un poco por debajo de la ingle. Cuando llegamos a la piscina, tanto nuestro entrenador como el dueño del chalet se encontraban  ya en el agua. Al vernos llegar, nos invitaron a acompañarlo. Arturo y yo sin pensárnoslo, nos lanzamos a la piscina.

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»El agua estaba buenísima, tanto, que me vi obligado a hacer unos largos. Una vez  me cansé de nadar, me incorporé al trío formado por Arturo, Javier y Sebas. Al aproximarme a ello, percibí algo extraño en el comportamiento de mi compañero. Lo extraño no era otra cosa, que tanto mi entrenador como su amigo se estaban bañando en pelotas. El colega Arturo  estaba aprovechando para hacerles una paja a ambos por debajo del agua. ¡Y eso que nada más llegar empezó a protestar! ¡Si es que cuanto más putas son, más pajas mentales se hacen! En fin… que visto lo visto, y como el muchacho no tenía más manos, me incorporé tras él y empecé a restregarle la churra por sus glúteos.

»Al segundo roce, ya tenía el cipote tieso a reventar, tanto que Arturo al sentirla se estremeció levemente.  Al momento me desprendí de mi bañador, me metí bajo el agua y le quite a Arturo los suyos. Cuando volví a la superficie, el panorama que me encontré era de lo más alentador. Los dos hombres abrazaban y besaban al muchacho, al ser consciente de mi presencia Javier me animó a unirme a ellos.  El primero en buscar mis labios fue Sebas, cuando su lengua choco con la mía, mi polla vibró como si tuviera vida propia; no sé qué tenía aquel tipo, que era sólo tocarme y me ponía a diez mil.

»Mientras me besaba, sus vigorosa y cuidadas manos pasearon por mi espalda, hasta llegar a mi culo. Cuando llegó a aquella  zona, me cogió  mi trasero con ambas manos y lo apretó de manera impudorosa. Si alguna vez en mi vida, había tenido deseos de que alguien me penetrara; fue en aquel momento. El tal Sebastián tenía algo que me ponía súper cachondo. Y creo que él, se daba cuenta  de ello. Me magreaba los glúteos, como si fuera a hacer la masa de una pizza con ellos; lo hacía tan bien que me puso como una moto. Estaba tan absorto con lo que el madurito me estaba haciendo, que ni fui consciente de que  mis dos compañeros de viaje habían salido del agua.

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»Los busqué y me encontré al entrenador tendido sobre una tumbona, de las varias que había al lado de la piscina, agachado frente a él estaba Arturo metiéndole una colosal mamada. La escena era digna de una peli porno.  Lo que más me gustaba de Arturo era el color oscuro de sus cabellos y su piel, por aquella época lucía un buen  físico: unas anchas espaldas, con unos brazos musculados, un potente trasero y unas peludas  piernas, escandalosamente perfectas.  Y que quieres que os diga, ver como la cabeza de un chico de dieciocho años, como Arturo,  se tragaba la enorme verga de Javier, era un espectáculo que había que estar muerto para no ponerse cachondo.

»El entrenador era, como os conté, un tipo que se conservaba bastante bien, sus buenas horas de pesas le costaba. Las pesas y una controlada alimentación, porque si no dime tú a mí como hacía para estar tan cachas. Tenía unos bíceps que era solo verlos y me ponía “to” burro,  y su pecho, no he visto un pecho tan marcado en un tío de esa edad en los días de mi vida.  En fin, que como los dos se habían metido en faena de improviso, a mi aquello  me despisto un poco, cosa de la que se percató  el tal Sebas, que me pregunto que si quería unirme a ellos. Imagínate, si ya estaba calentorro con solo mirar, cuando el colega me dijo de hacer un cuarteto. ¡Casi me corro allí mismo!

»Al salir  Sebas del agua, perdió de golpe  el título de hombre perfecto. Sus piernas y su culo eran la antítesis de mi amigo Arturo. Aunque por arriba era un armario, unos buenos brazos, un pectoral de escándalo, unos trapecios bien trabajados. Las piernas, no le iban a juego, supuse que no las entrenaba como hace la mayoría de la gente. Y es que los presentadores de  informativos abundan en los gimnasios; solo se cuidan de cintura para arriba.

»En fin, a pesar de las enclenques piernas. A mí el cuarentón, me ponía a tono y  tela. Así, que cuando salimos de la piscina y me insinuó levemente que se la mamara; no le hice ascos… ¡sino todo lo contrario! La polla del tío, aunque era delgada y larga, tenía una erección bastante guapa. Su capullo era estrecho y al no estar circuncidado, la piel lo cubría casi al completo. ¡Ufff! ¡Cómo me pone eso!

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»Cogí aquel alargado cipote, y antes de metérmelo en la boca, me lo pasé por la superficie de los labios como si se tratara de un pintalabios. Aquello  lo excitó una barbaridad  y se puso  a lanzar bufidos de placer.

»Comprobar que el tío era tan sensible, hizo que me esmerara más en los lametones que le daba a su polla. Cuando me la metí en la boca, hasta donde pude, Sebas se puso a gemir como un condenado. Era sólo escuchar su entrecortada respiración, y mi mondongo se movía como si tuviera vida propia. ¡Ufff!

»Le eche una visual a Arturo y Javier. El espectáculo no tenía desperdicio. Mi colega chupaba como un poseído la polla de mi entrenador. No sé cómo lo hacía, pero se la tragaba entera con una facilidad horrorosa. La carita de Javier se contraía en muecas de placer y es que, todo hay que decirlo,  la boquita de Arturo era cosa fina.

»Seguí chupando el cipote de Sebas, hasta que este en un tono que pareció un ruego, me pidió que no continuara, que de hacerlo, se correría. Como  sabía que, Arturo y Javier tenían para rato. Decidí no seguir. No era cuestión de montarnos allí un festival sexual y tener al anfitrión mirando.

»Fue soltar su cipote, y pedirme que me pusiera a cuatro patas sobre la hamaca. A continuación me metió una de las mejores comidas de culo que me habían metido hasta la fecha. Yo creo que mi propensión a los besos negros nació aquel día. Su lengua se paseaba por mi peludo agujero con una maestría que hasta entonces no habían hecho (Tengo que reconocer que el amigo aquí presente  lo supera—Dice señalando a JJ —, pero estoy hablando de por aquella época).

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»Bueno, lo hacía tan bien. Que no me podía contener y empecé a gemir casi compulsiva mente. Y es que el tío me estaba comiendo el culo de puta madre. Me pasaba la lengua de sopetón, para después pasar la puntita, la cual endurecía para darme más gusto. Me tuve que contener para no terminar masturbándome, de lo bien que me lo estaba haciendo.

»Estaba tan absorto en disfrutar del momento, que ni me di cuenta de que  tenía a Arturo y  a Javier de píe junto a mí. Uno se había colocado a mi derecha y otro a mi izquierda. No había que ser un Stein para darse cuenta lo que pretendían moviendo sus pollas casi a la altura de mi cara.

»Ver las dos pollas vibrando a mi alrededor, me puso en un estado de excitación, como nunca antes me había puesto. Y es que Arturo sería un cabroncete, pero tenía una polla para comérsela: de tamaño correcto, con una gran cabeza descapullada y gorda como ella sola. Pero lo que me tenía  más “salio” que el pitorrillo de un búcaro era la polla del entrenador; ¡Jo, qué pedazo de verga se gastaba el colega! Debía de medir por lo menos veinte centímetros y con un buen diámetro. Pero lo que más me gustaba de ella, era como se le marcaban las venas a lo largo del tronco de ésta y su cabeza roja. ¡Uff! No me pude resistir y mientras chupaba levemente la polla de Arturo, agarré con fuerza la de Javier.

»Mientras yo pasaba mi lengua indistintamente por ambas pollas. Sebas separaba mis glúteos con las manos y metía su ardiente lengua dentro de mi agujero.  Yo creí que me moría de gusto… Porque, por si no os habéis dado cuenta, el centro de atención de los tres tíos que estaban conmigo era yo.

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»Yo creo que aquel día, fue el primero que empecé a disfrutar del sexo como “está mandaó”. Me esmeraba cuando pasaba mi lengua y mis labios por las dos pollas que tenía ante mí. Y debía de estar haciéndolo muy bien, pues un par de veces que levanté la vista para ver a Javier y a Arturo, estos tenían cara de estar pasándoselo de putísima madre. Y es que la lengua del tal Sebas, rugosa, caliente y húmeda me tenía que no era persona. ¡Era “to” nabo!

»No sé qué tiempo estuve alternando mi boca entre aquellas dos vergas,  cuyos dueños, por cierto,  debían de estar tan excitados como yo. Pues la polla de Arturo, que me la conocía bien, no la había visto tan dura en los días de mi vida. Y lo mejor, la incansable lengua del dueño de la casa que me estaba poniendo el agujero a punto de caramelo.

»Sebas detuvo su lengua de repente y me pidió que me tendiera boca arriba sobre la camilla. Una vez  lo hice, le dijo a Javier que me duchara con su leche. ¡Uff! Cuando vi al entrenador masturbase sobre mí, creí que me daba algo. Su mano casi no cubría su pene al completo, por eso éste se agitaba como si tuviera vida propia. Y lo que más me excitaba, es como se movían sus huevos en su escroto, parecían dos polluelos que querían romper el cascaron.

»Al llegar el placer a Javier, su cara se contrajo en una mueca de dolorosa satisfacción. A continuación, de su capullo rojo salieron varios trallazos de abundante leche que fueron a parar sobre mi rostro. Mi pelo, mis mejillas, mis ojos y hasta mi boca se impregnaron del caliente líquido.

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»No me había recuperado aún de la caliente ducha, cuando Arturo ocupó el lugar del entrenador. ¡Qué bien me conocía la polla que se agitaba sobre mí! No era lo que se dice un pollón, pero su piel oscura y su grosor, me ponían mogollón.  La mano de mi compañero de juegos, cubría por completo su cipote, dejando entrever su gorda cabeza, la cual aplastaba como si fuera una serpiente para que escupiera el veneno. Mientras Arturo se masturbaba, las manos de Javier jugaban con sus tetillas y, por lo que pude suponer, Sebas hacia otro tanto con sus glúteos. La cabeza de mi amigo se movía levemente hacia los lados, sus ojos estallaban de lujuria y de su boca escapaban unos agradables bufidos.  Cuando se fue a correr todo su cuerpo se contrajo de manera monumental. Su polla parecía un geiser del cual brotaba un manantial de lefa y  es que el tío tenía unas corridas colosales. Mi pecho y parte de mi abdomen quedaron regados por el espeso semen.

»Y para el fin de fiesta, se quedó el dueño del chalet; ¡Como me ponía de cachondo el tío!  La punta de su delgado cipote emergía y se escondía entre sus dedos, su tronco cimbreaba como si fuera un ente independiente de él y sus peludas bolas parecían querer salir de su bolsa. Estaba que no podía más, a petición de Javier, me puse a pajearme a la misma vez que le hacia el tal Sebas.  Poco después unos trallazos de espeso semen llenaban mi abdomen y no me habiéndome recuperado todavía del placentero momento, unos chorros de semen impregnaron  a conciencia todo mi pecho. Otro punto a favor del madurito: era un toro echando leche.

Arturo, en un gesto de cerdeo total, paseo su mano por mi pecho; extendiendo el líquido blanquecino por mi tórax. Su cara al hacer esto me mostró una faceta de él que desconocía: mi amigo no era un pelín guarro, ¡era muy, muy guarro! Los dos maduros, al verlo actuar de aquella forma, comentaron algo entre ellos.

Una vez me recuperé y el marrano de Arturo dejó de jugar sobre mi pecho. Sin pensarlo, me levanté y me lancé al agua para limpiarme del pegajoso líquido.  Sólo llevábamos unas pocas horas en Torremolinos y había tenido la experiencia sexual más morbosa de mi vida. Y lo que quedaba del fin de semana, no me iba a defraudar.DmdJbesUwAA4ucb.jpg

Continuará  en: “Petardeando en Torremolinos”

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