Homofobia

Mentes que empuñan armas, capaces de repartir la muerte.

Nota del autor: Este relato fue escrito como homenaje a las víctimas del atentado de la discoteca Pulse en Orlando el 12/06/2016. Después de la masacre perpetrada en Nueva Zelanda por un supremacista blanco armado y, como considero que los Yihadistas y los supremacistas son las dos caras de la misma moneda, he decidido rescatarlo.

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Luis, aunque sus padres son dominicanos,  ha nacido en Estados Unidos. De sus  veinte años,  ha pasado quince de ellos negando una realidad, su realidad.  Nunca olvidará la reacción de su padre al enterarse de que sus preferencias sexuales no eran las esperadas, tras culpar a su madre de ello, hizo alarde de la mayor de las intolerancias y lo echó de casa al grito de: “Yo no tengo un hijo maricón”.

Sin estudios, sin un oficio, contando solo con el respaldo de sus ilusiones y sus ganas de vivir, lo fácil hubiera sido sucumbir al hedor de las calles y compartir su joven cuerpo a cambio de unos billetes. Sin embargo, sacó fuerza de sus flaquezas y con la ayuda de algunos familiares y amigos pudo ir viviendo de prestado  hasta que encontró  un trabajo con el que poder sobrevivir.

“Es un chico listo”, pensó el jefe de cocina cuando vio el esmero con el que limpiaba los platos y ayudaba en las tareas menos cómodas de la cocina. Su juventud y su afán de superación se ganaron el aprecio del chef quien,  poco a poco, fue probando sus ganas  de aprender y comprobó complacido que eran tan enormes como él había supuesto en un principio.

Esta semana, le han comunicado un ascenso, tras dos años de fregar platos, sacar la basura y demás, tendrá la categoría de pinche de cocina, no solo ganará unos pocos de dólares más, sino que aprenderá a hacer algo que le fascina: Cocinar.

Este sábado, después del trabajo, ha quedado con unos amigos para celebrarlo. Por primera vez va a ir a Pulse, esa discoteca gay tan de moda de su ciudad, aunque su única intención es pasarlo bien, no decanta conocer a un chico con el que pasar un buen rato, y quién sabe, comenzar esa relación formal que tanta falta le hace a su soledad.

Lo que no sabe Luis es que hoy todos sus sueños acabaran, pues será una de las cuarenta y nueve vidas que el Sr. Matanza cegará  en nombre de unas creencias  corrompidas por el odio.

Puede que en la mente enferma de su verdugo solo hubiera lugar para el odio y la intolerancia hacia lo diferente, hacia todo lo que no signifique un pensamiento único. Puede que con  las balas de su fusil, el Sr. Matanza intentara fulminar los deseos irrefrenables que conseguían despertar en su interior  aquellos a quienes él llamaba aberraciones.  Puede  que parte de la culpa sea de un país que ve como un derecho la posesión de armas, armas que dirigidas por la locura son capaces de vomitar muerte. Puede  haber mil justificaciones para la maldad humana, pero ninguna nos debería valer.

Las justificaciones no   van  a devolver la vida a Luis, ni a Kimberly, ni a Peter, ni a Eddy, ni a Deonka, ni a Jean Carlos… ni a tantos otros. Seres anónimos que no podrán volver a soñar, a amar, a disfrutar de sus vidas. Seres anónimos que tras  copar unos días las  portadas de los periódicos, las noticias y el dolor de muchos corazones, pasaran a ser únicamente dos fríos dígitos: Cuarenta y nueve víctimas, cincuenta y tres heridos.

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Un comentario sobre “Homofobia

  1. Señor Machi :
    Le íbamos a advertir que su corrector de Word se había equivocado, -pues sabemos que usted es maestro y los maestros no se equivocan-, y tenía una falta. Pero hemos visto que ya la ha corregido y no le vamos a mandar que copie cien veces en la pizarra: “Echó un vistazo a lo que el hombre había hecho”.

    Nosotros no teníamos que comprender el significado de nada, simplemente con aprender de memoria teníamos bastante, y escribirlo 100 veces en el cuaderno.

    Como siempre, un buen relato, que sepa que seguimos por aquí.
    Saludos.

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