¿Cómo pudiste hacerme esto a mí?

Ana, ¿desde cuándo nos conocemos?  ¿Desde la infancia? Desde donde alcanza mi memoria, has estado ahí. Estábamos tan unidas que siempre te he considerado mi mejor amiga, alguien en quien poder confiar plenamente. Sin embargo, he descubierto por las malas que nunca me viste como a una igual, simplemente como a una fracasada que hacía brillar tu mediocridad.

Si la cosa se hubiera quedado en un juego de roles, lo habría sobrellevado y te lo habría perdonado. Pero no, tú tenías que acaparar toda mi vida. Cualquier cosa buena que conseguía, tú te encargabas de frustrarla. Como si mis pequeños triunfos ensombrecieran tu autoestima.

No sé cómo nunca llegué a darme cuenta de tus putos manejos, nada de lo que decías hacer por mi bien, era cierto.  Solo buscabas tu propio beneficio, un beneficio que pasaba por joder cada minuto de mi existencia. ¿Cómo pude estar tan ciega y no ver a la bruja que tenía por amiga?

Conocer a Alex fue lo mejor que me había pasado en muchísimo tiempo y, por primera vez, conté con tu aprobación para iniciar una relación formal. Todos mis anteriores ligues te habían parecido insuficientes para mí, o eso al menos fue lo que me contaste. Ahora en perspectiva no sé qué pensar. Tener a una sociópata como amiga, no es algo fácil de asimilar.

No obstante, nada bueno dura eternamente y nada más volvimos de la Romería del Rocío, el hombre a quien le había entregado mi virginidad me dejó, sin ningún motivo aparente. Todavía resuena en mi cabeza aquel falso «No eres tú, soy yo».

Desolada, ciega ante cualquier posible futuro. Decidí cortarme las venas. Un intento de suicidio que no acabó con mi vida, pero que me mandó a la sala de cuidados intensivos de un hospital.   Mis padres, quienes se encontraban de vacaciones en la playa, regresaron para acompañarme y cuidarme, pero nunca llegaron a verme, pues el destino quiso que en el camino de regreso, cogieran una curva a más velocidad de la adecuada y perecieran en un aparatoso accidente de tráfico.

Si la ruptura amorosa me había hecho cometer la locura de querer acabar con mi vida, saber que jamás volvería a ver a mis padres, me terminó sumiendo en una profunda depresión.68747470733a2f2f7062732e7477696d672e636f6d2f6d656469612f434b345261444f57774141796c59772e6a7067.jpg

Aunque la familia de mis padres se hizo cargo de mis costosos cuidados en todo momento, siempre los había considerado unos desconocidos a los que veía de tarde en tarde y con los que poco o nada tenía en común. Aunque agradecí sus atenciones y el modo en que se desvivían por mí, he de admitir que fui incapaz de que el cariño y la confianza fluyera entre ellos y yo.

Si salí de aquel insondable bache, fue gracias a ti y a Alex, quienes se desvivíais por mí, viniendo cada día a verme e intentando animarme.   Fue doloroso ver de nuevo a la persona que tanto había querido, pero estaba tan destrozada por dentro que una punzada más de sufrimiento no hizo mella alguna en mi talante. Fue como el milésimo latigazo en la espalda de un esclavo.

Estuve seis meses sin pisar la calle, seis meses en los que mi ex y tú se habíais convertido en mi única ventana al mundo. De ti esperaba esa prueba de amistad, de él, que me había dejado sin ningún motivo aparente, no. Puede que en un principio, sus problemas de consciencia fuera lo que le obligara a dedicarme su tiempo, sin embargo, a pesar de que mi estado anímico no era el mejor para la perspicacia, fui capaz de intuir que entre vosotros dos había surgido algo.

Esperaste que mi terapeuta me diera el alta médica, para pedirme permiso para salir con él. No fue ninguna de sorpresa y mis sentimientos amorosos por Alex habían pasado a ser algo pretérito, así que te di mi bendición.

Con el tiempo, aparentemente ya recuperada de mi enfermedad, nuestras vidas se fueron distanciando. Aunque nos seguíamos viendo de vez en cuando, yo nunca encontré alguien con el que quisiera compartir mi vida y, mientras tú mantenías una relación estable, yo me sumía en una vida promiscua y solitaria. Usaba a los hombres como Kleenex (o ellos me usaban a mí), relaciones con fecha de caducidad que, en la mayoría de los casos, ni siquiera se quedaban a desayunar. A veces era yo la que le pedía que se vistieran deprisa, otras veces eran ellos los que se marchaban, en ambos casos, siempre se terminaban olvidando de mí.

Sin embargo, si algo tiene las patas muy cortas son las mentiras y la verdad siempre las atrapa.

Con motivo de tu despedida de soltera, fuimos unos días a la playa en compañía de tu hermana y tu cuñada. Aunque te fuiste a vivir con Alex al poco de darme de alta en el hospital, tras diez años de convivencia, habíais decidido pasar por el altar. En parte por legalizar vuestra situación, en parte porque estabas loca por lucir un lujoso traje de novia.juegos-despedida-soltera.jpg

Sentada delante de la segunda botella de tequila, con los chupitos fluyendo de manera graciosa, las confidencias comenzaron a querer formar parte de la reunión.

—¿Tú fuiste novia de mi hermano?

—Sí, peero eso fuee antes de que Alex y yoo empezáramos a salir —Aunque el alcohol estaba haciendo una opa hostil a tu cerebro, no te impidió ser intérprete de mis pensamientos.

—¿Es tan bueno en la cama como dice mi hermana?

Me quedé pensativa durante unos segundos, ni diez tequilas ni veinte, le daban a aquella gente permiso para inmiscuirse en mi vida íntima. Sin embargo, no todos los días está una en la despedida de soltera de su mejor amiga, no las mandé a la mierda por cotillas y respondí a su pregunta con mi cara más simpática.

—No os lo puedo decir, estuvimos saliendo cuatro meses,   y solo ocurrió una vez.

—¡Pues seguro que la puta de mi hermana  no perdió tanto el tiempo y se lo hizo  con él desde el primer momento!

—¡Puess ssí, nuestra primera vez fuee en la feria de Sssevilla en el baño de una casseta! Me acueerdo peerfectamente.

Estabas tan borracha que ni te diste cuenta de lo descuidada que estaba siendo y de la tremenda pata que acababas de meter. A mí que te conocía, que sabía que en febrero vivías ya con él, no me cuadraba que la primera vez que follaras con él, fuera en abril. Lo único que me cuadraba es que Alex me hubiera sido infiel y tú me hubieras traicionado. La misma persona que me aconsejaba que me hiciera la estrecha con él, pues a los tíos les gustaban que se lo pusieran difícil, aprovechó la primera oportunidad que se le presentó para poder tirárselo a mis espaldas.

Por eso me abandonó tan repentinamente, seguramente porque tú le pusiste un ultimátum «o tú o yo» y te escogió a ti.

Aquella noche no conseguí dormir, estuve dando vueltas y vueltas en la cama, analizando nuestra relación, buscando un porque a tu proceder conmigo. El único motivo que vi para que me apoyaras durante mi depresión fue que te sentías asquerosamente culpable. Si hubieras sabido tener las piernas cerradas, ni Alex me habría dejado, ni yo habría intentado suicidarme y ni mis padres habían perdido la vida en la carretera.

Lo tenía claro, eras la culpable  máxima de todas las cosas malas que me habías pasado desde entonces y me habías engañado haciéndote pasar por mi  mejor amiga.

Los últimos días en la playa me volví igual de sociópata que tú y fingí divertirme, fingí alegrarme por ti, fingí que no te odiaba…

Esta mañana te has sorprendido cuando he dicho que quería conducir de vuelta a Sevilla. No obstante, como eres tan vaga, no te ha importado y  me has dado las llaves de tu coche con total confianza.

Te importa tan poco lo que puedan sentir los demás, que ni te has dado cuenta que he cogido por la autovía en la que mis padres tuvieron el accidente.

Ni te imaginas que cuando lleguemos a la fatídica curva donde la vida de ellos llegó a su fin, yo en vez de pisar el freno, apretaré el acelerador.

He llegado a odiarte tanto en estos días, que no me importara morir con tal de convertir en un desgraciado a Alex. Lo siento por tu cuñada y tu hermana, las pobres no tienen culpa de nada. Daños colaterales dicen que se llaman.

Te miro en el instante en que el coche se precipita al vacío del despeñadero. Un indescriptible terror se pinta en tu mirada. Me gustaría decirte que soy yo quien, por una vez, maneja los hilos en nuestra relación, pero nuestro tiempo en este valle de lágrimas se acaba.

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