Un oso con un buen madroño (Borrador)

23 de agosto del 2012 (04:00 pm aprox.)

***JJ***

¡Vacaciones, la mejor temporada del año! Da igual dónde estés, lo importante es poder salir de la rutina y dejar los problemas cotidianos encerrados en el baúl con los pantalones de pernera de cuero y las camisas estampadas de cuello puntiagudo a lo Tony Manero.  Eso sí, si al estar ocioso le sumamos tener la oportunidad de visitar un sitio encantador o uno donde poder relajarnos como Dios manda, crecen las posibilidades de que podamos tocar la felicidad con los dedos.

Este año, en vez de optar por conocer otras culturas y sitios pintorescos, he decidido venirme a los Caños de Meca, una playa nudista de Cádiz, donde el petardeo está a la orden del día. Como lo de viajar en solitario con la única intención de pegarse el lote de follar está feo (máxime si uno tiene ya novio), me he traído a mi pareja y a mi mejor amigo, Mariano, para que me toquen las palmas mientras hago lo que mejor sé hacer: lo que me da la real gana sin importarme nada de nadie.

Bueno, he de reconocer que lo de que el curita sea nuestra carabina, no ha sido del todo idea mía. Ha sido una sugerencia/orden de mi chico quien, desde que nos conoció, está obsesionado con la idea de un trio. El muy iluso se pensó que éramos pareja. ¡Pobrecito con lo guapo que es y listo que parece, a veces me da la sensación de que todavía no ha dado con el guindo del que se tiene que caer!

Guillermo está convencido de que, con el rollo de la playita y el sol, mi amigo estará más desinhibido de lo habitual y será una presa fácil para caer en nuestros juegos libidinosos. ¡Ay, miedo me da en dónde pueda acabar todo esto! Pero en fin, ¿qué carajo es la vida sin riesgos? En dos palabras, como diría Jesulín, in-soportable.

Si algo se tuerce, ya me inventaré algo para enderezarlo, porque, como dice mi tío Paco,  en este mundo todo tiene solución menos la muerte.

En algo en lo que no he estado muy acertado, si mi intención era que Marianito se relajara y fuera propenso a meterse en la cama con mi chico y conmigo, ha sido en lo de invitar a las Másqueperras a pasar un día de playa con nosotros. Muy bondadoso, muy generoso para algunas cosas, ¡pero qué egoísta soy para otras! Aunque creo que más que egocentrismo, ha sido falta de empatía.

El pobre de mi amigo del alma,  que todavía no ha descubierto que fuera del armario no te come nadie, ni te pasa nada, que como mucho te comes algún que otro maromo curioso,   al enterarse que las cuatro locas esas iban a venir, se le puso una cara de tierra trágame que no se la saltaba un guardia. Está aterrorizado porque cualquier conocido la pueda ver con ellas y sume dos más dos, ¡como si la gente no tuviera calculadora ya para saber de qué pie cojea cada uno! En fin, las mentiras con más larga fecha de caducidad, son las que se cuenta uno a uno mismo.

Menos mal, que como el muchacho es noble hasta decir basta, nada más que ha ido conociendo a las cuatro artistonas, ha ido congeniando con ellas y, aunque tampoco va a quedar con las travestis para tomar un café, ni nada por el estilo, tampoco se ha comportado de un modo más seco de lo habitual en él. ¡El pobre el día que repartieron la gracia, se puso enfermo con calenturas maltas!

Es más, creo que de las historias cochinas que se han contado aquí hoy, va a sacar material suculento para esa página en la que él escribe. Si la de Sorippegy con los dos camioneros me pareció increíble, la de Caro con Ramón Spike, me ha parecido surrealista.

Aunque la Édith Piaf sevillana ha sido muy pudorosa y no ha dado excesivos detalles sobre su momento sexual, todos los allí presente no lo hemos imaginado a la perfección, con lo que no quiero ni pensar la de pajas que se van a inventar los lectores de mi amigo cogiendo como escusa lo que él va a escribir.

Si algo tiene característico el ser humano, en lo que las travestis y los homosexuales no vamos a ser menos, es que es envidioso por naturaleza y, algunos de los presentes, en vez de alegrarse por el buen polvo que la transformista gótica hecho aquel día, está aprovechando para criticar al Osito.  Como si con sacar a relucir los defectos del Spike, fueran a minimizar la circunstancia de que Caro llegó a contemplar Pamplona en toda su plenitud.  La primera en sacar las uñas afiladas para destripar a Ramón, es Miss Triana Lengua Viperina:

—Maricón, reconozco que el tío tiene un buen revolcón, pero a mí me parece más falso que Judas y más tonto que cogerse el coño con la tapa del wáter.

Por unos momentos, tras la grosera y bajuna afirmación de Susana, se hace el silencio. Mariano y Guillermo aprietan los labios temiendo lo peor, como si la momentánea paz se hubiera roto y estuvieran esperando que aquellas cuatros se pusieran a ponerse verde al son del lindo grito poligonero. Sin embargo, yo que las conozco mejor, sé que nada une más  a estas que poner verde a cualquiera que les vaya mejor económicamente y socialmente que a ellas.  Se ha abierto la temporada del despelleje hispánico y la primera en sacar su navaja es Espe Macarena.

—Mujer, la experiencia me ha enseñado que chasis y rendimiento no son dos cosas que se dé al mismo tiempo en esta categoría de individuos. Ya saben lo que dicen: « La Belleza es una carta de recomendación a corto plazo». Si están como un queso, lo más común es que sean mala gente, o más simples que el mecanismo de un sacapuntas.

—Pues yo diría que el cocacolas es mala gente directamente —Responde la trianera —, es de los que te ve por la calle y, si puede evitarlo, no te saluda porque no estás a su altura.

—Tampoco creo que sea muy listo que digamos — Recalca Sorippegy.

—Un lumbrera no es, pero tiene sus estudios.

—Sí, Espe, pero tú ya sabes cómo son la gente bien, se van a una Universidad privada, o de recomendados a una pública, y le dan los másteres como el que se compra las albóndigas de reno en el IKEA. Así que de sus estudios, no me creo na de na.

Las palabras de Susana me dan la sensación de que remueven algo en el interior de Caro, quien me aventuró a imaginar,  todavía siente algo por el Spike, no obstante, fiel a su lema de no me meto en jaleos que me estresan, la descansá baja la mirada y, si tiene algo que decir, decide no compartirlo con los demás.

—Maricón, con un padre que ha estado metido en cien mil chanchullos y hasta ha sido imputado por lo de las crediblac, no querrás tú que el hijo salga hecho un “boy-scout” y se ponga a clavar los codos estudiando, que eso ya sabemos todos es de ordinario y de pobre.

—Por eso te digo que el cocacolas es un falso, Sory —Interviene Susana haciendo un montón de aspavientos —. ¿Sabes de que va por la vida el muy cabrito?

—Sí, de solidario y de ONG andante. Todo el día que si los excluidos socialmente por aquí, que si los emigrantes por acá, que si las mujeres maltratadas por allá… ¡Mamarrundias!  Por eso no te he discutido de un primer momento, cuando has dicho que es un falso. Yo esta gente lo veo como los curas pederastas, mucho golpe de pecho, muchos evangelios y mucho celibato, pero en cuanto ven a un niño a menos de diez metros se le olvida Dios, la puta madre de Dios y les falta tiempo para metérselos debajo de la sotana.

Escucho decir aquel “sacrilegio” a Espe y busco la reacción del curita, pero parece que hoy está haciendo un Master, y de los de verdad, en curarse de espanto, porque ni siquiera frunce el ceño ante la enorme barbaridad que la madrileña ha soltado por esa boquita.

Sintiéndose amparada por sus compañeras de oficio, Susana vuelve a sacar el cuchillo desollador que tiene por lengua y prosigue hablando mal del Spike.

—A mí, particularmente, me da igual que el cocacolas tenga uno o trescientos másteres, que presuma de ir de estar con los necesitados y después se compre un chalet a tutiplén de lujo, a mí me la suda que, amparándose en su superioridad moral, te mire por encima del hombro, a mí lo que me joroba es lo que ha hecho con las ancianitas del Barrio de la Hermandad del trabajo.

—¿Qué ha hecho? —Pregunta Caro casi susurrando.

—¡Maricón, deja de estar en los mundos de Yupi, que  no te enteras de na!  Le empresa familiar le tenía arrendada unas viviendas de alquiler antiguo a unas veinte ancianitas. Él, ahora que su padre va a ir al trullo, se ha hecho cargo de sus negocios y le ha vendido el inmueble a un fondo buitre de esos.

—Eso no puede ser —Interviene Mariano, quien hasta ahora ha permanecido más callado que una puta —, eso está prohibido por ley.

—Pero, ¿quién había hecho eso no había sido el sobrino de Anita? —Pregunta Caro con una voz casi inaudible y que es ignorada por todos, en especial por Susana que, respondiendo al curita, prosigue con su monologo de “Doce horas acuchillando a Ramón”.

—Maricón, pero quien hace la ley hace la trampa. Yo lo único que te puedo decir es lo que le pasa a una prima de una amiga de mi madre que vive en Triana. La pobre señora tiene ochenta y pico de años, ahora está buscando un piso porque los del fondo buitre le ha subido la renta y, como con la pensión que tiene no puede pagarla, los muy becerros la van a poner de patitas en la calle. La buena mujer tiene una pena que veremos si no se termina muriendose del disgusto…

—Ahora con el boom del turismo, como esos pisos están tan cerca del centro y tal, lo que buscan es echarla para alquilarlas a precio de oro —Le recalca Sorippegy, arrimándose un poco más su rodilla a la de Mariano, quien se ha metido tan de lleno  en la conversación que ni se cosca.

—Los arrendadores, si los alquileres son de renta antigua, en caso de transmitir los nuevos inmuebles, obligaran a los nuevos propietarios a mantener los precios estipulados en el contrato vigente con el anterior propietario, sino caerían en fraude de ley —Dice Mariano con su mejor voz de niño sabiondo, tal como si estuviera en un casting para “Ley y orden: unidad de maricones especiales”.

Durante unos segundo, Espe Macarena se queda mirándolo fijamente, por como resopla y cabecea, tengo la sensación de que está contando hasta un millón para no decirle algo gordo. Mi amigo, muy bueno, muy santo y muy to. Pero cuando se pone tiquismiquis, tiene más malaje que un muerto. ¿No se da cuenta de que es una conversación sin importancia? ¿Por qué tiene que convertirlo todo en algo serio y transcendental?

Creo que no me queda más remedio que intervenir y sacar mi lado más payaso, si no quiero que el curita haga el ridículo más de lo necesario y después se esté sintiendo culpable hasta el día del Juicio Final.

—Está  la teoría, la que nos enseñaron en la Uni, y luego existe la realidad de todos los días. Esta gente se contrata a un abogado caro, muy elegante, con muy buenas palabritas  y hacen con la ley lo que sale de las pelotas. A mi estos pijoflautas, y puedo decir que conozco unos cuantos, que van de lucha proletaria y hippies, al final les gusta más el dinero que a un tonto un lápiz. ¡Mucho “Welcome refugee”, pero mi chalet que no me lo toquen!

 No sé si mis palabras habrán conseguido su objetivo o no, pero me doy cuenta que no hubiera sido necesario que gastara tanta saliva. En aquel mismísimo instante, pasan unos cuantos maromos en dirección al sitio del cancaneo y cualquier cosa que yo pudiera estar diciendo pasa automáticamente a un segundo plano. Pues las miradas de Espe y Susana se clavan en sus traseros como si fueran dardos. A las muy calentorras, solo les falta salir jadeando como  perras salidas.

Lo cierto y verdad es que dos de ellos están para hacerle un favor y que te lo devuelvan, los otros, aunque no están en el encaste de empotrador ibérico, tampoco se le diría que no en tiempos de sequía. Con lo que entiendo que estas cuatro, que no pillan cacho desde que Madona era virgen, se pongan cachonda nada más verlos.

Por su reacción,  llego a la conclusión de que Espe es de mi misma opinión y nada más que los ve subir por el sendero de piedras que lleva a la cala del amor libre, le hace un gesto a Sorippegy y le dice:

—¿Te vienes? Lo mismo a uno de estos le van las maduritas interesantes…

—O las gorditas con sex-appeal.

—Yo me voy con ustedes con una condición—Dice Susana, retocándose el pelo con las manos, como si con ello pudiera arreglar el estropicio estético que la madre naturaleza ocasionó con ella.

—¿Qué condición? —Pregunta Soryppegy extrañada.

—Que, para que no nos espante los ligues, la hipopotama meta la barriga pa adentro.

—¡Tienes un morro que te lo pisas! ¿Cómo te atreves a llamarme hipopotama a mí?, si tú estás más gorda que yo.

Miarma en esto de las gorduras pasa como con todo, siempre ha habido clases. Tú eres hipopotama y yo soy elefanta, que pa eso soy más buena moza. Una elefanta que ha aprendido a no  respirar sin ponerse azul… Así que mete la barriga pa dentro, si quieres comerte un nabo desechao por gordo.

—¡Qué puta eres! —Protesta Sory con una sonrisa, a la vez que intenta esconder su enorme barriga en la zona lumbar.

—La mitad que tú —Le responde Susana echándole el brazo por encima, como si unos minutos antes no hubieran estado a punto de sacarse los ojos mutuamente.

Tras ella dejan a Caro y a Espe que se miran como no dando crédito a lo que están viendo.

— No sé para qué vamos a ir, si lo más seguro es que sean heteros —Protesta Caro con un pequeño hilo de voz.

—¡Mamarrundias! Estos han dejado a sus santas esposas al otro lado de la playa y se han venido a ver que pesca. Lo que yo digo: «En tiempo de guerra, todos los agujeros son trinchera».

Sin esperar una respuesta por parte de Caro, la coge por la mano y se pone a cantar.

♫♫ Una mano pide el cielo

La otra en el cajón del pan

Hay manchas de grasa

De llanto, de tinta

Estoy harto de tanto frotar

Yo que soy  tan guapa y artista

Yo  que te merezco un príncipe, un dentista, ¡yo!

Me quedo aquí a tu lado

Y el mundo me parece

Más amable

Más humano

Menos raro♫♫

No ha terminado de cantar y vemos a las cuatro trepar por la ladera como si fueran cabras, pero sin la habilidad de estas. Porque mis amigas muy artistas y tal, pero el ejercicio físico me parece que les produce urticaria. Para ellas hacer deporte consiste en pagar la cuota del gimnasio, o sea que son de las mías.

Guillermo, Mariano y yo nos miramos atónitos. El descaro con el que estas cuatros se han ido a pillar cacho nos ha dejado sin palabras.

Sin embargo, tengo la sensación para el curita es un alivio que se hayan ido, pues nada más que desaparecen por el horizonte, se acomoda debajo de la sombrilla y, sin decir ni mu, se tiende a dormir la siesta.

Mi chico por el contrario tiene ganas de pegarse un baño, me invita a ir con él, pero le digo que no porque no tengo demasiadas ganas de agua. Al igual que mi amigo, me apetece ponerme en modo off un poquito. Sentir como el sol me da en la cara y olvidar que el resto del mundo existe es algo que viene muy bien de vez en cuando y este momento me parece de lo más indicado para ello.

Aunque hago un esfuerzo en relajarme por completo, no me consigo quitar la imagen de la descansa pegándose el lote con el armario de tres puertas del Spike. Entiendo que para un individuo como Mr. Oso, acostumbrado a tratar a gente híper superficial y demás, encontrarse atraído por alguien tan “friki” como la travesti gótica, tuvo que ser todo un shock emocional. Sé que el tío es reversible como yo, pues, a pesar de la pinta de macho alfa que tiene, lo veo más de muerde almohada que de sopla nuca. Bueno en eso también tiene que ver mucho mi experiencia vivida con él. ¡Ay, Virgencita del abrigo de pana! ¡Qué tiempos aquellos en los que para follar no tenía que ponerme romántico y decir tropecientas veces « Te quiero»!

Noviembre 2010

Aunque habían pasado casi tres meses, todavía no me había recuperado anímicamente de lo sucedido en Galicia. Resultado de tensar la  cuerda de la promiscuidad hasta que se terminó rompiendo, arrasando con todo lo que cogió por delante.  Jugar con fuego, achicharrarme y Mariano como víctima colateral de mis movidas. Aun no entiendo cómo no me retiró la palabra por siempre jamás… Aunque bien está lo que bien acaba, mis ganas de ir por la vida tirándome a todo tío bueno que se me pusiera a tiro habían disminuido notablemente.

No obstante, que fuera más recatado, no quería decir que me hubiera convertido en una monja de clausura. La única precaución que tomaba era follarme a gente conocida, ya fuera por mí o por un tercero. Ante la menor rareza por parte de mis ligues ocasionales, se me ponían las antenas tiesas, me buscaba cualquier excusa y cogía las de Villadiego, todo fuera por no llevarme ninguna sorpresita a la hora de meterme en la cama con un desconocido.

Aquel viernes noche, tras un montón de vueltas sin sentido, había acabado con Irene, una chica intersexual, bastante maja, pero más rarita que las películas del Kubrick.

Lo más característico de ella era que,  por aquello de dejar claro que ella en su identidad sexual tenía rasgos de ambos sexos, se expresaba en masculino, femenino y, en la mayoría de las ocasiones, hasta en género neutro . Dado que tenía la mala costumbre de cambiar a las palabras de terminación, armaba tal galimatías a la hora de hablar, que como la gente no se enteraba de la misa la media cuando contaba algo, le terminaron poniendo el mote de Irena Nomentero.

Yo, amigo de los frikis como soy, había coincidido con ella al principio de la noche y, tras cenar en uno de los bares de la Alameda de Hércules, decidimos ir a tomar una copa al “Men to Men”.

Allí mientras intentaba discernir, y sin reírme, el verdadero significado de los trabalenguas que salían de su boca, se nos acercó un individuo que no es que estuviera bueno un ratito, estaba para llevarse diecinueve días y quinientas noches saboreándolo.  Era de los tíos que nada más verlo te pones cachondo y solo tienes sitio en tu cabeza para un pensamiento: « A este tío me lo follo».

—Jota, esto es Ramón un amigue mie.

Miré al pedazo de hombre que tenía delante de mí. No sabía qué me ponía más, si sus ojos verdes, su carita de tipo duro, una barba corta y morena o unos labios carnosos que te estaban pidiendo a gritos que los besara hasta morderlos. Fuera lo que fuera, por primera vez en mucho tiempo, tuve la imperiosa necesidad de meter a un hombre en mi cama. Nada más verlo, sentí como se me aceleraba el pulso y mi mente se puso a construir escenarios idílicos donde ambos compartíamos nuestros cuerpos de muy variadas formas.

No sabía si era buena o mala persona, si era simpático o un imbécil con muchos humos…  Lo ignoraba todo de él, aunque lo único que tenía claro era que estaba para rabiar de rico y dejé que mis impulsos más primarios controlaran mi mente, dejando en ella espacio solo para un único pensamiento: meterme dentro de sus calzoncillos.  Tuve que hacer un esfuerzo para domar mis instintos más perversos y no echarme sobre él como un perro en celo. Entre otras cosas, porque podía hacer un ridículo de lo más espantoso. Así que me limite a tenderle la mano para saludarlo.

Para mi sorpresa, el macho empotrador que tenía delante, acercó su cara a la mía y me pegó dos sonoros besos. Aunque suene más cursi que un bolero de Luis Miguel, sentir su duro cuerpo tan pegado al mío hizo que se me erizaran los pelos del cogote y el corazón se pusiera a latir compulsivamente por su cuenta y riesgo.

Los fatídicos recuerdos de Galicia oscilaban como un péndulo sobre mi lívido y, después de lo ocurrido, me había auto impuesto la obligación de considerar el sexo como una simple necesidad fisióloga, un simple desahogo.  Sin embargo, la atracción que despertaba en mí el armario de músculos y testosterona que tenía ante mí, estaba consiguiendo que bajara la guardia por primera vez en mucho tiempo y me volviera a comportar como el colegial inocente que creí haber dejado olvidado por siempre jamás.

Fue comprobar que estaba perdiendo los papeles de una forma asombrosa, para verme en el deber de sacar a pasear mi yo más irónico, sínico y frívolo.

Con total descaro, le solté una fresca de las mías.

—Hijo mío, cómo vea otro tío más de metro ochenta con barba, voy a tener que preguntar si esto es un bar gay o un congreso de leñadores…

Ramón se me quedó mirando, no sabía si reírse o mandarme a la mierda, analizó la cara de Irena e hizo lo primero. El chiste era malo, no le había hecho gracia, pero tendió por ser educado.

—No le hages casa, mi amigue es un bromiste. Anda quédate y tomate un copo con nosotres, que hace mucha tiempa que no nos vemes.

No sé hasta qué punto la conocía el Spike, pero me dio la sensación de que le pasaba como a mí, que coincidía con ella de higo a breva y, al igual que yo, se enteraba a medias de lo que decía. Nos miramos, pusimos cara de circunstancia y reprimimos una carcajada por no herir los sentimientos de nuestra común amiga.

Fuimos a la barra para pedir nuestros “copos”. Ramón se pidió un gin tonic de ginebra de fresa, Irena un vodka con limón y yo un ron cola.

—Es todo un personaje la amiga —Me dijo aprovechando que la chica intersexual estaba saludando a unos “amigues suyes”.

—La verdad es que es única e irrepetible.

—¿Tú te enteras de todo lo que dice?

—No, pero pongo cara de interesarme mucho todo lo que me cuenta y quedo como un señor.

—¡Qué cabrón! —Dijo sonriéndome y pegándome un sonoro golpe en el hombro, que me dejó claro que su físico no era solo fachada, sino que también tenía un buen directo.

No sé si el atractivo osito se había olido que me sentía atraído por él, el caso es que el tío se puso a flirtear conmigo de un modo que sin ser descarado, era una provocación en toda regla. Desentrenado como estaba en que tíos, y tan perfectos como él, me metieran cuello, opté por no ponérselo fácil, sobre todo porque no me sonaba a que buscara rollo conmigo, sino que simplemente buscaba alimentar su ego. Uno que tiene mucho mundo corrido y sabe que en el mundo no hay cosa que se la ponga más un dura a un tío bueno, que le recuerden lo guapo, lo simpatico y lo listo que es.

Como no estaba por ponerle las espaldas anchas, ni los huevos gordos a nadie, intente mantener la cabeza fría, pero mi polla se había independizado e iba por su cuenta y riesgo. Cuanto más tiempo pasaba con él, más cachondo me ponía, porque además de estar como un queso de bueno, resultaba simpático, buen conversador y mucho menos imbécil que la mayoría  de la fauna que pulula por el ambiente gay.

Tuve que agradecer que Irena no se apartara de nuestro lado, pues me fue mucho más fácil meterme en el papel de frívolo y superficial que tan bien se me da. Unos cuantos chistes manidos más tarde, el musculitos de labios carnosos dejó de coquetear conmigo y se metió de lleno en una conversación intrascendental, cuyo único provecho fue echar unas buenas risas.

A mi amiga, la intersexual, le dio por salir a fumarse un pitillo, como no quería quedarme solo con el maromo de ojos verdes y sucumbir a la tentación, pues ya bastante esfuerzo estaba para no tirarle los tejos, dije de acompañarla y así aprovechar para tomar un poco el aire de la noche.

No había acabado Irena de echar humo, cuando vimos salir a Ramón del “Men to men”, quien se acercó para despedirse.

—¿Por qué no te quedas un rate más  con nosotres?

—No, cariño. Prefiero irme. Llevo toda la semana sin mojar y como no eche un polvo hoy me van a doler los huevos una semana.

Escuchar semejante brutalidad salir de la boca de un niño pija, me pareció de lo más incongruente. Mi amiga, que lo había tratado mucho más, no puso cara rara, por lo que consideré que quien no lo conocía lo suficiente era yo. Era obvio que bajo su refinamiento al vestir, su peinado fashion y su perfume última tendencia, se encontraba un neandertal todavía por pulir.

—¿Te vas a Ítaca? —Pregunté yo, seguro de que la respuesta sería afirmativa.

—No, paso de follar en un cuarto oscuro, me voy a la sauna de Nervión. No hay nada más sano que ducharse después de echar un polvo.

—Pues que usted lo disfrute —Le respondí, regalándole la mejor de mis sonrisas picaronas.

Tras darnos sendos besos a mí y a Irena, se marchó.

Durante unos momentos estuve sopesando el irme con él, pero me daba no sé qué deja a mi amiga allí sola. No sé qué cara tuve que poner, pues ella, en un alarde de esa sinceridad que la caracterizaba, me dijo:

—¡Vete con él!  No te preocupes por mí, estoy acostumbrade a quedarme sole.

La miré estupefacto, no sabía cómo actuar ante tal muestra de franqueza, puse cara de “¿Verdad que no te importa?” y antes de que pudiera decir esta boca es mía, me apremió a que me fuera diciendo:

—Muy pocos  veces es tan descarade, si ha dicho lo de ir al sauno es porque le gustas, y lo  dijeras de irte con lo… ¡Anda, corre, que se te va!

Le di dos sonoros besos y cogí la calle Amor de Dios en dirección a la parada de Taxis cercana. Mientras aceleraba el paso, me di cuenta lo que estaba haciendo. Estaba volviendo a caer en la tentación del sexo sin pensar en las consecuencias y aquello me rizaba un poco los pelos del cogote (y no era por el frio).

Todavía mi ceguera ante la maldad que alguna gente encerraba, pesaba como la losa de una tumba en mis recuerdos recientes y, como estaba dejando claro con mi comportamiento, no aprendía en absoluto de mis errores. Estaba siendo tan inocente como con los dos de Cañete, tan confiado como en la partida de billar, como con los dos holandeses en la sauna o como con el “colecciona morbo” en Galicia. Sin embargo, no podía vivir siempre con miedo, debía sacar el valiente que llevaba dentro y dejarme de cobardías. Era la sauna de Sevilla, era un conocido de Irena, nada podía ir mal. Debía dejar mis desconfianzas y mis dudas encerradas de una vez, porque al final no se le pueden poner puertas al campo y las cabras como yo, siempre tiramos pa el monte.

Por mucho que aligeré, no conseguí llegar a tiempo y me tuve que conformar viendo cómo, sin percatarse de la persecución a la que lo había sometido, Ramón se marchaba en un taxi.  Estuve tentado de pegarle un grito y decirle que se parara, pero me pareció inútil, por lo que preferí subirme a otro.

Estuve tentado de decirle al conductor la peliculera frase de “¡Siga a ese coche!”, pero todavía no asimilaba el loco desenfreno en el que me estaba metiendo de lleno, que me limité a decirle con una voz, entre amable y autoritaria, que me llevara, por favor,  a la calle Céfiro. El tío, un cuarentón metidito en carnes, varonil y bastante atractivo, me miró por el rabillo del ojo, como perdonándome la vida y se sonrió por debajo del labio.

Estuve tentado de soltarle una fresca por lo condescendiente de su gesto, pero estuvo mejor no hacerlo, pues no podía estar más equivocado. Estaba claro que no lo había interpretado bien, eso o que mi radar para personas bordes tenía que pasar la ITV.  Aquel hombre empezó a darme conversación para que se hiciera el trayecto más agradable. Una charla que, mire usted por donde, desembocó en mis preferencias sexuales.

—Yo la verdad es que a los gays os respeto mucho. Hay que tener muchos guevos para decirle al mundo que te gusta un hombre. Porque la gente mucho rollo de aceptación y tal pero, te lo digo yo que vivo la calle, todavía queda mucho rancio de misa diaria suelta que creen que sois unos pervertidos y, a muchos de ellos, lo que les cuesta admitir es que les “pica el culo”.

—¿Y tú que piensas?

Guardó silencio durante unos breves segundos, se tocó sutilmente el paquete, como si le picara y, tras carraspear levemente, me dijo:

—Que sois personas normales y corrientes. A mí no me gusta la carne, prefiero el pescado, pero quien quiera comerlo que lo coma. ¿O vamos a tener que comer todo lo mismo?

Mientras escuchaba aquel pequeño tratado de filosofía urbana que me estaba soltando el taxista. Deslicé mi mirada hacia su entrepierna, no sé qué carajo se estaba imaginando que podía pasar allí, pero el tío, al hilo de la confusión, se estaba empalmando (O llevaba una pistola en el bolsillo).

Como no tenía yo los cojones para florituras extrañas, me limité a asentir a su pequeño discurso y no le di más conversación, para no darle píe y hacerle creer lo que no era.

En otros tiempos, hubiera lanzado la caña para ver si picaba y, si se hubiera terciado, le habría comido la polla en un descampado solitario. No iba ser la primera que un taxista de la noche sevillana, terminaba sustituyendo un buen coño por mi boca.

No obstante, me seguía dando mucho pavor entablar una relación sexual con un desconocido. Me había vuelto tan desconfiado que, tras sus aparentes palabras de comprensión, me imaginé una especie de trampa. Aunque el tío parecía legal, había sacado mis terrores a pasear y, pese a que estaba siendo cauteloso en extremo, me entro un poco de pánico.  Fue todo un alivio llegar a la esquina de la calle Céfiro. Pagué la carrera y nos despedimos cordialmente.  ¡

El trayecto hacia la sauna se me hizo extraño. Desde Santiago de Compostela, no había vuelto a pisar una. Ni había tenido la necesidad, ni se había terciado. Sentí unos pequeños cosquilleos en la barriga, si hubiera estado de humor habría bromeado cantando el “Like virgin” de Santa Madona.

Fue pagar la entrada y el nerviosismo dejó de acompañarme. Entré en la zona de las cabinas y estaba vacía. Ramón se debería haber cambiado ya y estaría duchándose. Me desvestí rápido, ansioso por encontrarme con él y descubrir si todo su flirteo era real, o un simple alimento para su ego.

Me aseé, me sequé y no lo vi. El local estaba más vacío de lo normal, en los pasillos hacia el yacusi, solo me encontré dos o tres personas. Como no quería parecer penosamente desesperado, me metí en la piscina de burbujas y me dije que ya lo vería, que la noche era joven.

No habían pasado ni cinco minutos cuando el Spike apareció. Creo que no me llegó a ver y si lo hizo, disimuló muy bien. Observé cómo se metía en la sauna de vapor, decidí que era el momento de dejar de perder el tiempo y me lancé por él como un toro bravo.

En el interior del pequeño y caliente habitáculo únicamente estaba él, sentado sobre el poyete superior. Tenía la toalla liada a la cintura, las piernas abiertas en forma de uve, de manera que dejaba ver sutilmente su rabo. Me vio entrar, se sonrió intentando ocultar su satisfacción y me saludo de manera leve con la mano.

Estuve tentado de decirle una parida de las mías, pero no hizo falta porque se desanudo la toalla y me mostro su polla que, curiosamente, empezaba a despertar de su letargo ante mi presencia.

A pesar de los vapores, pude discernir que el miembro viril del osito era bastante hermoso. Comportándome igual de descarado que él, me acerqué para poder contemplarlo

El nabo del osito, tal como suponía y pese a que estaba en un estado de semi erección, superaba la media en grosor y tamaño. Con lo que me había tocado la lotería, aquel tipo no estaba solo para rabiar de bueno, sino que también tenía una señora polla que era para hacerle la ola.

Me tuve que quedar un poco ensimismado mirando la maravilla que tenía entre medio de las piernas, porque Ramón, haciendo alarde de esa chulería tan simpática suya, me dijo:

—Si quieres puedes tocar, yo no me enfado. Lo mismo hasta me gusta y todo.

Sonreí y alargué la mano hasta el tentador cipote. Lo apreté suavemente entre mis dedos y noté como se endurecía ante mi contacto. Busqué la mirada del Spike y la nobleza de sus ojos verdes me hicieron creer que todavía había gente buena en el mundo.

Si en un primer momento había pensado que aquella polla era grande, cuando alcanzó su estado de plena erección llegué a la conclusión de que simplemente era espectacular. ¡Una barbaridad!

A lo largo de mi vida, en mi extenso periplo por las entrepiernas masculinas, he llegado a contemplar verdaderas barbaridades de la naturaleza. Sin embargo, aquella verga no solo era de generosa proporciones, también era hermosa y tenía una erección de lo más curiosa. Aunque lo que más llamaba la atención de ella, era ese prepucio cubierto casi al completo que lo convertía en un deseado manjar.

Clavé mis ojos en los de Ramón y, manteniéndole el pulso con la mirada, me agaché ante su entrepierna. Una vez tuve aquel trozo de carne ante mis labios, eche la piel para atrás del capullo y lo lamí golosamente. Dado que ya se habían dado demasiadas mojigaterías por mi parte, decidí mostrarle al osito lo buen amante y lo vicioso que era capaz de llegar a ser. Tras saborear la cabeza, le hice el mejor garganta profunda que había hecho en mucho tiempo.

Abrí la boca todo lo que pude, con cuidado de no arañarlo con los dientes, fui introduciendo aquel caliente proyectil en mi cavidad bucal y no paré hasta que mis labios tocaron su vello púbico.

Unos jadeos por parte del Spike me dejaron claro que estaba siendo prueba superada y seguí tragándome el grueso nabo como si no hubiera hecho otra cosa en la vida.

Unos minutos más tarde, los conductos de vapor empezaron a funcionar a tope y el calor se hizo insoportable en el pequeño habitáculo por lo que decidimos salir.

Mientras nos duchábamos, Ramón me volvió a mostrar su cipote de manera provocativa y me dijo:

—¿Por qué no sigues? A mí me estaba gustando mucho.

—¿Y si viene alguien?

—Que se muera de envidia.

Sin pensármelo mucho, me metí bajo su chorro de ducha. Tras pasear mis labios por su peludo pecho, succionarle un poco las tetillas y regar de besos su duro abdomen, me agaché ante él para seguir mamándole la polla.

Arrodillado me era más fácil devorarla al completo. La cogí por los huevos y la empujé hasta que tropezó con mi campanilla. Ramón atrapó mi cabeza entre sus manos y la retuvo unos segundos. Aquel gesto que rozaba levemente el sadismo, removió las pesadillas de mi interior por un segundo. El segundo que tardé en concentrarme en contener la respiración y saborear al máximo el troncho del musculitos.

El agua caía torrencialmente sobre el pecho de Ramón, resbalando por su abdomen hasta mi cara. El caliente y cristalino líquido se mezclaba con mis babas, llenando mis papilas gustativas con un sabor entre limpio y amargo.

El osito se apoyó sobre la pared de la ducha, con la intensión de facilitarme el acceso a su erecto miembro, sacó un poco las caderas para afuera y comenzó a bombear mi boca con la misma intensidad que si me estuviera follando.

Estaba tan excitado que, inevitablemente, llevé mi mano a mi polla que cimbreaba pidiendo que le prestara la debida atención. Sin dejar de tragarme el enorme miembro de mi ocasional amante, comencé a masturbarme.

Cuando más emocionado estábamos, apareció un tipo. Como nos importaba un pimiento que nos viera, ni nos detuvimos. El osito seguía perforando mi mandibula con su cipote y yo seguí masturbándome.

Aunque solo lo vi por el rabillo del ojo y no aparentaba más de treinta años. No debía ser nada del otro jueves, cuando Ramón no lo invitó a unirse a nuestra fiesta. Aun así, el tipo se sacó la polla y comenzó a masturbarse a un metro escaso de las duchas.

Ser la inspiración de una paja de un desconocido nos puso a mil por mil, sus caderas aumentaron el ritmo y durante unos segundos me molestó un poco la quijada.

Estrepitosamente, sacó su nabo de entre mis labios y, sin dejar de masajearlo, el Spike comenzó a gemir compulsivamente, al tiempo que soltaba unos cuantos trallazos de esperma sobre mi rostro.

Con el caliente liquido resbalando por los ojos, la nariz y las mejillas, aceleré la velocidad de mi mano y terminé derramándome sobre los azulejos del suelo.

Durante unos segundos el mundo dejó de existir y, por primera vez en mucho tiempo, había disfrutado plenamente del sexo.

DldlcC0XcAEunir

3 comentarios sobre “Un oso con un buen madroño (Borrador)

  1. Hola,
    Por qué has dejado de publicar en todorelatos? Me ponen tan cachondo tus historias. Puedo encontrarlas todas aquí? Me encantan las del internado y las de los camioneros.

    Un saludo calentito

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    1. Hola:
      Los motivos de dejar de publicar en Todorelatos han sido varios, pero quizás el más importante es la censura reinante en la página. Relatos como “Enjaulado”o “Me e foyado ha mi ermana” han sido borrados ( o no publicados), los motivos los desconozco pues el dueño de la web da la callada por respuesta.
      En cuanto a lo que preguntas, poco a poco se irán publicando. Iré intercalando las viejas producciones con las nuevas. Tampoco puedo saturar a los nuevos lectores que son bastantes. Pero ten seguro que todo eso que pide y más verá la luz en “El vicio de escribir”.
      Un saludo.

      Me gusta

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