El niño de los accidentes (INÉDITO)

Cuando uno tiene nueve años, sabe muchísimas más cosas que cuando solo tiene ocho. En trescientos y pico de días se puede aprender un montón.

Hace un año desconocía que mi papá no era mi papá verdadero. Bueno, él tampoco lo sabía y ya era mayor. Por lo que supongo, no solo los niños somos los que vamos aprendiendo cada día cosas nuevas.

Sucedió que estando en el hospital por uno de mis muchos accidentes, me hizo falta una transfusión de sangre y mi papá que entonces todavía creía que era mi papá verdadero se ofreció.

Tras hacerle unos análisis de esos con las agujas largas, el doctor que me atendía le dijo que  él no me la podía dar, porque su tipo no era compatible con la mía. Aquello dejó a mi papá  no verdadero con la misma cara que cuando le metían al Madrid cinco en su casa.

Por lo visto, aunque toda sea roja, hay muchos tipos de sangre. Yo tengo una que se llama AB, mi mamá la B con la rayita y la de mi papá la B con la crucecita.

Al enterarse de que no me podía salvar la vida con su sangre, mi papá que no es mi papá, se enfadó mucho con el doctor. Tuvieron una discusión muy grande y, al final, el médico le terminó diciendo que no solo no me la podía prestar, sino que al ser B con la crucecita, tampoco podía ser mi padre biológico.

Mi papá no verdadero se puso un poquito triste, pero ni por esa se marchó de mi lado. Me debe de querer mucho, porque aunque intento ser un niño aplicado, al final no paro de hacer trastadas.

Tengo que reconocer que soy un completo desastre y desde que estaba en la cuna no paro de tener percances.  Me he roto tres veces el brazo derecho, dos el izquierdo, las piernas una vez cada una y rara era la semana que no tenía una herida o moratones. Mi madre dice que, de pequeño, hasta metí un tenedor en un enchufe y estuve a punto de electrocutarme. Por eso es por lo que hago mohines raros con la boca y los ojos. Cuando estoy nervioso, lo hago más seguido y los niños me llaman Patricio, como el compañero de aventuras de Bob Esponja.

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Bueno, no solo Patricio, me dicen el “Frikie”, el muletitas, el moratones, el torpe, el “huesos de cristal”… Esto último, mi padre que no es mi padre verdadero se lo preguntó a un médico que me hizo muchos exámenes y le respondió que yo tenía los huesos muy fuertes, que la única explicación que le veía a tanto accidente es que o que era muy torpe, o que había alguna persona en mi entorno que me los provocaba.

Ahora que no me escucha nadie, tengo que confesar que lo de los accidentes a mí me daba un poco igual. Salvo por el dolor y por la inyecciones, he de reconocer que, a veces, estar en el hospital era parecido a unas vacaciones. Las enfermeras y los médicos estaban todo el tiempo pendiente de mí y me tenían súper mimado. No sé si porque molaba un montón o porque les daba lastima.

Una de las veces que me partí una pierna estuve cuatro semanas sin salir de casa. Me pasé todo el rato jugando a la video consola y viendo dibujos animados en la tele. Durante ese tiempo, mi mamá se encargó de ir todos los días al colegio para recoger los deberes que me ponía mi profesor y que no perdiera el curso.

Antes de salir se ponía su ropa más fashion, se peinaba, se maquillaba y se perfumaba.  Yo creo que eso  de arreglarse tanto, lo hacía para que no le pusieran pegas por ser tan pesada. A mí me gustaba que fuera a mi cole, como es tan guapa, tan divertida y tan simpática, los demás niños no tendrían más remedio que decir que tengo la mejor madre del mundo.

Cuando se preocupa tanto por mí, cuando tengo un accidente, los profesores, los médicos, los enfermeros,… todo el mundo piensan que mi mamá es la mejor. Bueno, todos, todos no…

Mi padre que no es mi padre de verdad, pero que me quiere como si lo fuera, desde que descubrió que le mintió sobre mí, se volvió muy desconfiado. Hasta el punto que no me dejaba nunca a solas con ella.

Desde aquel momento, se pasaban el día discutiendo y diciéndose cosas feas. Fue así como me enteré de que mi padre no verdadero, antes de vivir con nosotros, tenía otra novia a la que quería mucho y con la que se pensaba casar.  Un día tuvo una peleílla con ella y, cabreado, salió a emborracharse. Fue ese día el que conoció a mi madre, bebieron más de la cuenta y pasaron la noche en mi casa.

En principio no iban a verse más, de hecho mi papá que no es mi papá verdadero hizo las paces con la otra chica. Un día mi madre lo llamó y le dijo que estaba embarazada y él, como me quería tanto, dejó a la novia más antigua, para cuidarnos.

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¡La cara tan dura que tiene mi mamá! Me reñía a mí para que no dijera mentiras y ahora ella suelta un embuste de los más gordos. Mi papá no verdadero, una vez mi madre admitió que lo había engañado, se enfadó muchísimo, le pidió explicaciones y ella se limitó, como siempre que no se salía con la suya, a llorar y llorar. Como si las lágrimas fueran a solucionar la trastada tan enorme que había hecho.

Desde aquella noche, no volvió a dormir más en el dormitorio grande y lo hizo en el cuarto de invitados que está en frente del mío. Aunque ya no la quería como se quieren los novios y tal, no se marchó, pues temía que me fuera a pasarme algo cuando él no estuviera.

Por lo que pude deducir, porque yo soy muy listo y me he leído todos los libros de Geronimo Stilton, es que no soy tan torpe como se pensaba, sino que era ella la que me ponía las trampas para que tuviera los accidentes.

Visto así tiene su lógica, porque, ahora que me acuerdo, muchas de las veces que me he pegado un golpe o me he partido un hueso, ella ha estado cerca y, en vez de procurar que no me hiciera daño, se ha hecho la distraída.

Mi mamá no es mala. En realidad, lo que le pasa es que está enferma. Padece lo que se llama (a ver si soy capaz de decirlo bien, que como es un nombre muy raro, siempre me sale mal. ¡Vamos allá!), Síndrome de Munchausen por poderes. Por lo que me ha explicado, y por varias veces, mi papá que no es mi papá, las personas que la padecen necesitan ser el centro de atención y para que todos le digan lo buena que son y lo bien que se portan con sus seres queridos, hacen que las personas que están a su cargo sufran enfermedades o accidentes.

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El único problema fue que mi papá que no es mi papá verdadero, se dio cuenta muy tarde y, como cada vez mi mamá estaba más enferma, cada vez necesitaba llamar más  la atención. Mi último accidente consistió en que me subió a la azotea de mi casa y, una vez estuvimos allí, me empujó.

Sé que me pude haber matado, pero no lo hice. Únicamente me partí casi todos los huesos, pero ya tenía experiencia y no me importó estar escayolado. Lo que si me dio coraje, al principio, es que me había quedado dormido y no me podía despertar.

Ahora la única compañía que tengo son la de las enfermeras que me cuidan, el médico que viene a ver de vez en cuando como estoy y la de mi padre que no es mi padre. Viene todos los días y, aunque yo no le puedo contestar, él me cuenta lo que ha hecho en el trabajo, las cosas que pasan en el barrio y, si tiene tiempo, hasta me lee libros de Geronimo.

La verdad que es una pena que no sea mi padre verdadero, porque mola un montón. Gracias a él sé que mi mamá y yo estamos los dos en un hospital. Ella en un psiquiátrico, curándose de su enfermedad de nombre raro y yo en uno normal, tendido en una cama, sin poder despertarme.

Lo que no sabe mi papá que no es mi papá que en el mundo del coma ya no soy Patricio, ni el rarito, ni el muletitas, ni el huesos de cristal… Desde que estoy aquí me he convertido en el niño Superman, capaz de volar de un lado a otro sin parar.

Este sitio es tan diver que los únicos niños que hay son los que yo me invento. Son mucho más guay que los del cole porque todos tienen súper poderes, aunque he de reconocer que yo, como soy el líder, me he quedado con el mejor traje de todos. ¡Qué bien me lo paso!

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4 comentarios sobre “El niño de los accidentes (INÉDITO)

  1. Es una verdadera pasada este relato mi querido Machi..
    Yo que soy padre se me arrugó el corazón primero y las bolas después..
    De verdad que tienes un don para escribir dándole voz a los niños..
    Gracias y un abrazo..

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